
En ocasiones suena lejano, de un futuro del que no formarán parte las actuales generaciones o se incluye en un informe denso y distante. Sin embargo, el cambio climático ha dejado durante este verano cuatro evidencias de su existencia y ha constatado su presencia en nuestros días.
La degradación del medioambiente tiene muchos rostros y depende del lugar donde emerja. En zonas áridas extremará el calor, en lugares boscosos será en forma de incendio, en grandes ciudades será en golpes de calor. El cambio climático tiene varias caras, pero todas hablan del mismo tema: si no se reducen las emisiones de combustibles fósiles, la supervivencia está en juego.
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Este verano, España ha tenido al menos cuatro evidencias claras de cómo el calentamiento global afecta en el día a día: la proliferación de medusas en las playas, el incendio forestal de Tenerife, las cuatro olas de calor y los muertos relacionados con el calor y la sequía de Málaga y los cortes de agua nocturnos para no desperdiciar un recurso que ya empieza a escasear.
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“Indudablemente, el cambio climático es un factor común en todos esos elementos”, sostiene Sergio Bonmati, técnico de Clima y Energía de WWF. “El cambio climático incrementa el riesgo de que se produzcan alteraciones en el clima y, con ello, que se den las consecuencias que ya podemos observar a día de hoy. Ya sabemos que, a mayor incremento de la temperatura media del planeta, mayor incremento en los riesgos asociados”, arguye.
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La crecida de las temperaturas de los océanos ha llevado a una intensa proliferación de medusas. La temporada de medusas amplía así su calendario, que históricamente se delimitaba entre julio y septiembre, pero que ha ganado algunas semanas más al año. Las medusas se reproducen cuando la temperatura del agua aumenta, así que ahora han aumentado su margen reproductivo y por eso aparecen más. Sin embargo, también por ese aumento del calor, mueren más y aumenta el número de cadáveres de medusas que llegan a las playas.
Algo más alejado de las costas ha sido la presión que muchas ciudades han sufrido por el calor. España ha contabilizado un total de cuatro olas de calor durante este verano y el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITECO) ha relacionado 2.035 muertes de este verano con la crecida de los termómetros. El aumento de las temperaturas ha provocado un aumento en las muertes relacionadas con esto ya que muchas ciudades no están aclimatadas a la nueva realidad que impone el calor.
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La sequía en Málaga, en concreto en la provincia de Axarquía, es otra representación del cambio climático. La falta de lluvia provocó que el embalse de La Viñuela estuviera en guarismos mínimos, por debajo del 10% de su capacidad, lo que llevó a muchos pueblos de la región, entre ellos Vejer-Málaga o El Borge, a cortar el agua de los grifos por las noches. Las casas no han tenido acceso a agua potable entre las 00.00 y las 07.00 durante todo el verano a la espera de nuevas precipitaciones. En otros muchos pueblos costeros de la zona, las duchas del paseo marítimo también han sido cortadas ante la falta de agua.
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Sin embargo, además de la sequía, “el estrés hídrico en nuestro país se debe también, en gran medida, a una mala gestión del agua en la sobreexplotación de acuíferos, regadío intensivo, pozos ilegales...”, apuntan desde WWF. Prueba de ello es que la UNESCO ha dado un ultimátum a la Junta de Andalucía para revertir las políticas en torno al Parque de Doñana, que entrará en la Lista de Patrimonio Mundial en Peligro si no hay indicios de que el gobierno andaluz intenta conservar adecuadamente el entorno.
Otra evidencia del cambio climático ha sido el violento incendio de Tenerife. Tras más de 12.000 hectáreas quemadas en apenas una semana. La causa del incendio no está clara, aunque esa cuestión no es la que evidencia los condicionantes relacionados con el cambio climático. La fuerza del fuego, que por momentos era “inapagable”, se debía a un cóctel medioambiental generado por el calentamiento global: falta de lluvias, sequía, una fuerte ola de calor y una mala conservación del bosque, donde no se han hecho los adecuados trabajos de prevención de incendios.
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Sin embargo, el actual panorama no impide trazar futuros optimistas: “Todavía tenemos la oportunidad de limitar el incremento medio de temperatura a 1.5ºC —objetivo límite consensuado en los Acuerdos de París aprobados en 2016—. Si conseguimos limitar el incremento de temperatura a mediante la reducción de emisiones, podremos limitar en gran medida los riesgos e impactos asociados al cambio climático”. Como decían los ecologistas en clave alarmista, pero con mucho poso real: este verano ha podido ser el más fresco del resto de tu vida.
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