El paracaidista que engañó a Pedro Sánchez: el PSOE redefine su estrategia en las autonómicas, pero ya es demasiado tarde

El perfil de los distintos presidentes autonómicos sigue un patrón y María Jesús Montero está lejos de cumplirlo. Los buenos candidatos no caen del cielo

Reunión de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE. (Eugenia Morago)

Castilla y León ha dado un respiro al PSOE, que llevaba tiempo sin disputar unas elecciones. El artífice ha sido Carlos Martínez, un completo desconocido fuera de la región y un profundo conocedor de ella. Sin el foco de un ministerio, sin el afán nacional de otros barones, siquiera sin alzar la voz, el 19 años alcalde de Soria ha mejorado en dos escaños y en cerca de un punto el escrutinio de Luis Tudanca en 2022.

Pero, además, ha cambiado el prisma en Ferraz. Aragón marcó una inflexión: Pilar Alegría saltó del Ministerio de Educación y Deportes y la Portavocía del Gobierno a un escaño de la oposición en las Cortes de Aragón con el peor resultado histórico del partido. Estaba reciente el batacazo también en Extremadura. Urgía reformular la manera de proyectar unas autonómicas, la pregunta era cómo.

Por el devenir de los acontecimientos, Pedro Sánchez dedicó la campaña al “no a la guerra”, y Castilla y León siguió su camino en segundo plano, poniendo los asuntos propios en el centro del debate. Y las urnas siguieron una lógica local, no solo en el PSOE. Rastreando los candidatos más fuertes desde que Sánchez llegó al poder, lo ocurrido el domingo 15 de marzo no parece una casualidad, sino un patrón.

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Carlos Martínez, candidato del PSOE en las elecciones en Castilla y León. (Tomás Alonso/Europa Press)

Solo uno cayó de pie

Ese patrón no conduce necesariamente al éxito, pero sí da una pista de lo que no funciona. Por poner un ejemplo, Andalucía. Moncloa ha elegido a María Jesús Montero. Montero tiene más que ver con Alegría que con Martínez, pero Juan Espadas tenía más que ver con Martínez que con Alegría (fue alcalde de Sevilla) y su derrota fue estrepitosa. La sorpresa sería que Montero no corriera la misma suerte.

Algo debe aventurar Montero, que la vicepresidenta y ministra de Hacienda no va a dejar su escaño en el Congreso, circunstancia que van a explotar Juanma Moreno y el resto de oponentes y que tampoco ignoran los votantes. El paracaidismo (como se conoce a los miembros de un gobierno lanzados a los territorios para tratar de ganarlos) ha solido tener como resultado un fallo en la mochila. No caen de pie.

De hecho, solo uno lo ha hecho. Con Sánchez en Moncloa, el PSOE ha gobernado o gobierna en Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla-La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana, Extremadura, Navarra y La Rioja. En todas ellas, el único presidente que ha sido alguna vez parte del Consejo de Ministros es Salvador Illa, pero hasta su caso tiene letra pequeña.

Pedro Sánchez con Salvador Illa en el Palacio de la Moncloa. (Alejandro Martínez Vélez/Europa Press)

Retrato de un candidato ganador

Pudiera parecer que Illa ostentó la cartera de Sanidad largo tiempo si se atiende al número y el calado de las decisiones que tuvo que tomar o los cientos de comparecencias que protagonizó, pero asumió el cargo el 13 de enero de 2020 y lo dejó solo un año después, el 27 de enero de 2021. Salvo ese lapso y desde 1987, el hoy president de la Generalitat ha desarrollado su trayectoria política en Cataluña.

Así que el perfil del candidato ganador, o con mayores posibilidades, tiene más que ver con una alcaldía o una consejería que con un ministerio y con años de servicio, en los que no penalizan intentos fallidos. Illa es excepcional hasta en haberlo logrado a la primera. Aparte de a él, el PSOE conserva a María Chivite en Navarra, a Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha y a Adrián Barbón en Asturias.

No solo son nombres alejados de Madrid, sino que no pocos han señalado a Madrid, aun gobernando los mismos colores. Además de García-Page, que es el mayor de los críticos de Sánchez en el seno del PSOE allí donde le den voz, cabe recordar a Javier Lambán, pero también a Ximo Puig y su presión sobre la financiación autonómica, o a Guillermo Fernández Vara exigiendo la alta velocidad.

Óscar López, ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública y secretario general del PSM. (Europa Press)

Los malos precedentes

A tenor de esto, la fortaleza del PSOE residiría en el federalismo que predica, en dar a los territorios una mayor autonomía y capacidad de decisión, sin dejar de rendir cuentas a Ferraz o adherirse a las líneas maestras del programa nacional. Que sus candidatos no aterrizaran a semanas de las elecciones para empezar a ponerse al día. Pero Ferraz ya ha tomado decisiones que no tienen marcha atrás.

Sánchez ha levantado situaciones impensables, pero hay algo, mejor dicho alguien, con lo que no ha podido: Isabel Díaz Ayuso. Contra ella, el paracaidista más recordado no es socialista, sino de Podemos. Pablo Iglesias abandonó la vicepresidencia del Gobierno y acabó fuera de la política. Por el PSOE lo intentaron Ángel Gabilondo y después Juan Lobato. La opción ahora poco tiene que ver con Madrid.

El ministro Óscar López, cuya cuna política es Castilla y León (fue secretario general y candidato en sus autonómicas, derrotado y con menos escaños que su predecesor) tiene el encargo de derrotar a Díaz Ayuso. Otra ministra, Diana Morant, el de recuperar la Comunidad Valenciana. Pero ya solo en sus propias filas hay un perfil local y de gran peso, en especial tras la DANA: Pilar Bernabé tiene tirón.

Elías Bendodo aconseja al PSOE que tome nota de su candidato en Castilla y León, "el menos sanchista de todos".

El problema se llama Andalucía

Fuera del PSOE, no hay ningún presidente de una comunidad autónoma, la mayoría son del PP, que haya ejercido de ministro. Suele ponerse de relieve la importancia de que un candidato sea conocido. Sobre el papel, y generales aparte, los españoles votan a rostros familiares, pero no por verlos en televisión —si acaso la local—, sino por habérselos encontrado alguna vez por la calle.

El resultado de Montero medirá otro factor. La corriente que achaca buena parte del éxito de Carlos Martínez al “no a la guerra”, es decir a la estrategia nacional, comprobará en junio si Moncloa ha dejado de penalizar. El punto de partida no llama al optimismo, teniendo en cuenta además que la izquierda a su izquierda, que en Castilla y León sumó cero, en Andalucía es competencia y aspira a más de 10 escaños.

La alegría en el PSOE ha de ser contenida. El partido ha crecido en Castilla y León, pero también PP y Vox, que ha marcado un nuevo techo en un 18,9%. En su beneficio, el del PSOE, el río revuelto y la fluctuación. Hasta la batalla final, ha extraído la lección de que las victorias no caen del cielo, sino que ya estaban en tierra. El éxito de Illa engañó a Sánchez, que ahora tiene un problema en Andalucía.

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