Un equipo internacional de investigadores ha presentado una evidencia genética inesperada en la evolución humana: los niños neandertales crecían más rápido en sus primeros años que el Homo sapiens moderno. Así lo indica el análisis anatómico de ‘Amud 7’, un bebé neandertal cuyos restos fueron hallados en una cueva de Israel y estudiados por especialistas de instituciones del Ono Academic College.
Más concretamente, los fósiles de Amud 7 fueron encontrados en 1992 en una cueva cerca del mar de Galilea, a unos cuatro kilómetros del margen occidental. Según la investigación publicada en la revista Current Biology y consultada por National Geographic, se trata de uno de los esqueletos infantiles neandertales mejor preservados, una rareza en el registro fósil por la fragilidad de los huesos y los efectos de la descomposición. La preservación anatómica permitió a los científicos efectuar un análisis minucioso del crecimiento y el desarrollo de este individuo prehistórico, tal y como ha descrito el equipo liderado por Ella Been, investigadora principal del proyecto.
El análisis se centró en dos vías paralelas para estimar la edad de Amud 7. Por un lado, la edad dental, determinada a partir del estado de erupción y la estructura interna del diente observada bajo microscopio, arrojó una edad aproximada de seis meses. No obstante, la evaluación de la longitud ósea y el volumen cerebral sugirió un desarrollo físico similar al de un Homo sapiens de entre 12 y 14 meses. Esta discrepancia desafía todas las concepciones prestablecidas sobre el ritmo de desarrollo de los neandertales.
¿Qué diferencias hay entre un bebé neandertal y uno moderno?
La diferencia entre la edad dental y la esquelética no es un simple tecnicismo. Si la infancia neandertal fue efectivamente más breve y acelerada, esto habría modificado sus necesidades energéticas, las estrategias de supervivencia y los modos de cuidado en sus comunidades. Por lo que con este hallazgo se sugiere que los neandertales experimentaban tres etapas de crecimiento: una primera sincronía entre dientes y cuerpo al nacer, un periodo de aceleración corporal en la infancia temprana y, más adelante, una nueva sincronía con el desarrollo dental, mientras el cerebro mantenía su ritmo de crecimiento.
Para descartar que el caso de Amud 7 fuera una anomalía individual, el equipo contrastó sus datos con los de otros dos niños neandertales: Dederiyeh 1, hallado en Siria, y un infante del yacimiento francés Roc de Marsal. En ambos casos, los científicos detectaron un patrón similar de aceleración corporal en edades tempranas, lo que refuerza la hipótesis de que el ciclo vital neandertal incluía un crecimiento más rápido en la primera infancia. Algo que también tuvo una clara diferencia respecto al desarrollo del Homo sapiens.
Pero ¿por qué pasaba esto? La hipótesis principal apunta a una adaptación ambiental. En palabras del equipo liderado por Ella Been, un crecimiento acelerado en los primeros meses podría haber ofrecido ventajas en climas fríos, ya que los cuerpos más pequeños pierden calor con mayor rapidez. Al crecer más deprisa, los bebés neandertales habrían reducido la vulnerabilidad térmica en entornos variables y exigentes. Este modelo implica mayores demandas metabólicas y energéticas en la infancia, así como una mayor dependencia de los recursos y el apoyo grupal.
No obstante, la diferencia física no implica, necesariamente, un desarrollo conductual o cognitivo diferenciado. Los autores del estudio aclaran que el tamaño corporal no permite deducir si los bebés neandertales caminaban antes o si maduraban mentalmente de otra manera. Tampoco se han evidenciado diferencias significativas más allá de los primeros años de vida: alrededor de los 7 años, el patrón de crecimiento de neandertales y humanos modernos volvería a asemejarse.