Rumbo a la XIII edición de los Premios Platino, decenas de personalidades del cine y la televisión se dieron cita en el hotel Xcaret para conversar con los medios de comunicación.
Entre ellos estuvo Pablo Cruz, actor que interpretó a Roberto Gómez Bolaños en la serie Chespirito: sin querer queriendo, que además, se llevó el premio del público a Mejor Miniserie. Conversando con Infobae, Pablo reveló los retos de darle vida a uno de los cómicos más queridos de Latinoamérica, además de hacer una profunda reflexión del por qué su imagen genera sentimientos tan polarizantes en México.
“Me sorprendí mucho cuando recibí la invitación al casting”, confiesa Pablo entre risas, pues con el maquillaje fuera, el parecido con el creador de El Chavo del 8 es nulo. Además de agradecer al equipo que lo transformó en Chespirito, Pablo asegura que encontró “puntos de identidad” que lo hicieron conectar más con el personaje y, al final, Cruz “desapareció” a lo largo de 10 semanas para convertirse en Roberto Gómez Bolaños.
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“Si me revelo, deseo que sea una cosa orgánica, si el personaje se revela ante mí que simplemente sea una manera de entender otras cosas de mí mismo en piel ajena”, comparte Pablo refiriéndose tanto a su trabajo en la serie como a su trayectoria actoral.
Convertirse en Chespirito no fue tarea sencilla. Diariamente, Pablo debía despertar a las 4 de la mañana para rasurarse todo el cuerpo. Posteriormente, llegaba a la filmación y pasaba por todo el proceso de maquillaje que también requería mucho tiempo, una dinámica que el actor describió simplemente como “algo tedioso”; no obstante, el sacrificio rindió frutos.
La complicada relación de Chespirito y México
La figura de Chespirito es sumamente polarizante. Mientras en gran parte de Latinoamérica adoran su trabajo, importantes sectores de México no encuentran particularmente divertida su comedia.
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Desde su perspectiva, Pablo considera que este fenómeno se dio por un clasismo que, hasta el día de hoy, sigue causando estragos en la sociedad mexicana:
“Mucha gente, incluso pudiendo apreciar lo que estaba ahí, esa interpretación, de lo que son muchas comunidades en Latinoamérica, lo vieron como una alegoría a la miseria. Hubo una posición muy clara que decía que dependiendo de qué tipo de humor consumías, si te gustaba o no Chespirito, entonces pertenecías a cierto círculo social o ideología, lo cual es una pendejada”, asegura Cruz sobre la relación entre los mexicanos y el trabajo de Chespirito.
Pablo confiesa que su misma familia no consumía el trabajo de Bolaños, lo cual hizo que él se acercara hasta su adultez y ahora más protagonizando la serie del comediante. Al final, una relación de mucho cariño se gestó y ahora Pablo manda un mensaje a todo el público mexicano que le dio la espalda a El Chavo, El Chapulín Colorado o El Chanfle sin haberle dado al menos una oportunidad de hacerlos reír:
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“Dense la oportunidad de gozar un contenido que está hecho para que nosotros, hermanos latinoamericanos e iberoamericanos entendamos una faceta más de quienes somos, aunque a veces sea incómodo aceptar que eso es lo que somos, somos eso también”.