El privilegio de votar en una gran ciudad: más de un millón de votos de Sumar y Vox se va a la basura en pequeñas circunscripciones

Las nuevas fuerzas políticas deben conseguir ser competitivas en las circunscripciones pequeñas para evitar que los votos caigan en saco roto

Partido más votado sin escaño por circunscripción

La campaña electoral ha ido de eso. Feijóo apelaba al voto útil y Sánchez también. Ambos animaban a los electores a apostar por los dos grandes partidos para frenar al bloque contrario. Sin duda, en parte funcionó. El PSOE ha cosechado los mejores resultados en votos desde Zapatero, mientras que Feijóo ha logrado superar los ocho millones de sufragios.

No obstante, España vive ahora un momento político diferente al de Zapatero, Aznar o González. En 2015, acabó el sistema de bipartidismo imperfecto y tomaron protagonismo nuevos partidos. En su día, Podemos amasó los cinco millones de votantes y Ciudadanos, en abril de 2019, superó los cuatro. Ambos lograron ser fuertes en las provincias medianas y pequeñas, cuestión que este 23-J no se ha dado ni en Vox ni en Sumar.

Aunque en diferentes momentos, tanto el PP como el PSOE han visto a sus nuevas versiones capaces de recortar tanto espacio como para firmar un sorpasso. Finalmente no ocurrió. Podemos se desinfló en abril de 2019 y Ciudadanos tardó menos: en apenas seis meses pasó de 57 escaños a 10. Hoy, la formación naranja está completamente desaparecida y Podemos diluido en la coalición de Sumar.

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El sorpasso fue una posibilidad gracias a la fuerza de los partidos emergente en provincias medianas y grandes, donde una gran cantidad de votantes se sintió identificada con estas nuevas opciones. “El electorado español está marcado por el tipo de circunscripción que se utiliza, que es la provincia. Este sistema viene de lejos, concretamente, de la época de la transición. Los grandes partidos querían evitar la aparición de movimientos alternativos y priorizar sus intereses. Lo que vivimos ahora son los efectos a largo plazo de este diseño”, explica Iago Moreno, sociólogo y especialista en política digital.

Cuando más sufrió el bipartidismo fue en abril de 2019: Ciudadanos superó los 55 representantes, la ultraderecha entró en la cámara con 24 escaños y Unidas Podemos pudo resistir superando la treintena de asientos en el hemiciclo. La pérdida de poder político de los grandes partidos se dio, principalmente, por la caída tan pronunciada del Partido Popular, que pasó de 137 a 66 diputados.

José Luis Rodríguez Zapatero en un mitin. (Rocío Ruz / Europa Press)

En las elecciones generales del pasado 23 de julio, en cambio, las formaciones tradicionales se han visto fortalecidas dentro de sus bloques y han aglutinado la gran mayoría de los escaños que se les escaparon en abril de 2019. La casi inexistente presencia de Sumar y Vox en las pequeñas provincias –cuatro escaños o menos– es una buena prueba de ello. “La izquierda alternativa suele ser la más afectada, aunque no es la única. En esta ocasión, la derecha hizo mucho hincapié en el voto útil. El planteamiento también perjudicó a Vox, que se quedó sin representación en muchos territorios”, apunta Moreno.

El dilema de votar en una pequeña provincia

Los votantes de las pequeñas provincias, que son aquellas en las que no se reparten más de cuatro escaños, se enfrentan a una especie de disyuntiva cada vez que se convocan elecciones generales. “Tienen que elegir entre expresar sus convicciones políticas o simplificarlas para poder incidir en el resultado final”, señala el sociólogo.

Esta situación se repite cada cuatro años en circunscripciones como León, Lugo, Huesca, Zamora o Cuenca, donde ni Sumar ni Vox han conseguido representación pese a reunir miles de sufragios. En total, la coalición liderada por Yolanda Díaz cuenta con 597.987 votos que no han obtenido escaño, un dato que supone casi un 20% de sus votos. La extrema derecha ha sufrido el mismo atropello con 486.910 papeletas, lo que se traduce en el 16,1% de los sufragios sin representación. Entre las dos fuerzas, suman más de un millón de votos que han acabado en la basura, el 35,9% del total.

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Otras formaciones no han corrido la misma suerte. PACMA, la CUP o Teruel Existe ha visto cómo sus votos no han servido para obtener ningún tipo de representación. Literalmente, unos cuantos cientos de miles de apoyos han caído en saco roto.

“Mucha gente no tiene claro como funciona el sistema electoral, pero la norma se hizo en base a unas cuestiones arbitrarias, para defender unos intereses que probablemente ni siquiera coincidan con lo que se buscaba por aquel entonces”, explica Moreno.

