
La jornada comenzó como tantas otras. Richardson y su esposa, Eliza, se encuentran grabando un nuevo episodio para su canal de YouTube, donde comparten técnicas y consejos para quienes sueñan con encontrar oro.
Equipados con el detector de metales, pala y cámara de vídeo, avanzaban por un terreno conocido por haber sido explotado por antiguos mineros. De repente, todo cambió cuando, al pasar por debajo de un arbusto, se escuchó un fuerte sonido. “Casi me vuelan los tímpanos cuando puse mi detector debajo de este arbusto”, relató Richardson al medio australiano ABC.
En la zona es común hallar restos del metal oxidado y latas abandonadas desde hace décadas Por eso, la primera reacción del buscador fue restarle importancia. “Mi primera reacción fue: ‘Oh, es una lata’. Pero no había ninguna lata en el suelo”, recordó. La experiencia le dijo que podría ser algo más interesante. Por eso, pidió a Eliza que comenzara a grabar “por si acaso”.

De la sospecha a la certeza
La excavación comenzó con paciencia. Bajo el arbusto apareció un objeto cubierto de tierra y difícil de identificar. En un principio, Richardson pensó que podría ser “una bala o un trozo de estaño”. Sin embargo, al tomarlo en la mano notó algo distinto: su peso.
“Hasta el momento en que lo tuve en mis manos, todavía no creía realmente que fuera oro”, confesó. Instantes después, al limpiar la pieza, la verdad salió a la luz: una enorme pepita de oro. “¡Dios mío! ¡Eso es oro! ¡Mira qué grande!”, gritó emocionado ante la cámara.

Un hallazgo que cambia planes
El valor de la pepita, calculado en función del precio actual del oro (unos 5.200 dólares por onza), superaba los 40.000 dólares (34.160 euros). Con esa suma, Richardson y su esposa planean cumplir un sueño que llevaba años aplazando: “Debería valer lo suficiente para pagar nuestra caravana, algo que llevaba mucho tiempo esperando”.
Para el prospector, que lleva años recorriendo Australia Occidental y su estado natal de Victoria, este hallazgo fue excepcional: “Esperaba que llegara el día en que me uniera a lo que llaman el club de la onza. Estuve cerca algunas veces, pero conseguir de repente uno de 7 onzas fue realmente un sueño hecho realidad”.
Perseverancia, el verdadero secreto
Richardson asegura que encontrar una pepita así no depende de la suerte. Para él, la clave es la investigación previa y la constancia. “Mucha gente compra un detector y se va a cualquier parte pensando que encontrará oro. Hay que investigar. Si has investigado una zona y crees que debería haber oro... tienes que trabajar el terreno con mucho, mucho cuidado”, señala.
Australia Occidental, insiste, ofrece condiciones ideales para esta actividad. “Nos encanta. Nos gusta el espacio abierto. También es un estado muy favorable para la prospección. El gobierno de Australia Occidental realmente apoya la minería, lo que incluye la prospección”.
La pepita ya ha despertado el interés de un comprador profesional. Sin embargo, Richardson ha encargado una réplica exacta para conservar en su hogar, como recordatorio de la misma y el día en que la encontró.
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