
La infanta Cristina ha protagonizado en esta Semana Santa de 2026 una serie de movimientos que no han pasado desapercibidos. Tras años alejada del foco institucional y mediático, su presencia en distintos escenarios y, sobre todo, su cercanía con su familia, evidencian un cambio de etapa que hasta hace poco parecía difícil de imaginar.
El primer indicio de este giro se ha visto en su papel durante unos días especialmente delicados para reina Sofía. La madre del actual monarca afronta su primera Pascua sin su hermana, Irene de Grecia, fallecida a comienzos de año. En este contexto, Cristina ha decidido acompañarla desde el primer momento, viajando juntas a Mallorca para compartir unos días marcados por la intimidad y el apoyo familiar.
Lejos de limitarse a una estancia discreta, madre e hija han retomado hábitos que evocan etapas pasadas. Según ha informado ¡Hola!, paseos por el centro de Palma, visitas a comercios tradicionales y recorridos por mercadillos han formado parte de una agenda en la que también ha habido espacio para compromisos públicos. Una imagen que recuerda a tiempos anteriores a la crisis institucional que mantuvo a la infanta en un segundo plano durante años.

Uno de los momentos más simbólicos se produjo con motivo del concierto de Pascua celebrado en la Catedral de Palma. Allí, Cristina acudió junto a su hermana, infanta Elena, además de otros miembros de la familia como Victoria Federica e Irene Urdangarin. Aunque no ocuparon un lugar protagonista, su presencia en un acto incluido en la agenda oficial supuso un gesto cargado de significado.
Durante el evento, ambas hermanas saludaron a las autoridades presentes, participando en el protocolo habitual, algo que no ocurría desde hacía años. Para expertos como Pilar Eyre, este gesto representa una forma de reintegración progresiva en el entorno institucional de la familia real, tras el distanciamiento que siguió al conocido caso Nóos: “Ellas estaban en un segundo plano, no ocuparon la presidencia de honor, pero el hecho de que estuvieran allá, saludaran las autoridades, estuvieran en el besamanos, fue una forma de institucionalizar a las infantas en la familia real”.
Otro elemento clave de estos días ha sido el regreso de Cristina al Palacio de Marivent. La residencia estival de la familia en la isla no había sido escenario de su estancia en mucho tiempo. Su vuelta este año, confirmada durante su visita, refuerza la idea de un acercamiento progresivo a su entorno familiar.

Durante su estancia en Marivent, además, se produjo un encuentro significativo con su hermano, Felipe VI. El monarca realizó una breve visita a Mallorca y aprovechó para reunirse con su madre y sus hermanas. Este reencuentro, en un contexto familiar y sin carácter oficial, refleja una relación más fluida entre los hermanos, especialmente en un momento en el que la figura de la reina Sofía necesita un respaldo emocional evidente.
Bajo el brazo de su madre
Más allá de Mallorca, la agenda de la infanta Cristina no se detiene. Está previsto que continúe acompañando a su madre en nuevos desplazamientos, como el viaje a Murcia para asistir a algunas de las procesiones más destacadas de la Semana Santa. Entre ellas, la del Santísimo Cristo de los Mineros en Cartagena o la tradicional procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno en la capital murciana.
Estas apariciones, aunque discretas, se suman a una serie de gestos que dibujan una estrategia basada en la normalidad y la cercanía. Sin grandes declaraciones ni movimientos bruscos, la infanta parece haber optado por recuperar espacio dentro del ámbito familiar a través de la presencia constante y el apoyo en momentos clave.
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