En cualquier caso, España no es una excepción. “La situación es mucho peor en otros países, como Estados Unidos o Inglaterra, donde los votantes tienen que elegir entre dos partidos”, continúa. Muchos analistas y politólogos han planteado distintas soluciones, unas más centralistas y otras más ecuánimes, como la entrada de una circunscripción a la que vayan todos los votos no contados. Sin embargo, las fuentes consultadas ponen sobre la mesa las dificultades de esta propuesta: “Es importante entender que ninguna ley electoral es del todo neutra”.

El coste de los escaños

Por el diseño del sistema electoral español, es imprescindible que las candidaturas sean lo más competitivas posibles en términos electorales en las zonas donde menos escaños se reparten, ya que, en ocasiones, solo por el hecho de quedar como tercera fuerza política en un territorio, no es suficiente para lograr representación parlamentaria.

Ninguno de los grandes partidos ha quedado tercera fuerza y no ha logrado escaños porque en las circunscripciones donde hay peligro de que se dé esa situación, tanto el Partido Popular, como el Partido Socialista, son fuerzas tremendamente competitivas, lo que les ha asegurado, al menos, un representante político. Es relevante señalar que Ceuta y Melilla juegan otra liga, ya que, tan solo, reparte un diputado cada ciudad autónoma.

En el caso de la ultraderecha, el porcentaje de votos que ha perdido ha sido 2,81 puntos, un dato que, en el cómputo total, no es demasiado. Sin embargo, ha sido suficiente para no alcanzar el corte necesario y dejar que el PP y el PSOE se repartan los asientos. Este fenómeno se da en Burgos, Soria, Zamora, Palencia, León, Salamanca, Cáceres, La Rioja, Cuenca y Albacete, es decir, zonas rurales en las que se reparten pocos diputados y es imprescindible alcanzar el número suficiente de votos capaz de competir con los cocientes del PP y PSOE.

Sumar, aun siendo la tercera fuerza y repartiéndose ocho escaños [considerada circunscripción mediana] no ha sido capaz de ser competitiva en Baleares. No obstante, en todos aquellos territorios donde la plataforma de Yolanda Díaz se posicionó como tercera fuerza ha logrado pasar la barrera de D’Hondt.

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En estas elecciones, el partido que más votos ha pagado por un escaño ha sido Vox. En este sentido, el único que logró por Sevilla le ha costado 140.000 votos y no les ha salido nada baratos los diputados de Almería, Cádiz, Barcelona, Las Palmas, Madrid, Murcia, Toledo y Valencia. En comparación con las demás fuerzas políticas, allí también han sido a los que más les ha costado un asiento.

Urnas de votación 23J (Ricardo Rubio - Europa Press)

Por contra, el PP es el que mejor ha rentabilizado sus papeletas. Se ha llevado, por menos votos, los escaños de 20 capitales de provincia y en las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, pero han sido los más perjudicados en Albacete, Burgos, Cantabria, Ciudad Real, Córdoba, Guadalajara, Jaén, León, La Rioja y Valladolid.

El diputado más caro de Sumar ha sido el de Alicante, en total 114.000 votos para ganarse el asiento en el Congreso; el más barato ha sido el representante de Girona, por el que pagaron poco más de 35.000 papeletas. El PSOE, por su parte, tiene sus dos diputados más costosos en Pontevedra, en Cáceres y Badajoz, mientras que los más económicos han sido los de Albacete, Baleares, Lleida, Madrid, Murcia, Navarra, La Rioja, Soria y Tenerife.

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El voto útil

Se ha repetido hasta la saciedad, pero ¿habría sido rentable?. Infobae España ha planteado la posibilidad de que se presentasen los bloques en una sola candidatura, ¿habrían cambiado significativamente el resultado?. Es imprescindible señalar que todos los estudios sociológicos indican que muchos votantes de Vox y Sumar no apostarían por introducir la papeleta del bipartidismo, sin embargo, es interesante plantear la opción para demostrar si la hipótesis de las fuerzas políticas mayoritarias es correcto.

El bloque de la derecha solo habría mejorado sus resultados en Madrid, donde se reparten 37 diputados y la correlación de fuerzas mejoraría en solo un escaño, pasando del 20-17 actual, al 21-16. En Lleida habrían ganado 1 escaño y en Tarragona y Murcia otro. Por el contrario, en Badajoz, Asturias, Sevilla, Málaga y Guadalajara, les ha beneficiado la división. En el bloque de la izquierda, mejoraría en Huelva, Málaga, Guadalajara, Toledo, Badajoz, Álava y Asturias.

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