Sevilla es la ciudad “más cotilla” de España, según un estudio: los expertos afirman que el chisme no siempre es negativo

Estas dinámicas de conversación pueden “aliviar el estrés y ayudar a construir confianza y sentido de pertenencia”

Los cotilleos pueden cumplir funciones sociales y emocionales beneficiosas, según un estudio de Unobravo. (Freepik)

Cotillear se ha convertido en uno de los pasatiempos favoritos de los españoles, por más que muchos intenten negarlo. Los chismes sobre famosos, compañeros de trabajo, personas conocidas o incluso más cercanas son el tema de conversación predilecto en la terraza de un bar, una reunión de amigos o incluso el lugar de trabajo.

Entendido generalmente como un insulto o una característica negativa, ser una persona cotilla o habladora, sin embargo, puede incluso potenciar los vínculos emocionales o contribuir al intercambio de información necesario para entender el mundo que nos rodea.

Y es que, lejos de lo que suele pensarse, estos cotilleos no siempre versan sobre las relaciones sentimentales, los problemas o los secretos del prójimo (que a veces también), sino que pueden tratar sobre los logros y cambios en la vida de los demás, generando curiosidad y alegría sinceras.

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Otro de los mitos más extendidos es que la difusión de los chismes o la acción de cotillear se produce solo o con muchísima más frecuencia o intensidad en los núcleos poblacionales pequeños, donde todo el mundo se conoce. Sin embargo, en las grandes ciudades también se produce este fenómeno entre círculos reducidos como un grupo de amigos o de compañeros de trabajo.

El trabajo es uno de los entornos en los que se producen más dinámicas de cotilleo. (Freepik)

Un reciente estudio de la plataforma de psicólogos online Unobravo ha concluido que los españoles pasamos más de 57 horas al año cotilleando, es decir, más de dos días completos. A través de una encuesta realizada a 1.500 adultos de todo el país, ha elaborado el Índice de Ciudades Cotillas o Habladoras, clasificando las 23 ciudades más grandes de España según las horas que sus residentes dedican a la conversación social.

Sevilla, Madrid y Valencia

La ciudad en la que sus habitantes pasan más horas al año hablando sobre cotilleos (familiares, laborales, de famosos…) es, según el estudio de Unobravo, Sevilla (99 horas al año). Le siguen Madrid (97), Valencia (96), Oviedo (93) y Móstoles (91). El resto del ranking lo comprenden Valladolid (80), Málaga (76), A Coruña (75), Pamplona (75) y Barcelona (72).

La encuesta de Unobravo también ha revelado que el tema sobre el que más suelen versar estos cotilleos son las relaciones laborales (68 %). Los conflictos familiares (52 %) y las noticias de famosos (51 %), que son asuntos sobre los que generalmente se piensa que suelen generarse más chismes, también ocupan lugares centrales en las conversaciones.

Lejos de ser un aspecto negativo que se corresponde con la envidia, la maldad o el deseo de criticar a los demás, los expertos de Unobravo señalan que estas conversaciones relacionadas con el trabajo y la familia suelen derivar de un deseo humano de entender jerarquías sociales y fortalecer vínculos emocionales. Además, hablar de famosos permite explorar cuestiones morales y sociales “sin riesgo personal”.

Cotillear no siempre es negativo, especialmente si se hace desde la empatía y no es juicio. (Freepik)

Cotillear se convierte en una manera de entender el mundo que nos rodea, generar amistades y conexión con los demás y abrir debates que pueden resultar beneficiosos al producirse un intercambio de comunicación completamente necesario en sociedades plurales.

Con respecto al entorno, el estudio concluye que la mayoría de los cotilleos se producen dentro de relaciones de confianza: amigos íntimos (39 %), parejas (37 %), hermanos (25 %), grupos amplios de amistades (22 %) y padres (18 %). Entre los hombres, generalmente suelen confiar más en sus parejas que en sus amigos para compartir este tipo de información.

Los beneficios del cotilleo

“La idea de ‘cotilleo’ puede sonar negativa, pero en realidad abarca una amplia variedad de conversaciones cotidianas, muchas de las cuales son inofensivas e incluso pueden cumplir funciones sociales y emocionales beneficiosas”, destacan desde Unobravo. “Puede conectar a las personas, aliviar el estrés y ayudar a construir confianza y sentido de pertenencia”. Así, cotillear se convierte en una dinámica casi necesaria, ya que forma parte de la manera habitual en la que la mayoría de personas se relacionan y comparten información.

Sin embargo, no siempre resulta beneficioso, especialmente cuando se lleva al extremo, cuando la crítica gana relevancia o cuando se realiza en entornos en los que puede resultar problemático. Por ejemplo, en el entorno laboral, uno de los lugares en los que compartir chismes resulta bastante habitual, el 53 % de los encuestados han afirmado que el cotilleo genera tensión o conflicto. Además, puede perjudicar la productividad (49 %).

Por el contrario, también en el trabajo puede mejorar la comunicación (38 %) y hacer que la jornada laboral sea más agradable (40 %), algo fundamental para mantener la motivación, lo que también repercute en la productividad.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

La clave se encuentra, por tanto, en la manera en la que se lleva a cabo esta dinámica. Desde Unobravo destacan que la empatía es muy importante cuando se realizan estas conversaciones, así como el respeto. Los expertos también señalan que hay que poner el foco en el motivo por el que se cotillea: si se realiza con el objetivo de entender un contexto, resolver un problema o mantenerse conectado, es beneficioso; por el contrario, si se practican sobre todo desde el entretenimiento o la especulación sobre la vida personal de los demás, sus efectos pueden ser negativos.

Los psicólogos de Unobravo, además, recuerdan que es importante considerar el entorno y los destinatarios con quienes se realizan estas dinámicas. Junto a esto, un espacio en el que la comunicación abierta es uno de los pilares potencia conversaciones más participativas y con menos rumores.

No se trata de dejar de “chismear”, sino de no hacerlo desde el cotilleo perjudicial, que se caracteriza por la falta de confianza, la negatividad o la distorsión. La diferencia está en la intención y en el impacto que esas conversaciones tienen en quienes participan y en quienes son objeto de ellas. Cuando el cotilleo sirve para comprender mejor una situación, compartir inquietudes o reforzar la cercanía emocional, puede convertirse en una herramienta social útil y casi inevitable. Sin embargo, cuando deriva en juicio constante, rumores infundados o ataques personales, pierde su función comunicativa y pasa a generar daño y malestar.

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