
La historia de la minería en España está marcada por numerosos accidentes que demuestran el riesgo de trabajar en esta industria. La desgracia del pozo del Cerredo (Asturias) hurga en la herida de este sector, sumándose a una larga lista de siniestros que se han cobrado la vida de cientos de mineros.
Entre estos, el más reciente tuvo lugar en 2013, en el Pozo Emilio del Valle (León) donde, también una explosión de grisú, provocó la muerte de seis trabajadores. Carlos Pérez, Manuel Moure, Antonio Blanco, Orlando González, Roberto Álvarez y José Luis Arias perdieron la vida en 11 segundos, a 694 metros de profundidad.
El accidente más trágico
Pero el accidente más trágico de la historia reciente de España tuvo lugar al término de la dictadura franquista, hace cincuenta años, en Barcelona, concretamente en la mina de Fígols, donde, de nuevo, un escape de grisú se cobró la vida de 30 mineros.
El siniestro tuvo lugar el 3 de enero de 1975, en la mina La Consolación, que tenía minas que llegaban hasta los 1.000 metros de profundidad. En total, 25 mineros murieron en el acto y otros cinco heridos muy graves en el Centro Hospitalario de Manresa. Cerca de 6.000 personas acudieron a los funerales de los fallecidos.
La mina era propiedad de la empresa Carbones de Berga S.A. En el auto del procesamiento judicial, cuatro directivos de la organización, el director de la mina, dos ingenieros y un facultativo de minas fueron condenados al considerar su implicación directa en la incidencia que hubo en el circuito de ventilación, ya que la excavación estaba considerada como “sin grisú”.
Por otro lado, durante el mes de noviembre de ese mismo año, se produjeron hasta doce accidentes graves en la misma mina, todos por contactos eléctricos. Después, en 1995, la explotación fue cerraba de forma definitiva por la crisis del carbón que azotaba en la década de los 80.

El accidente más mortal del siglo XX
No obstante, el accidente con mayor número de víctimas tuvo lugar en la ciudad de Sevilla. Hay que retomarse a principios del siglo XX, cuando tuvo lugar la catástrofe minera de La Reunión, en la madrugada el 28 de abril de 1904.
El incidente tuvo lugar por una chispa que prendió fuego al gas acumulado en las galerías subterráneas, con la terrible consecuencia de una potente explosión y el posterior derrumbe de la mina de carbón andaluza.
Tras la explosión y el derrumbe de una de las galerías, a las tres de la tarde de ese mismo día ya se habían sacado 53 cadáveres y 10 heridos leves. Sin embargo, el 30 de abril continuaban las labores de extracción de los difuntos, que ya sumaban 57. No fue hasta una semana después de la tragedia cuando, finalmente, las víctimas mortales sumaron un total de 63 mineros.

La magnitud del desastre conmocionó al país y evidenció las duras condiciones en las que operaban estos profesionales en aquellos momentos. Tras la catástrofe, los mineros supervivientes convocaron una huelga que finalizó a los pocos días.
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