Manuel de la Peña, experto en longevidad: “No son ancianos ni viejos, son personas longevas”

El catedrático propone alternativas terminológicas que se ajustan a la evolución de una sociedad cada vez más envejecida

Dos ancianos caminan del brazo por una calle lateral de París, Francia. / Foto de archivo. REUTERS - Kevin Coombs

A medida que la proporción de personas mayores crece en todo el mundo, el debate sobre cómo denominarlas refleja una transformación social y lingüística de gran alcance. Más aún si se trata de su aparición en los medios de comunicación. En España, el tema adquiere gran implicación si se tiene en cuenta que los mayores de 60 años son quienes consumen un mayor número de horas de televisión, uno de los canales a través del que, en ocasiones, se refleja una imagen contraproducente. Para ello, autodenominados expertos en longevidad, como Manuel de la Peña, proponen alternativas: “No son ancianos ni viejos, son personas longevas”.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2022, España registró 11.941.989 habitantes con más de 60 años, lo que representa cerca del 20% de la población total que habita en el Estado. Este proceso demográfico marcado por el rápido envejecimiento impulsa, cada vez más, a una revisión lingüística del vocabulario y su representación en los medios de comunicación. El objetivo es erradicar estigmas y evitar la discriminación hacia ciertos sectores de la población.

Una de las propuestas consiste en evitar etiquetas que se asocien a la pasividad

La conversación sobre el lenguaje adecuado incluye posiciones divergentes y matices personales. Manuel de la Peña, por ejemplo, ha insistido en que “no se deje de llamar a las personas ancianos, viejos o viejas. No son ancianos ni ancianas. Son personas longevas”. Este enfoque refleja una reivindicación identitaria que trasciende lo meramente terminológico. En la misma línea, una participante en el programa de Antena 3 Y ahora Sonsoles, en el que también se encontraba Peña, afirmó: “A mí me sabe muy mal que me digan abuela”. Una reacción que coincide con la tendencia a evitar etiquetas que asocian la vejez con el retiro o la pasividad.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) y entidades como la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) han propuesto nuevas clasificaciones y sugerido el uso de términos neutrales. Según la OMS, la adultez se divide en joven (18-44 años), media (45-59 años) y, a partir de los 60, una consideración especial. Sin embargo, la extensión de la esperanza de vida ya motiva ajustes: se prevé que la denominación “adulto mayor” pase a reservarse para quienes superan los 70 o 75 años. Mientras que el término “centenario” identifica solo a quienes alcanzan los 100 años, aunque no constituye una categoría formal de la OMS.

La FNPI y la Red Latinoamericana de Gerontología han editado manuales de estilo que recomiendan evitar expresiones como “viejito”, “abuelo”, “fósil” o “senil”, por considerar que refuerzan estereotipos y acentúan el edadismo. En cambio, se sugiere el uso de “personas mayores”, “mayores” o “población mayor” como fórmulas neutras y objetivas. En su guía, la FNPI detalla una segmentación que distingue entre adultos mayores jóvenes (60-74 años), adultos mayores viejos (75-84 años), adultos mayores longevos (85-99 años) y centenarios (a partir de 100 años), lo que permite reflejar la diversidad dentro del colectivo.

El envejecimiento reflejado en lenguaje e imágenes

El envejecimiento como concepto ha variado en función de los avances sanitarios y del contexto cultural. La Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento de Naciones Unidas, celebrada en Viena en 1982, fijó el umbral de la vejez en los 60 años. Posteriormente, la preferencia por el término “adulto mayor” buscó distanciarse de las connotaciones negativas de “viejo” o “anciano”.

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El tratamiento informativo de la vejez incluye también criterios visuales. La FNPI recomienda evitar imágenes que representen a personas mayores como pasivas o indefensas y optar por fotografías que muestren su participación activa en la vida social. Ejemplos como la cita a una persona mayor que asiste a un espectáculo de flamenco o la mención al “manual de estilo para ser respetuosos con las personas mayores y longevas” ilustran la diversidad de realidades y la necesidad de un enfoque respetuoso.

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