Un agente inmobiliario advierte: “Es duro, pero llevar 40 años en Barcelona no significa que puedas quedarte, el mercado es cada vez más competitivo”

Olaf Groenewegen, que asesora a compradores extranjeros de vivienda en España, asegura que este fenómeno ya “está pasando en ciudades como Londres, París o Berlín”

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La evolución reciente del mercado inmobiliario en Barcelona ha colocado a la ciudad en una posición privilegiada entre los grandes destinos de inversión internacional, según han destacado ejecutivos del sector y datos de consultoras globales. Sumando el creciente interés de fondos extranjeros y la presencia de empresas especializadas, la capital catalana atrae tanto a compradores particulares como institucionales, muchos de los cuales priorizan la compra de viviendas para su explotación como activos de alquiler.

Barcelona figura ya una de las ciudades europeas preferidas por el capital internacional del sector inmobiliario. Esta tendencia queda reflejada en el perfil de clientes que atiende Greenroads Real Estate, la empresa fundada por el agentes inmobiliarios Olaf Groenewegen y Alberto Cejudo, que se enfoca en asesorar a extranjeros interesados en el mercado español. “Buena parte de los clientes son de Países Bajos, como yo, pero también tenemos clientes estadounidenses, de otros países europeos y algunos asiáticos”, explicó Groenewegen ante RAC1, dejando claro que gran parte de sus operaciones tienen como finalidad la inversión y el posterior alquiler de los inmuebles, antes que el uso como vivienda habitual.

La permanencia de la ciudad dentro de la Unión Europea, junto con el marco monetario estable y unos precios de compra todavía competitivos en comparación con otras capitales europeas, son variables que seducen a los inversores, según detalló Groenewegen. El empresario resumió así las ventajas: “El precio de compra aún es considerablemente bajo, y los precios de alquiler son buenos, así que se obtiene una buena rentabilidad de la inversión”.

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Inversión en vivienda en el mercado catalán

Sin embargo, operar en Barcelona implica sortear diversos obstáculos fiscales y jurídicos. Groenewegen lamentó la elevada presión fiscal que afecta las transacciones inmobiliarias, señalando como el mayor escollo la frecuente inestabilidad legislativa en materia de vivienda y alquiler turístico. Al analizar el impacto normativo, matizó: “Con la limitación de Airbnb, yo no recomiendo a mis inversores que compren para hacer apartamentos turísticos”. También advirtió que el simple anuncio de gravámenes adicionales, como la propuesta aún no implantada de elevar los impuestos al 100% sobre compras de extranjeros, genera desconfianza: “Ya asusta al comprador”.

Como respuesta a esta volatilidad, Groenewegen sugiere diversificar la cartera de inversiones, extendiendo el interés hacia otras ciudades y países: “Es mejor no poner todos los huevos en la misma cesta”. Al delimitar zonas de oportunidad dentro de Barcelona, considera “muy recomendable un piso en el Eixample o Gràcia a buen precio, aunque haya que renovarlo”, aunque reconoce la alta demanda: “Son difíciles de encontrar, porque todo el mundo busca lo mismo”. Además, apunta a Sant Martí y el Poble-sec como barrios con nuevas posibilidades de rentabilidad.

Varias personas caminan por una calle de Barcelona. (David Zorrakino / Europa Press)

Por el contrario, alerta del riesgo de invertir en el Raval debido a los altos costes de rehabilitación y a la “inseguridad de la zona, lo que hace más probable que tengas malos inquilinos”, a la vez que insiste en que el sistema de desalojos en España agrava estos problemas: “La normativa no facilita los desalojos”.

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“Barcelona no tiene por qué ser la excepción”

Sobre la polémica de la compra foránea y el acceso local a la vivienda, Groenewegen sostiene que la raíz del problema reside en las condiciones de financiación. “El gran problema es que para comprar un piso tienes que desembolsar un 20% de su valor, mientras que en otros países puedes financiarlo al 90 o al 100%”. Además, al sumar los impuestos, advierte: “Puedes estar pagando alrededor del 30% de su valor”, una cifra difícil de afrontar con los ingresos habituales en la ciudad.

Mirando al futuro, el empresario es tajante: la competencia inmobiliaria será cada vez más dura, y no existe garantía para quienes llevan décadas residiendo allí. “Es duro, pero llevar 40 años en Barcelona no significa que puedas quedarte; el mercado es cada vez más competitivo y la gente quiere vivir en las ciudades. Está pasando en ciudades como Londres, París o Berlín; Barcelona no tiene por qué ser la excepción”, concluyó Groenewegen en diálogo con RAC1.

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