El mundo entero está con un ojo puesto en los vaivenes del precio del petróleo. Una cifra que, pese a la compleja infraestructura de la industria energética actual, se sigue calculando en una unidad que ya no se utiliza dentro de la industria: el barril. En cada titular económico, el valor del Brent o el WTI se evalúa en dólares por barril, como si los toneles de madera aún rodaran desde los pozos hasta los puertos petroleros.
Lo curioso es que, aunque la industria no utiliza barriles físicos desde hace casi un siglo, esta medida se mantiene como referencia universal en los mercados internacionales. Así, un barril de petróleo equivale a 159 litros, y es una herencia directa del siglo XIX, cuando la producción y el comercio de crudo apenas habían empezado. Y la razón de que sigamos utilizando esta unidad de medida va más allá de la tradición; más bien responde a necesidades prácticas y de estandarización en el comercio global.
El petróleo no siempre tiene la misma densidad
Pese a la desaparición del recipiente original, el barril continúa siendo la unidad central de medida, en parte, por la inercia de un sistema globalizado y por la necesidad de mantener la comparabilidad entre contratos, estadísticas y precios.
Una de las claves para entender por qué el barril no ha sido sustituido por otras unidades más contemporáneas, como la tonelada o el litro, radica en la naturaleza misma del petróleo. A diferencia del agua, el crudo no tiene una densidad fija: los tipos de petróleo varían mucho en fluidez y peso. Un petróleo “ligero”, como los de ciertas zonas de Estados Unidos, es menos denso y más fácil de refinar; mientras que el petróleo “pesado”, más abundante en Venezuela o en Oriente Medio, es más denso y espeso.
Por esto, una tonelada de petróleo no siempre corresponde al mismo volumen, ya que depende del tipo de crudo. Esto complica la elaboración de contratos, la comparación de precios y la elaboración de estadísticas internacionales. El barril, como medida de volumen constante, evita estas complicaciones y permite una base común para el comercio.
Del caos al estándar de 159 litros
Pero, para entender de dónde viene la medida del barril, hay que remontarse al comienzo de la explotación petrolera moderna. El primer pozo de petróleo en funcionamiento se ubicó en 1859 en Pensilvania, Estados Unidos, en una época en la que no existía una medida común para almacenar ni transportar el crudo. Por eso, el petróleo se recogía en toneles de madera, a menudo reciclados de la industria del whisky o el vino, que variaban mucho en capacidad.
La ausencia de un estándar dificultaba la compraventa y generaba desconfianza entre productores y compradores. Fue en 1866 cuando un grupo de pequeños productores de Pensilvania acordó adoptar el barril de 42 galones (unos 159 litros) como unidad de referencia. Este formato, conocido como “tierce”, ya se empleaba en otros líquidos y ofrecía un equilibrio entre capacidad y facilidad de manejo.
Y en 1872, la industria petrolera estadounidense formalizó este acuerdo. El objetivo era crear una base común para las transacciones y facilitar el auge de un mercado en expansión. Según la American Oil & Gas Historical Society, esta decisión fue clave para generar confianza y previsibilidad en un entorno hasta entonces caótico.
Cuándo se dejó de usar el barril físico
A finales del siglo XIX, la demanda de petróleo aumentó considerablemente. El desarrollo industrial, impulsado por las empresas, llevó al límite la capacidad de los barriles tradicionales, y se quedaron obsoletos. A medida que aumentaban los volúmenes y las distancias, los barriles resultaban poco prácticos y muy caros. Y fue ahí, en 1878, cuando aparecieron los primeros barcos de petróleo a granel, marcando el inicio de una nueva era logística.
Para 1930, los barriles habían desaparecido casi por completo, ya que los oleoductos y los buques cisterna permitieron un flujo continuo y mucho más eficiente del crudo. A día de hoy, el transporte de petróleo depende de infraestructuras industriales a gran escala: superpetroleros, trenes cisterna y oleoductos recorren continentes sin que un solo barril físico entre en juego.