El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel en territorio iraní y su respuesta en países de Oriente Medio con bases americanas ha desajustado los mercados energéticos a nivel internacional. Desde España, las organizaciones agrarias han advertido de la subida de precios en fertilizantes y suministros de energías como consecuencia del bloqueo en el estrecho de Ormuz, algo que tildan de “movimiento especulativo”.
“España no tiene instalaciones petrolíferas en el golfo Pérsico. Tampoco buques en el estrecho de Ormuz. Pero hay empresas que operan en España y que, en las próximas horas, van a intentar facturar como si las tuviera. Como si el bloqueo de esa vía marítima les autorizara a revisar de golpe los precios del gasóleo agrícola, de los fertilizantes y de la energía eléctrica que consume el sector”, ha advertido el secretario general de COAG, Miguel Padilla.
Padilla ha justificado que los contratos de suministros de gasóleo agrícola, gas industrial y fertilizantes no funcionan en tiempo real, es decir, que los distribuidores y fabricantes cuentan con stocks comprados semanas o meses antes de la entrega: “El gas que se usa hoy ya estaba contratado antes de que nadie oyera hablar del último episodio bélico en Oriente Próximo. El gasóleo que llegará esta semana a las cooperativas fue comprado cuando el barril estaba en otro precio”.
Además, el representante agrario ha señalado que España cuenta con reservas estratégicas de petróleo para más de 90 días de consumo -como exige la normativa europea-, por lo que “no hay desabastecimiento real” y ninguna explotación agraria va a quedarse sin combustible esta semana por lo que ocurre en Ormuz.
Desde COAG mantienen que estas subidas especulativas en los precios del combustible no son un hecho aislado, sino que se tratan de “un patrón de comportamiento en los mercados de inputs agrícolas que se repite cada vez que aparece una excusa de suficiente entidad”. La organización señala como precedente lo vivido durante la guerra de Ucrania, cuando los precios del gasóleo y fertilizantes nitrogenados se dispararon en semanas y con ello los márgenes de beneficio de las grandes compañías.
Bruselas deberá vigilar que la crisis no sea una “oportunidad de mercado”
“La crisis de Ormuz no es solo un problema de suministro, sino también una oportunidad de mercado para quien tiene posición dominante”, ha sentenciado Padilla, pidiendo a su vez “vigilar este riesgo”. “En 2022 nos dijeron que era culpa de Putin. Ahora nos dirán que es culpa de Irán. Pero los beneficios extraordinarios siempre acaban en el mismo sitio”.
Así, desde COAG han solicitado al Gobierno que vigile “que las reglas se cumplen” y que la CNMC active “de forma inmediata” un seguimiento de cualquier movimiento de precios en los principales inputs agrícolas que no esté justificado por costes reales de aprovisionamiento. Además, han pedido al Ejecutivo trasladar a Bruselas la “necesidad de activar los instrumentos de alerta temprana previstos en el Reglamento de Crisis Agroalimentaria”.
En la misma línea se ha pronunciado Asaja, que ha percibido que, en los primeros días de guerra, los agricultores ya advierten de una subida general de los combustibles y de un aumento considerable de los abonos, sobre todo nitrogenados, ya que el conflicto afecta directamente a la fabricación en plantas industriales y al comercio de amoníaco, urea, azufre y gas natural, todos ellos necesarios para la producción de fertilizante.
“Las guerras nunca son buenas para el campo. Desde el punto de vista económico, el agrario es uno de los sectores que más perjuicios puede sufrir si la situación se agrava y se dilata en el tiempo, en cuyo caso, que espero que no llegue, exigiremos medidas de apoyo contundentes porque los agricultores y ganaderos no debemos volver a pagar los platos rotos de disputas ajenas al sector”, ha sentenciado Cristóbal Aguado, presidente de Asaja en la Comunidad Valenciana.