Es un debate que se ha intentado abordar, tanto en el Senado como en el Congreso de los Diputados. En ambas cámaras no se puede hablar en otro idioma que no sea en español. Una condición que ha provocado que, en más de una ocasión, se hayan producido momentos tensos. El presidente del Congreso ha llegado a retirar la palabra al orador o, incluso, se ha procedido a la expulsión del hemiciclo de los diputados implicados.
En abril del año 2013, Jesús Posada, entonces presidente del Parlamento, echó de la tribuna al parlamentario de ERC, Joan Tardá, por no cesar en su estrategia de hablar en catalán, a pesar de que Posada le reiteró en numerosas ocasiones que no podía hacerlo. No hace mucho, Yolanda Díaz, vicepresidenta y ministra de Trabajo en funciones, se dirigió en el Senado a un parlamentario gallego del Partido Popular. Lo hizo el gallego y la presidencia tuvo que parar su intervención. La ministra acató.
A pesar de su acatamiento en aquel momento, Yolanda Díaz ya ha reconocido que Sumar está a favor de que en la sede de la soberanía nacional se pueda dar espacio a las lenguas cooficiales. En una entrevista en ‘La Hora de La 1′, la vicepresidenta y ministra de Trabajo en funciones se ha mostrado favorable a modificar el Reglamento del Congreso: “Nos gustaría que las Cámaras, no solo el Senado, sino también el Congreso, podamos propiciar una reforma del reglamento para que podamos expresarnos en las lenguas cooficiales”. La líder de Sumar considera que esta modificación supondría “un avance hacia un país plural” y una forma de “ganar derechos para las distintas identidades de nuestro país”.
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Estos ejemplos ponen de manifiesto que las lenguas cooficiales no llegan ni al Congreso de los Diputados, ni al Senado. No obstante, sí que hemos podido escuchar de muchos de los parlamentarios que provienen de comunidades autónomas con lengua propia saludar o terminar sus intervenciones en su propio idioma. Los diputados del Bloque Nacionalista Galego, Joan Baldoví de Compromís, los diputados de EH Bildu y PNV o, incluso, a pesar de ser los más polémicos, los grupos catalanes, también hacen uso de estos recursos parlamentarios.
A pesar de no estar recogido en el Reglamento del Congreso de los Diputados, algunos parlamentarios y miembros del Congreso apuntan que es una regla no escrita y mantienen que si se excede del mínimo permitido por la Mesa, la presidencia procede a parar la intervención.
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Al no existir ningún tipo de prohibición expresa, es la Mesa del Congreso y más concretamente, la presidencia es quien decide hasta que punto se puede llegar. Por ejemplo, durante la presidencia de Celia Villalobos y Posada, ambos acotaban a estos parlamentarios que empleaban una lengua diferente al castellano. No obstante, durante el breve mandato de Patxi López, la situación cambio. Durante la primera investidura fallida de Pedro Sánchez, los parlamentarios pudieron hablar en castellano, gallego o catalán durante un breve espacio de tiempo. Ana Pastor, por su parte, no desalojó jamás a nadie del hemiciclo por esta circunstancia, aunque sí se atrevió a llamarlos al orden, estrategia parecida a la que sigue hoy en día.
La cuestión, ahora, se limita a un debate entre en enriquecimiento cultural y parlamentario de un foro como el que representa a la soberanía nacional y la efectividad del entendimiento entre los participantes. Esta dualidad obligaría a que, en caso de hablar catalán, gallego o euskera, serían necesarios traductores que permitieran a los demás representantes de la ciudadanía, ser capaces de comprender el discurso político que se está pronunciando en la tribuna.
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