En una jornada marcada por el simbolismo institucional y la tradición diplomática, los reyes Felipe VI y Letizia han protagonizado este viernes un encuentro con Papa León XIV en el Vaticano. La cita adquiere una relevancia especial al producirse a tan solo tres meses de la prevista visita del Pontífice a España, un viaje impulsado por la invitación conjunta de Felipe VI y la Conferencia Episcopal Española.
Los padres de la princesa Leonor han mantenido una audiencia privada de 50 minutos con Su Santidad, en lo que supone su primer encuentro desde que León XIV fuera nombrado Papa en mayo de 2025, tras el fallecimiento de Papa Francisco. La reunión ha estado envuelta en el rigor protocolario que caracteriza a este tipo de visitas oficiales, sin renunciar a un ambiente de cercanía y cordialidad.
A su llegada al Patio de San Dámaso, los reyes han sido recibidos por el vicerregente de la Casa Pontificia, el nigeriano Edward Daniang Daleng, bajo la atenta mirada de la Guardia Suiza, uno de los cuerpos más emblemáticos del Vaticano. El recorrido por el Palacio Apostólico ha estado acompañado por varios hombres, entre ellos Hugo de Windisch-Graetz, esposo de la princesa Sofía de Habsburgo, quien ha guiado a la comitiva a través de las estancias hasta la Sala del Tronetto. Allí aguardaba el Pontífice antes de trasladarse a la biblioteca privada, escenario final de la audiencia.
Del vestido de Letizia al intercambio de regalos
Uno de los aspectos más destacados de la jornada ha sido, una vez más, la elección estilística de Letizia Ortiz. Como manda el protocolo vaticano, la reina ha hecho uso del denominado “privilegio de blanco”, reservado a las reinas de monarquías católicas. La elección de la reina no es una cuestión de moda, sino de estricto código vaticano. Como royal de una monarquía católica, tiene permitido el uso del blanco, un derecho que comparte con Matilde de Bélgica, Charlène de Mónaco y Stéphanie de Luxemburgo. También otras reinas, aunque ya no titulares, como doña Sofía o María Teresa de Luxemburgo, pueden seguir usando dicho privilegio.
El encuentro entre los soberanos y el Pontífice ha transcurrido en un ambiente distendido, reflejo de las buenas relaciones entre la Santa Sede y la Corona española. Tras la reunión, los reyes y León XIV han posado para la fotografía oficial junto a los altos cargos de la Casa de Su Majestad el Rey, en una imagen que simboliza la continuidad de los vínculos históricos entre ambas instituciones.
Como es tradición en este tipo de audiencias, el acto ha culminado con el intercambio de obsequios, un gesto cargado de significado. Entre los presentes entregados por los reyes destaca un facsímil del libro de horas de Felipe II, una obra del siglo XVI de gran valor histórico y simbólico. Fue el manuscrito predilecto del monarca y le acompañó a lo largo de su vida, tanto en momentos de éxito como de dificultad. El códice fue escrito y miniado por los frailes Andrés de León, Julián de la Fuente el Saz y Martín de Palencia, y está considerado como la obra más rica y representativa del escritorio del Real Monasterio de El Escorial, donde se conserva en la actualidad.
Junto a esta pieza histórica, los reyes han obsequiado al Pontífice con una manta de butaca fabricada a mano en lana merina y seda natural por el taller de artesanía textil Ábbate, integrante de la iniciativa Alianza por la Lana. Este proyecto busca poner en valor la lana española como patrimonio vivo, además de contribuir al desarrollo del medio rural.
La jornada ha continuado con un encuentro con el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, en el que se han abordado cuestiones de interés común. La delegación española ha estado integrada por el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, el jefe de la Casa del Rey, Camilo Villarino, y la embajadora ante la Santa Sede, Isabel Celaá. Por parte del Vaticano, han participado el secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Paul Richard Gallagher, el subsecretario para las Relaciones con los Estados y monseñor Renato Kuĉić, encargado de los asuntos relativos a España.