Drew Starkey encara el final de Outer Banks y apuesta por una nueva etapa con papeles más riesgosos, en un momento de transición profesional que lo encuentra con tres estrenos en marcha y sin compromisos de largo plazo por primera vez en siete años.
A los 31 años, el actor atraviesa una etapa bisagra, ya que combina por estas semanas la promoción de la quinta y última temporada de Outer Banks, prevista para el 20 de agosto, con la difusión de Lucky, la serie de Apple TV en la que comparte elenco con Anya Taylor-Joy, y Onslaught, una producción de A24 dirigida por Adam Wingard que llegará a comienzos de septiembre.
El cierre de una etapa con Rafe Cameron
Durante cinco temporadas, Starkey interpretó a Rafe Cameron, uno de los personajes más oscuros y discutidos de Outer Banks. En la serie de Netflix, su papel quedó asociado a la violencia, la manipulación y una inestabilidad que, con el paso de los episodios, también sumó una dimensión emocional que alimentó la identificación de parte del fandom.
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“Creo que es una persona que merece amor”, afirmó Starkey en una entrevista exclusiva con GQ sobre su personaje. “Necesita ser visto para sentirse comprendido. Siempre se sintió como la oveja negra. Así que sí, estoy orgulloso de él. Creo que hizo lo mejor que pudo”, agregó. Luego sumó una frase que condensó su mirada sobre Rafe: “Todavía necesita ir a terapia”.
El cocreador y director de la serie, Jonas Pate, sostuvo ante GQ que la recepción del personaje tuvo mucho que ver con el trabajo del actor. “Drew logró que el público empatizara con alguien con quien probablemente no debería haber empatizado”, señaló.
Pate sostuvo que Starkey no suavizó al personaje, sino que expuso “al chico asustado que había debajo del monstruo”, una definición que ayuda a explicar por qué Rafe acumuló millones de visualizaciones en videos y ediciones de fans.
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Tres lanzamientos y un nuevo perfil en pantalla
Lejos de repetir fórmulas, Starkey eligió en su nueva agenda títulos que amplían su rango. En Lucky, encarna a Cary, el marido del personaje de Taylor-Joy y además hijo de un jefe mafioso.
La actriz, que también participa como productora ejecutiva, explicó a GQ que lo eligió después de verlo en Queer, el drama de Luca Guadagnino estrenado en 2024. “Fue una corazonada”, señaló Anya Taylor-Joy, al recordar cómo definió su elección durante la búsqueda del actor para ese papel.
La otra apuesta fuerte de Starkey es Onslaught, definida en el perfil como una mezcla de slasher y acción. Allí interpreta a un agente gubernamental alterado por MDMA que debe intervenir en una operación nocturna tras un experimento militar fallido. El director Adam Wingard elogió su trabajo y aseguró ante GQ que en cada escena “siempre había un detalle extra que Drew aportaba y que llevaba la escena a otro nivel”.
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Wingard fue más allá y lo ubicó cerca de un salto mayor dentro de la industria. Dijo el actor tiene “un encanto y un carisma” que anticipan un futuro de mayor protagonismo en el cine. GQ también destacó que Starkey consiguió varios de sus papeles recientes sin audiciones formales.
“Un agente libre”, entre el entusiasmo y el vértigo
El final de Outer Banks también implica un cambio estructural en su carrera. Sin contratos pendientes para varias temporadas, Starkey describió su situación actual con una expresión tomada del deporte: “Un agente libre”. Después bromeó con otra comparación: “LeBron James”.
La frase que siguió mostró un tono menos liviano y más introspectivo. “No tengo ni idea de qué va a pasar, y creo que eso es justamente lo emocionante”, afirmó. Luego añadió: “Da miedo. Es bastante aterrador”. Esa combinación entre libertad e incertidumbre atraviesa buena parte del perfil, donde el actor aparece como alguien que intenta alejarse del encasillamiento sin perder el vínculo con el trabajo que lo volvió famoso.
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Starkey también dejó claro que no pretende despegarse con desdén de la serie juvenil que lo lanzó a la fama. “Amé, amé, amé mi experiencia en esa serie”, afirmó en GQ. Al recordar su última jornada de rodaje, relató que terminó llorando después de la última toma, pese a que antes creía estar listo para cerrar esa etapa.
El costo emocional del trabajo
Otro de los ejes del perfil es el modo en que Starkey vive la actuación. El actor sostuvo que se siente más cómodo detrás de un personaje que en la exposición pública ligada a las entrevistas o a la fama. “No me gusta demasiado la atención. No me gusta que la gente me mire”, dijo, en una descripción de la paradoja que atraviesa a muchos intérpretes.
Más adelante, explicó por qué el trabajo le resulta tan absorbente. “Terminé esta última película y me quedó esa sensación de no querer pisar nunca más un set”, declaró a GQ. Según su relato, cada proyecto lo deja exhausto y con una fuerte carga emocional. “Siento que quedo como una cáscara vacía”, añadió.
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En esa misma línea, reconoció que suele vivir el oficio como una competencia consigo mismo. “Siento que lo trato como si fuera un deporte, en el que compito conmigo mismo”, señaló. También admitió que quiere entender por qué su autoestima queda tan ligada a los resultados de cada trabajo.
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