Un estudio demuestra que las mujeres estuvieron 10.000 años comiendo menos carne que los hombres

Prohibiciones alimentarias, creencias cosmológicas, errores en la percepción de las necesidades proteicas o normas sociales son algunos de los factores que han decantado el consumo de carne hacia los hombres

El consumo de carne por parte de los varones ha estado vinculado a símbolo de poder. / Freepick

Durante los últimos 10.000 años, las mujeres en Europa han tenido un acceso significativamente menor a las proteínas animales en comparación con los hombres, según un exhaustivo estudio internacional. Estos resultados, obtenidos a partir del análisis de más de 12.000 esqueletos en 673 yacimientos de más de 40 países, han sido publicados por un equipo de arqueólogos en la revista PNAS Nexus, tal como ha informado el medio digital francés Actu France.

El estudio revela que, tras investigar restos humanos que abarcan desde el Paleolítico hasta el siglo XVIII, los varones han estado sistemáticamente sobrerrepresentados entre quienes tenían mayor acceso a carne, mientras que las mujeres predominaban entre los grupos menos favorecidos nutricionalmente. Esta desigualdad se evidencia por el uso de isótopos estables en el colágeno de los huesos, que permiten determinar la naturaleza y cantidad de proteínas consumidas.

El consumo de carne suele asociarse a ideas de poder y control

Según los autores del estudio, el consumo de carne ha estado “históricamente y etnográficamente documentado como más frecuente en los hombres que en las mujeres”, y la carne suele asociarse a ideas de poder y control, así como a un estatus social superior, bien fuera real o atribuido en periodos prehistóricos.

Read more!

Aunque las sociedades neolíticas, aquellas que introdujeron la agricultura y la domesticación animal, parecen haber disfrutado de una relativa igualdad, esta homogeneidad desapareció en la Edad del Bronce, época en la que la complejidad social y política incrementó las diferencias de riqueza y acceso a los alimentos.

Esta tendencia varía en función del contexto histórico: por ejemplo, tras la caída del Imperio romano, la reorganización política redujo desigualdades, ha señalado Rozenn Colleter, primera autora de la investigación. En cambio, los entornos urbanos medievales, como los hallados en la actual valle del Po en Italia, mostraban mayores disparidades dentro de una misma época. De manera constante, los hombres eran mayoría absoluta en el estrato con más acceso a proteínas animales, mientras que las mujeres se concentraban entre quienes recibían menos.

Qué se sabe sobre las diferencias en el consumo de carne entre hombres y mujeres

El análisis de los investigadores descarta las causas biológicas, ya que estas diferencias manifiestan notables variaciones según los periodos y las culturas. Las desigualdades fueron particularmente marcadas durante el Neolítico y la Edad Media, pero resultaron mucho menos relevantes durante la Antigüedad.

Los autores concluyen que, aunque ya existían hipótesis sobre este fenómeno, su trabajo proporciona por primera vez pruebas cuantitativas a gran escala. Según recogen en la revista PNAS Nexus y como ha remarcado el medio Actu France, la raíz de estas desigualdades puede encontrarse en prácticas culturales diversas —prohibiciones alimentarias, creencias cosmológicas, errores en la percepción de las necesidades proteicas o normas sociales— que han priorizado tradicionalmente el consumo masculino y la privación femenina.

Elisabeth G. Iborra, sumiller de carne, nos guía en una cata de una chuleta de simmental. Descubre los pasos esenciales, desde el análisis del olor y el sabor hasta la evaluación de la jugosidad y la terneza, para apreciar al máximo cada bocado.

La metodología seguida introduce una innovación relevante para la arqueología. Colleter, según recoge el medio francés, explica que se han empleado isótopos estables presentes en el colágeno para identificar el tipo de proteínas ingeridas por cada individuo a lo largo de su vida: “Los isótopos de nitrógeno registran el aporte de proteínas animales, ya sean terrestres o marinas, y los isótopos de carbono muestran el consumo de ciertos tipos de plantas”, detalla la investigadora. Así, combinando ambos indicadores, se distingue si la dieta era predominantemente carnívora, omnívora o vegetariana.

Read more!