Isco Alarcón, sobre su infancia en Benalmádena: “Me cambiaron la fecha de nacimiento para que pudiera jugar”

El jugador del Real Betis recordó en una entrevista con la ‘Revista Líbero’ cómo fueron sus comienzos en su barrio de Benalmádena

Isco del Real Betis celebra su segundo gol (REUTERS/Vincent West).

Antes de conquistar los grandes estadios y levantar algunos de los títulos más prestigiosos del fútbol europeo, Isco Alarcón ya destacaba con un balón en los pies en un escenario mucho más humilde: las calles de su barrio. Su historia, marcada por el talento precoz y una pasión inquebrantable, arranca en Benalmádena, donde vivió una infancia que él mismo recuerda como feliz y completamente ligada al fútbol.

Mucho antes de pasar por canteras de clubes como el Valencia CF o de brillar en equipos de primer nivel como el Real Madrid o el Real Betis Balompié, su día a día transcurría entre partidos improvisados en plazas y descampados. Allí empezó a moldear ese estilo de juego creativo y diferente que, con los años, le convertiría en uno de los centrocampistas más reconocidos de su generación.

En una entrevista concedida a la Revista Líbero, el propio futbolista echó la vista atrás para describir aquellos primeros pasos. “Jugaba en una pequeña plaza que había en frente de mi casa. Mi hermano me llevaba a jugar con sus amigos que eran bastante mayores. Incluso cuando mi hermano no estaba, sus amigos venían a buscarme a mí para que jugara con ellos. Me sacaban ocho años”, recordaba con nostalgia. Lejos de ser una desventaja, aquella diferencia de edad supuso un estímulo constante: aprendió a competir, a pensar rápido y a desenvolverse en situaciones exigentes desde muy pequeño: “Como era de los pequeñitos se sorprendían de cómo jugaba. A veces me elegían y otras no, pero no era de relleno vamos”.

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Esa mezcla de picardía, técnica y personalidad comenzaba a perfilar al futbolista que años después deslumbraría en la élite. Y es que su vínculo con el balón era tan fuerte que iba más allá de los partidos organizados. “Al principio jugaba en los recreos del colegio, lo típico, pero luego pasé al equipo de mi pueblo porque en el colegio no me dejaban por ser demasiado pequeño. En el equipo me hicieron un chanchullo cambiándome la fecha de nacimiento para que pudiera jugar. Me sumaron dos años y nadie se dio cuenta”, confesó. Un gesto que, más allá de lo anecdótico, refleja hasta qué punto quienes le rodeaban ya intuían su potencial.

Isco del Real Betis con sus compañeros celebran tras el partido Semifinal Fiorentina v Real Betis (REUTERS/Jennifer Lorenzini).

Lejos de ser una infancia marcada por sacrificios extremos, la suya estuvo definida por la diversión. Isco jugaba, ante todo, para disfrutar. Esa filosofía, que ha mantenido a lo largo de su carrera, tiene su origen en aquellos años. Él mismo lo resume con claridad: “Jugaba como ahora, intentando divertirme”. Sin embargo, esa pasión también tenía su lado más intenso. La suspensión de un partido por lluvia, por ejemplo, podía convertirse en un auténtico disgusto. “Me cogía unos cabreos tremendos. Tenía ganas de jugar a todas horas”, confesó al citado medio.

Su ascenso a los cielos

Con el tiempo, aquel niño que jugaba en plazas de Benalmádena dio el salto a estructuras más profesionales. Su talento terminó por abrirle las puertas del fútbol de élite, primero en categorías inferiores y más tarde en equipos como el Málaga CF, donde empezó a llamar la atención del gran público. A partir de ahí, su carrera tomó una dimensión internacional que le llevó a competir al máximo nivel.

El apoyo familiar fue otro pilar fundamental en su desarrollo. Sus padres estuvieron presentes en cada paso, acompañándole en entrenamientos y animándole a seguir adelante. Ese entorno cercano y estable fue clave para que pudiera centrarse en lo que realmente le apasionaba sin perder los pies en el suelo: “La verdad, estoy orgullos de cómo en los malos momentos he salido salir adelante con la ayuda de mi mujer, mi familia, mis hijos… y bueno, eso es lo que quiero que hagan ellos porque la vida no siempre es de color de rosa y en los momentos malos es cuando hay que apretar y no rendirse“.

A día de hoy, el malagueño afronta una segunda lesión que ha paralizado su carrera, pero cuenta con el apoyo del equipo que lo acogió con los brazos abiertos y espera su pronta recuperación: el Real Betis.Estoy totalmente enamorado del Betis”, admitía a Revista Líbero.

Isco Alarcón en un Betis- Oviedo
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