A los 66 años, Kristin Scott Thomas vive con más alegría y vincula ese momento al amor, al trabajo terapéutico y a la sensación de haber dejado atrás una etapa de tragedia en su carrera. En una entrevista con How To Fail with Elizabeth Day, la actriz recordó el duelo por la muerte de su padre y de su padrastro en la infancia, además del desconcierto de su primera película con Prince.
En How To Fail with Elizabeth Day, la actriz contó que perdió a su padre a los cinco años y a su padrastro a los 11, que no abordó ese dolor a fondo hasta la treintena y que inició un psicoanálisis cuando ya tenía dos hijos para no transmitirles esa carga. También habló de su debut en Bajo la luna de cereza con Prince y explicó que hoy se siente más libre porque encontró el amor.
La actriz vinculó ese pasado con My Mother’s Wedding, la película que dirigió, coescribió y protagonizó. “Quería tomar mi pasado y convertirlo en algo positivo”, dijo en How To Fail with Elizabeth Day, y añadió que se había cansado de que cada perfil sobre su vida redujera su infancia a una tragedia.
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Scott Thomas explicó que durante años reprimió lo que sentía y que en los 70 no tuvo apoyo psicológico: “Era muy buena guardándomelo todo, sin dejar que nadie lo viera. ‘No llores en clase. No hagas esto. No hagas aquello. Reprímelo todo. Sé la más divertida del lugar’”.
En esa conversación situó el punto de inflexión cuando ya era madre: “Fue cuando tuve hijos porque no quería transmitírselo”.
También explicó que empezó entonces un psicoanálisis “muy en serio” durante seis o siete años. “Tener hijos me permitió ver en qué me había equivocado, dónde me estaba castigando y dónde me hacía daño de forma innecesaria”, señaló.
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La muerte de su madre, hace cuatro años, reabrió el duelo de otra manera. “Llorar a mi madre fue como ser atropellada por un tanque”, dijo, antes de describirla como una mujer “extraordinaria”, valiente y poco preparada para afrontar la viudez con varios hijos pequeños.
Scott Thomas contó que nunca habló a fondo de ese dolor con ella porque pertenecía a otra generación. “Lo superó sin superarlo, sin entrar ahí”, afirmó, y añadió que esa tristeza contenida también le sirvió para encarnar personajes con una pena secreta ante una cámara que, según dijo, no la juzgaba.
El debut fallido con Prince
Al pasar a su primer fracaso profesional, la intérprete no suavizó el recuerdo. “Fue horrible”, dijo sobre Bajo la luna de cereza, su primera película con Prince, según relató en How To Fail with Elizabeth Day.
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Recordó que llegó a la audición después de llamar la atención con una obra en Francia y que todo se aceleró muy rápido: “Me preguntaron si quería hacer la prueba para el papel principal. ‘Sí, me encantaría’. Nunca había estado en un hotel y me preguntaron en cuál quería alojarme en Niza”.
El encuentro con el músico le resultó deslumbrante y extraño a la vez “Era una admiradora enorme. Era 1982 o 1983 más o menos. Escuchaba aquel disco todo el verano y, de pronto, estaba con ese hombre”, explicó.
Describió una fama, rodeada de protección y nerviosismo: “No sé si era él o todo lo que había a su alrededor, este monstruo de fama y talento, con gente que lo protegía como loca. Era una atmósfera muy rara”.
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Scott Thomas dijo que aquella experiencia no le enseñó a manejar su propia celebridad porque pertenecía a otra dimensión: “Aquello era extraterrestre. Nunca volví a encontrar nada parecido”.
La actriz también admitió cuánto desconocía del oficio en ese primer rodaje. “Literalmente, no sabía que había que hacer lo mismo dos veces cuando ruedan un plano general y un primer plano. No lo sabía. No sabía nada”, señaló.
Al revisar la película, apenas soporta algunos fragmentos, aunque rescata lo aprendido. “La banda sonora es increíble. La fotografía es increíble. Y estoy muy agradecida, para ser sincera, porque me enseñó muchísimo”, admitió.
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La alegría en la madurez
Scott Thomas respondió sin dudar: “Sí. Encontré el amor, que es algo muy hermoso, y también conseguí completar cosas en mi carrera”.
Explicó esa sensación con una imagen de cierre artístico. “Ya hice la tragedia. Siento que ya la hice. Vacié la bolsa. No queda nada”, dijo, y situó ese alivio: “No tengo que volver a llorar nunca más por un padre muerto”.
La actriz sostuvo que esa etapa no nace solo del paso del tiempo, sino también del trabajo personal: “Hice mucho trabajo. Nunca lo oculté. Trabajé mucho con terapeutas y psicoanalistas para mantenerme en el buen camino, y funcionó”.
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También habló de una relación más serena con el reconocimiento del público. “Acepté que si la gente disfruta lo que haces, eso no tiene nada de malo”, dijo, y lo vinculó a su experiencia más frecuente en el teatro y al pacto que se crea cada noche con los espectadores.
En la entrevista, Scott Thomas también corrigió una idea sobre la experiencia femenina y defendió que haya más mujeres escribiendo obras. “Necesitamos más dramaturgas para que sea más normal que las mujeres suban al escenario y hablen de nuestros cuerpos, del parto, de la menopausia, de la vida”, concluyó.