El Tribunal de lo Penal de Créteil, en Francia, ha dictado la pena máxima, una sentencia de reclusión criminal perpetua, para Youness E., hallado culpable de asesinar a sus tres hijas en la localidad de Alfortville.
El caso se resolvió tras tres días de audiencias marcadas por el dolor y la tensión. El debate central no giró en torno a la autoría ni al método, sobre los que no había dudas, sino que se enfocó en las razones que llevaron al padre a asesinar a sus hijas, de entre cuatro y 11 años, en noviembre de 2023. Los hechos ocurrieron en el domicilio familiar, cuando el padre apuñaló y asfixió a sus tres hijas.
El tribunal escuchó dos explicaciones contrapuestas sobre el móvil del crimen. La fiscal y la madre de las víctimas sostuvieron la hipótesis de la violencia vicaria, apuntando a un acto de venganza contra la madre por la separación inminente de la pareja. “Atacó a mis hijas para atacarme a mí. Sabía perfectamente que mis hijas eran mi punto débil”, testificó la madre, en declaraciones recogidas por el medio local ActuParis. La abogada de la mujer reforzó ese argumento: “Lo único que puede herirla es hacer daño a sus hijos. Hacerle daño a ella. Matarla por dentro”, afirmó ante el jurado.
Desde la defensa, el abogado de Youness E. ofreció un punto de vista distinto. Basándose en los informes psiquiátricos, describió el ataque como un “suicidio altruista”. El defensor explicó: “Es una actitud personal, egótica, suicida, proyectada sobre sus propios hijos, marcada por un síndrome ansioso-depresivo”.
“Se trata de alguien depresivo, suicida”
La defensa reconstruyó la biografía del acusado para buscar en su historia personal las claves del acto. “Estaba siempre estresado, se excedía en la educación de los hijos. La comida, la ropa... Todo eso era central, incluso obsesivo para él”, relató el abogado. El punto de quiebre, según su versión, fue su encarcelamiento preventivo en 2021 tras una denuncia por violencia conyugal. “A partir de ese momento, todo cambia. No se trata de una persona frágil, sino de alguien depresivo, suicida”.
Al salir de su encarcelamiento, todo empeora rápidamente. El acusado piensa que su esposa se va a volver a casar. No es así. El día de los hechos, intercambia mensajes con la madre, proponiéndole una vez más reconciliarse. Ella no responde al principio, y cuando lo hace, es desde un número de teléfono que él no conoce. Fue entonces cuando perdió el control: “Cuando les quita la vida a sus hijas, no es un castigo, es un desbordamiento, una voluntad de acabar porque es demasiado duro”, argumentó el penalista.
Antes de escuchar la sentencia, Youness E. se dirigió al tribunal y a los presentes: “Pido perdón a todos. Voy a vivir con mi culpabilidad toda mi vida”. La frase quedó resonando en la sala, justo antes de que los jurados lo sentenciaran a la reclusión perpetua. La sentencia establece un periodo de seguridad de 22 años, tras el cual el acusado podrá pedir la libertad condicional Para entonces, como dijo su abogado, “será un anciano”.