Los descendientes de las familias nobles en Francia todavía mantienen una gran presencia en las instituciones educativas más prestigiosas del país. Son las conclusiones de un estudio publicado ahora que afirma que, casi 240 años después del estallido de la Revolución Francesa, muchas de las desigualdades sociales que provocaron el estallido de ese conflicto social y político siguen existiendo. El análisis de 270.000 expedientes revela que los estudiantes que proceden de la nobleza están “sobrerrepresentados” en las grandes escuelas francesas y tienen “entre seis y nueve veces más posibilidades” de acceder a instituciones elitistas como el Polytechnique o la École Normale Supérieure, en comparación con el resto de la población.
A pesar de la abolición de los privilegios aristocráticos tras la Revolución, las cifras muestran que la desigualdad de acceso a la educación —uno de los principales factores determinantes a la hora de acceder después a los puestos de trabajo mejor pagados y más influyentes— persiste hasta la actualidad. El estudio, publicado esta semana en la revista científica Economie et statistique, subraya que la proporción de estudiantes de origen aristocrático es notoriamente mayor en estas escuelas que en el conjunto de la sociedad francesa.
Durante el periodo analizado, de 1990 a 2015, los jóvenes de ascendencia noble, nacidos entre 1971 y 1995 y que entraron en las instituciones educativas estudiadas, conservaron esa ventaja social, aunque la brecha era aún mayor a principios del siglo XX. Así, mientras que en la población general las personas con raíces aristocráticas representan el 0,2% del total, la proporción sube a uno de cada 50 entre los estudiantes de estas instituciones.
Estas conclusiones provienen de la investigación dirigida por Stéphane Benveniste, profesor en el Centro de Economía de la Sorbona y la Universidad de Aix‑Marseille, quien subraya que “este estudio pone de manifiesto la sobrerrepresentación de las familias nobles en las grandes escuelas más prestigiosas, incluso dos siglos después de la Revolución”.
Persistencia de la desigualdad social en la élite educativa
“Estos resultados muestran que, a pesar de la abolición de los privilegios aristocráticos históricos, las desigualdades entre las familias de ascendencia noble y plebeya no han desaparecido”, destaca el estudio. Es decir, el privilegio de cuna sigue siendo un factor determinante en el acceso a la educación de élite, aunque las formas se hayan transformado con el tiempo.
Una de las claves para identificar a los estudiantes de ascendencia noble fue el análisis de los apellidos con partícula en los registros escolares y la utilización de la lista de la Association d’entraide de la noblesse française (ANF), que avala “la autenticación de la verdadera nobleza”.
La investigación también señala que la distribución de estudiantes nobles ha cambiado: “Los estudiantes de ascendencia noble estaban históricamente concentrados en Sciences Po París —ciencias políticas—, pero ahora su presencia está más uniformemente repartida entre los establecimientos más prestigiosos, siendo las escuelas de comercio las que muestran los niveles de sobrerrepresentación más altos”.
Durante las últimas décadas, los descendientes de la nobleza han utilizado nuevas estrategias para sostener su posición. Benveniste señala que han “puesto en marcha una estrategia de preservación del estatus social, manteniendo redes de círculo cerradas” y apostando por el “capital escolar”. El estudio identifica una sobrerrepresentación masculina entre los estudiantes nobles, aunque la diferencia con las mujeres se ha reducido.