El cáncer de estómago, también llamado cáncer gástrico, es uno de los tumores malignos más complejos y de evolución silenciosa dentro de los cánceres digestivos. Aunque su incidencia ha ido disminuyendo en las últimas décadas gracias a mejoras en la detección y cambios en hábitos alimentarios, sigue siendo una enfermedad grave que se estima que cada año provoca casi más de 900.000 nuevos diagnósticos en todo el mundo.
La enfermedad se produce cuando las células del revestimiento interno del estómago sufren mutaciones que las llevan a multiplicarse descontroladamente, formando un tumor que puede invadir tejidos cercanos. Si no se detecta a tiempo, puede diseminarse a otras partes del cuerpo.
La mayoría de estos tumores comienzan como adenocarcinomas, que se originan en las células que producen mucosidad dentro del estómago, aunque existen otros tipos menos frecuentes como los tumores del estroma gastrointestinal o los tumores neuroendocrinos.
No hay una causa única que explique el desarrollo del cáncer gástrico, pero existen múltiples factores de riesgo bien documentados. Entre los más importantes la Clínica Mayo destaca la infección crónica por la bacteria Helicobacter pylori, que provoca inflamación prolongada de la mucosa gástrica y está fuertemente asociada al cáncer. También se han identificado como factores el reflujo gastroesofágico crónico, la gastritis atrófica y ciertas lesiones premalignas.
Los hábitos de vida desempeñan un papel significativo: dietas ricas en sal, alimentos ahumados o muy procesados, y bajas en frutas y verduras, así como el consumo de tabaco y alcohol, aumentan el riesgo. Las personas con antecedentes familiares de cáncer de estómago o con síndromes genéticos hereditarios (como el síndrome de Lynch o la poliposis familiar) tienen también mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad.
La edad es otro factor determinante: la mayoría de los casos se diagnostican en personas mayores de 60 años y son más frecuentes en varones que en mujeres.
Síntomas del cáncer de estómago
Una de las características más desafiantes del cáncer de estómago es que en sus etapas iniciales suele ser asintomático o presenta alteraciones muy inespecíficas. Cuando los síntomas aparecen, a menudo son vagos y se confunden fácilmente con problemas gastrointestinales menores como indigestión o gastritis.
La Clínica Universidad de Navarra alerta que entre los signos y señales más comunes figuran dolor o malestar en la parte superior del abdomen, sensación de plenitud después de comer pequeñas cantidades de comida, náuseas, pérdida de apetito y pérdida de peso sin causa aparente. También puede haber dificultad para tragar, acidez persistente, vómitos (incluso con sangre) o heces de color negro, lo que indica sangrado interno.
Los especialistas de la Clínica Universidad de Navarra advierten que muchos de estos síntomas pueden solaparse con otras afecciones benignas, lo que hace aún más necesario prestar atención a señales persistentes o que empeoran con el tiempo.
Diagnóstico y tratamiento del cáncer de estómago
El proceso de diagnóstico comienza con una evaluación clínica y pruebas complementarias que permitan visualizar el interior del estómago y analizar células sospechosas. La gastroscopia o endoscopia superior es la herramienta principal, ya que permite observar directamente la mucosa gástrica y tomar biopsias para confirmación histológica.
Además, técnicas como la ecoendoscopia, la tomografía computarizada (TAC) y, en ciertos casos, la laparoscopia diagnóstica, ayudan a determinar la extensión del tumor y su diseminación. Esta información guía la elección del tratamiento más adecuado.
El tratamiento del cáncer de estómago depende principalmente de la etapa en la que se detecta, la salud general del paciente y las características biológicas del tumor. En fases tempranas, podría ser suficiente una resección endoscópica o quirúrgica para extirpar el tumor.
En tumores localmente avanzados, los enfoques suelen combinar cirugía, quimioterapia y, en ocasiones, radioterapia para mejorar las posibilidades de control y curación, aclara la Clínica Mayo. Además, algunas terapias más modernas como los anticuerpos monoclonales o inmunoterapias están siendo cada vez más utilizadas para atacar células cancerosas de forma más específica y con menos efectos secundarios que los tratamientos convencionales.