La situación política en Venezuela tras la intervención de Estados Unidos y la captura de Nicolás Maduro ha generado un contexto de incertidumbre para los principales actores del comercio internacionnal con el país. El sector energético se ha visto particularmente afectado por las dudas sobre la estabilidad futura de los negocios con la nación sudamericana, tanto por la importante presencia de recursos naturales en el territorio como por la intención manifiesta del Gobierno de Donald Trump de hacerse con el control de estos. En este contexto, Repsol se coloca como una de las principales compañías a tener en cuenta ante los cambios en el país.
La empresa, que es también la primera petrolera española, cuenta con más de 30 años de trayectoria en Venezuela, durante los que ha desarrollado operaciones tanto en crudo como en gas que han posicionado a la empresa como uno de los gigantes de generación energética en el país. Venezuela, miembro fundador de la OPEP, destaca por sus vastas reservas de petróleo y su liderazgo en exportación de gas natural, gas licuado, butano y propano, convirtiéndolo en un país estratégico para compañías energéticas internacionales.
Repsol ha afrontado esta situación mediante negociaciones directas con la Administración estadounidense. Durante reuniones recientes con la Casa Blanca, el CEO de Repsol, Josu Jon Imaz, declaró que la compañía está dispuesta a invertir más y triplicar su producción, siempre que se garantice un marco legal y comercial seguro. Además, recalcó que Repsol, junto con ENI, produce gas que garantiza la estabilidad de gran parte de la red eléctrica venezolana, subrayando la relevante presencia de la empresa en el país.
Tres décadas de desarrollo de proyectos
Desde su llegada en 1993, Repsol ha desarrollado una red de proyectos de ‘upstream’ en Venezuela, abarcando crudo mediano y pesado, así como gas asociado y no asociado. Entre sus activos destacan el Campo Perla (Cardón IV), un gas offshore desarrollado junto con ENI y considerado uno de los mayores descubrimientos de Latinoamérica; Petroquiriquire, donde posee el 40% junto a PDVSA (la petrolera estatal venezolana); Petrocarabobo, enfocado en crudo pesado; y el Bloque Quiriquire, con una participación del 60% en hidrocarburos gaseosos no asociados. En 2010, un consorcio internacional liderado por Repsol se adjudicó el proyecto Carabobo-1, ubicado en la Faja Petrolífera del Orinoco, una de las zonas con mayores reservas de hidrocarburos sin desarrollar del mundo.
Actualmente, Repsol produce alrededor de 45.000 barriles diarios de crudo en Venezuela, con planes de triplicar esta producción en un horizonte de 2–3 años, siempre que se cumpla un marco legal y comercial adecuado. Además, el Campo Perla suministra 580 millones de pies cúbicos de gas diarios, garantizando la estabilidad de la mitad de la red eléctrica venezolana. La compañía emplea 129 personas a cierre de 2024, manteniendo presencia directa y capacidad técnica en todos sus proyectos.
Reservas en Venezuela
Venezuela representa cerca del 15% de las reservas probadas totales de Repsol, equivalentes a 1.747 millones de barriles de petróleo, valoradas en unos 13.000 millones de euros a precios actuales.
Venezuela es el segundo país más relevante para Repsol tras Estados Unidos, y está empatado con Trinidad y Tobago en términos de producción y reservas. Según el ministro de Economía, Comercio y Empresa de España, Carlos Cuerpo, Repsol es una “empresa estratégica y crucial” para Venezuela. Cuerpo subraya que la explotación del yacimiento de gas La Perla es esencial para la estabilidad del suministro eléctrico y que la compañía juega un rol estructural en la estabilidad del país y lo seguirá haciendo en el futuro.