Si por algo se caracteriza el siglo XXI es por el gran avance tecnológico que ha habido. En una era en la que la hiperconectividad y la inmediatez forman parte de la vida de la mayoría de personas, puede resultar difícil de creer que hay personas que viven sin recursos que creemos básicos.
Sin embargo, hay gente que, por elección propia, decide vivir alejados de ciertos lujos. El caso de Francisco Matías, conocido como Seu Chiquinho en Brasil, es uno de esos ejemplos. A sus 80 años, vive solo en una casa de adobe (material creado con arcilla y arena) de 105 años, según explica el medio brasileño CPG. La vivienda se ubica en el municipio brasileño de Hidrolandia, en el estado de Goiás.
La casa fue construida en 1920 por Antonio Matías, padre del actual propietario. Desde ese momento, la casa ha resguardado a esta familia durante más de un siglo. A pesar de que han ido pasando los años, la casa no se ha modernizado, siendo el ejemplo más claro la ausencia de agua corriente.
La rutina de Francisco Matías
Lejos de la comodidad que ofrece la vida urbana, el día a día de Francisco Matías transcurre a un ritmo pausado, marcado por hábitos que apenas han cambiado con el paso de las décadas. Vive solo y mantiene una rutina sencilla, en la que cada tarea tiene su momento.
El agua que utiliza no llega por tuberías, sino que la extrae de un pozo cercano y la transporta semanalmente en bidones, conservándola después en recipientes de barro dentro de la vivienda.
Para cocinar, sigue utilizando una estufa de leña, única fuente de calor en la casa. Cada mañana recoge la madera necesaria y prepara alimentos básicos como café o tapioca, siguiendo métodos tradicionales. Este tipo de cocina, cada vez menos habitual en las zonas rurales brasileñas, forma parte esencial de su forma de entender la vida.
Tras el desayuno, dedica varias horas a trabajar la tierra. Sus labores incluyen limpiar el terreno, reparar cercas y preparar pequeñas zonas para el cultivo. La propiedad se extiende hasta las inmediaciones del río Feitos, un entorno que forma parte inseparable de su rutina desde la infancia. A pesar de su edad, se mantiene activo y considera que este esfuerzo diario es clave para su bienestar físico y mental.
La casa como legado familiar
En el plano personal, Francisco es el único hijo con vida de la familia. Sus padres fallecieron hace casi tres décadas, y desde entonces se ha encargado de conservar la vivienda familiar como un legado. Aunque algunos de sus hermanos se trasladaron a otras ciudades, él decidió permanecer en el lugar donde nació y creció.
Nunca llegó a casarse y, tras pasar brevemente por Río de Janeiro en su juventud, regresó definitivamente al campo, donde ha vivido durante más de cincuenta años. Acepta el paso del tiempo con serenidad y atribuye su longevidad a una alimentación natural, al trabajo constante y a una visión tranquila de la vida.
Pese a vivir solo, no se considera una persona marginada. Recibe visitas frecuentes de vecinos y conocidos. Su historia, difundida recientemente en redes sociales, ha despertado el interés de miles de personas.