La agonía interminable del caso Déborah: 22 años sin saber quién asesinó a una joven hallada muerta en una cuneta

La magistrada del Juzgado de Instrucción número 2 de Tui ha acordado el sobreseimiento y archivo provisional del caso en el que se investigaba su muerte

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concentración para pedir que el asesinato de Déborah Fernández "no quede impune (Marta Vázquez Rodríguez/Europa Press)
concentración para pedir que el asesinato de Déborah Fernández "no quede impune (Marta Vázquez Rodríguez/Europa Press)

Déborah Fernández apareció muerta en una cuneta en el 2002. Junto al cuerpo se encontraban un preservativo usado y un pañuelo, por lo que todo apuntaba a un crimen sexual. Sin embargo, esto no fue más que una escena ficticia creada por el autor para despistar. 22 años más tarde y tras la lucha de la familia porque continúe la investigación, la magistrada del Juzgado de Instrucción número 2 de Tui ha acordado el sobreseimiento y archivo provisional del caso.

La jueza explica en el auto que el acervo probatorio recabado contra el único investigado, el exnovio de Déborah, “no es suficiente para hacer una imputación verosímil de un hecho delictivo concreto”. Esta última diligencia consistía en una prueba de ADN al único acusado para cotejarse con el semen encontrado en la vagina de la víctima y el condón, pero ha acabado dando negativo. De esta manera se han agotado todas las vías abiertas desde la reapertura del caso en 2019.

Un día normal

Era 30 de abril de 2002 y Déborah, de 22 años, acudió por la mañana a la escuela donde estudiaba Diseño Gráfico. Al parecer ese día se encontraba mal, por lo que se fue antes a su casa y tras comer y acudir a la peluquería, salió a correr por la tarde. La primera parte del recorrido la hizo junto a su prima, una de las últimas personas que la vio con vida.

Al despedirse le dijo a su familiar que, aunque era víspera de festivo, esa noche no iba a salir. Prefería quedarse en su casa y ver una peli del videoclub. En concreto quería ver Amelie. Comenzó su camino de vuelta, donde se cruzó con un conocido cuando solo le faltaban unos cientos de metros para llegar a su casa. Eran las 20:45 y esta fue la última vez que fue vista antes de su desaparición.

Sin causa de muerte

Tuvieron que pasar diez días para que se encontrará su cuerpo en una cuneta a unos 10 kilómetros de su casa. Estaba cubierto por hojas de acacias y a su alrededor tenía un preservativo usado junto a su funda, un pañuelo de papel y un cordón verde bajo el cuerpo. Algo que más tarde se descubrió ser una escena ficticia, incluso se llegó a la sospecha de que el autor había introducido postmortem el semen en la vagina de la chica, “de forma artificial”.

¿Por qué se llegó a esta conclusión? El cadáver no presentaba signos de violencia ni de agresión sexual. Esto llevo a los forenses a dos hipótesis diferentes. La primera de ellas, la de la muerte súbita, pero el propio informe de la necropsia parece identificarla como opción remota: “No se aprecian alteraciones morfológicas miocárdicas en el origen de las coronarias, válvulas o sistema de conducción que puedan ser causa de muerte súbita”.

A esta idea se suman los allegados de la víctima, que les parece una teoría totalmente ilógica. “Si estás con alguien y esa persona se muere no tienes nada que ocultar; lo lógico es que llames a una ambulancia”, relataba la hermana de Déborah en unas declaraciones al periódico La Voz de Galicia.

La otra hipótesis era la muerte violenta por sofocación. El problema estaba en que los especialistas que examinaron el cuerpo no encontraron fracturas ni señales típicas de estrangulación en lengua, laringe o tráquea, pero no descartaron la “sofocación por oclusión de orificios respiratorios” con un objeto blando.

Tras la reapertura del caso en 2019, la familia entregó al tribunal un informe pericial realizado por un prestigioso criminólogo y forense, Aitor Curiel, que concluye que Déborah no murió por causas naturales, sino que la causa de su fallecimiento fue violenta, concretamente por asfixia por sofocación con un objeto blando. Sin embargo, la jueza ha concluido que no existen pruebas suficientes para determinar la forma en la que murió la joven.

El único sospechoso

La causa fue cerrada la primera vez al no dirigirse la investigación judicial hacia ninguna persona. Sin embargo, los policías si tenían un sospechoso claro: su exnovio. La principal prueba era las múltiples contradicciones en sus declaraciones sobre la noche de la desaparición y que al no presentar signos de violencia, el autor tuvo que ser algún conocido de Déborah.

Pablo P. S. a su llegada a declarar por la muerte de su exnovia Déborah Fernández (Javier Vázquez/Europa Press)
Pablo P. S. a su llegada a declarar por la muerte de su exnovia Déborah Fernández (Javier Vázquez/Europa Press)

Sin embargo, ahora el juzgado ha absuelto al hombre. A parte de la prueba de ADN, la jueza añade que el investigado “ha explicado qué hizo esa noche y no se ha logrado evidenciar que fuera falso”, pues afirma que “sus contradicciones y rectificaciones afectan a aspectos accesorios de su testimonio, pero no permiten afirmar, ni tan siquiera indiciariamente, que él estuvo con la víctima la noche de la desaparición y que además la mató, dejando su cuerpo en una cuneta”.

De esta forma, incide en que “la declaración judicial prestada por el investigado no arrojó ningún dato incriminatorio distinto a las contradicciones ya reseñadas, las cuales no acreditan su participación en los hechos delictivos”.

La magistrada insiste en que todo lo investigado, tal y como sostiene el Ministerio Fiscal, “permite elaborar hipótesis, pero la expuesta por la acusación particular parte de una inferencia demasiado abierta, en el sentido de que con los mismos indicios pueden alcanzarse también otras conclusiones alternativas que impiden que la expuesta y defendida pueda darse por probada”.

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