Los cálculos renales, también conocidos como “piedras en el riñón”, son una afección frecuente del sistema urinario que afecta a millones de personas en todo el mundo. Se producen cuando minerales y sales presentes en la orina se concentran y cristalizan, formando pequeñas masas sólidas dentro de los riñones. Aunque en algunos casos pueden pasar desapercibidos, en otros provocan dolor intenso y requieren tratamiento médico.
Los riñones cumplen la función de filtrar los desechos y el exceso de líquidos de la sangre para formar la orina. Cuando la orina contiene demasiadas sustancias formadoras de cristales (como calcio, oxalato o ácido úrico) y no tiene suficiente líquido para diluirlas, estas sustancias pueden agruparse y formar cálculos. Con el tiempo, estas estructuras pueden crecer y desplazarse hacia otras partes del tracto urinario, como los uréteres o la vejiga.
De acuerdo con la Clínica Mayo, no existe una única causa para los cálculos renales. En la mayoría de los casos, la enfermedad se desarrolla por una combinación de factores. Uno de los más importantes es la deshidratación. Beber poca agua hace que la orina se concentre más, lo que facilita la formación de cristales.
La alimentación también puede influir, explican. Las dietas con alto contenido de sodio, proteínas animales o alimentos ricos en oxalato, como la espinaca, la remolacha o los frutos secos, pueden aumentar el riesgo en algunas personas. Además, el exceso de sal hace que el organismo elimine más calcio a través de la orina, lo que favorece la aparición de cálculos.
Otros factores incluyen antecedentes familiares, obesidad, infecciones urinarias recurrentes y determinadas enfermedades metabólicas. Algunas afecciones, como la gota o ciertos trastornos digestivos, también pueden aumentar el riesgo. Asimismo, algunos medicamentos o suplementos, como dosis altas de vitamina C o calcio, pueden contribuir a la formación de cálculos en personas predispuestas.
Síntomas más comunes de las piedras en el riñón
En muchos casos, los cálculos renales no causan síntomas mientras permanecen en el riñón. Sin embargo, cuando se desplazan hacia el uréter, que es el conducto que conecta el riñón con la vejiga, pueden provocar un dolor intenso conocido como cólico renal. El síntoma más característico es un dolor fuerte y repentino en la espalda o en el costado, generalmente debajo de las costillas. Este dolor puede irradiarse hacia la parte baja del abdomen o la ingle y suele presentarse en oleadas de intensidad variable.
Otros síntomas frecuentes incluyen dolor al miccionar, necesidad frecuente de orinar, orina turbia o con mal olor y presencia de sangre en la orina. Algunas personas también pueden experimentar náuseas, vómitos o fiebre si existe una infección asociada. La intensidad del dolor no siempre está relacionada con el tamaño del cálculo. Incluso piedras pequeñas pueden causar gran malestar si bloquean el flujo de orina.
Cómo se tratan las piedras en el riñón
El tratamiento depende principalmente del tamaño del cálculo y de los síntomas que produzca. Según la Clínica Mayo, muchos cálculos pequeños pueden expulsarse de manera natural a través de la orina. En estos casos, los médicos suelen recomendar beber abundante agua y utilizar analgésicos para controlar el dolor.
Cuando los cálculos son más grandes o provocan complicaciones, pueden requerirse procedimientos médicos. Entre ellos se encuentra la litotricia por ondas de choque, una técnica que utiliza ondas sonoras para fragmentar los cálculos en piezas más pequeñas que puedan eliminarse con mayor facilidad. En otros casos se pueden emplear procedimientos endoscópicos para extraerlos directamente del tracto urinario.
La prevención es clave para evitar la recurrencia. Los especialistas recomiendan mantener una buena hidratación, reducir el consumo de sal y seguir una dieta equilibrada. En personas con antecedentes de cálculos, el médico puede sugerir cambios dietéticos específicos o medicamentos que ayuden a prevenir la formación de nuevas piedras.