El desarrollo de la seguridad automovilística ha experimentado avances sustanciales en las últimas décadas. El expiloto Máximo Sant, en su cuenta de TikTok ‘Garaje Hermético’, señala que el automóvil ha conseguido “salvar cinco millones de vidas”, una cifra que atribuye a la implantación de nuevas tecnologías y sistemas de protección. Según Sant, “tu coche está diseñado para suicidarse y salvarte a ti la vida”, una afirmación que resume el cambio de paradigma en la fabricación de vehículos.
Uno de los principales hitos en este campo fue el cinturón de seguridad. “El sistema de seguridad más importante fue el cinturón de seguridad de tres puntos, que lo patentó Volvo, pero liberó la patente para que todo el mundo pudiera utilizarlo”, indica Sant. Esta decisión permitió que el sistema se adoptara en la industria global sin restricciones, lo que amplificó su impacto a escala mundial.
El expiloto sostiene que la seguridad debe estar garantizada en todos los vehículos, sin que exista la posibilidad de que se ofrezca como un complemento opcional. “La seguridad nunca puede ser un extra”, recalca Sant. Esta declaración sienta la base para el debate sobre la obligatoriedad de los sistemas de protección en la industria del automóvil, que ha evolucionado hacia la protección activa y pasiva de los ocupantes mediante la innovación tecnológica.
Avances en seguridad
El cinturón evolucionó mediante la introducción de los pretensores pirotécnicos, dispositivos que refuerzan el ajuste del cinturón durante un accidente, evitando que el ocupante se despegue del respaldo del asiento. Este avance incrementó notablemente su eficacia en la protección pasiva, según apunta el expiloto. A este avance se suman tecnologías como el ABS, los airbags y los sistemas de iluminación y alerta, que advierten sobre el cambio involuntario de carril. Todos estos desarrollos han hecho del automóvil uno de los medios de transporte más seguros.
El auge de los sistemas electrónicos ha sumado nuevas capas de protección. El ESP (control de estabilidad) actúa de forma autónoma, monitorizando parámetros como el ángulo del volante y el estado de las ruedas. El propio Sant lo define como “el ángel de la guarda más importante”. El sistema es capaz de frenar una rueda o acelerar otra para corregir la trayectoria y evitar que el coche se salga de la carretera.
Las zonas de deformación
Sant explica que la seguridad actual se basa en el principio de que el vehículo absorba el impacto. “Uno de los inventos de seguridad o los sistemas de seguridad más eficaces son las zonas de deformación programadas”, afirma. Los vehículos antiguos, describe, estaban construidos con estructuras rígidas, lo que transfería la fuerza del impacto directamente al cuerpo de los pasajeros.
“Los coches de antes eran ataúdes con ruedas muy rígidos. Cuando te chocabas, toda la energía cinética iba a tu cuerpo. Ahora no, el coche se va arrugando, se va sacrificando para absorber esa energía”, puntualiza Sant. Este principio de diseño supone que la carrocería se deforme de forma controlada y absorba la energía del choque, previniendo lesiones graves a los ocupantes. La percepción popular sobre la supuesta fragilidad de los coches actuales es, en palabras de Sant, una ventaja en términos de seguridad.