El Super Bowl LX fue escenario de un episodio inesperado que cruzó los límites deportivos y musicales: durante el espectáculo de medio tiempo, Bad Bunny actuó como testigo en una boda real celebrada ante millones de espectadores en el Levi’s Stadium y a través de las pantallas.
La escena, poco común incluso para este tipo de eventos, expuso el mensaje central de la noche al mostrar el poder del amor frente a cualquier obstáculo.
El show comenzó con ovaciones y la energía característica del artista puertorriqueño, quien alternó sus éxitos con fragmentos de clásicos del reguetón.
La sorpresa apareció cuando, tras una interpretación breve de “Mónaco”, las cámaras mostraron a una pareja de novios sonrientes, vestidos de blanco, rodeados por cortejo nupcial y músicos.
El oficiante pronunció: “Ahora son marido y mujer”, seguido por el beso de los recién casados y la ovación del público.
Según la prensa especializada, la veracidad del evento fue confirmada por los representantes de Bad Bunny, quienes aclararon que tanto la ceremonia como el matrimonio tenían plena validez legal.
Los nombres de los novios no se hicieron públicos, pero se supo que la pareja había invitado al cantante a su boda y que él les ofreció celebrarla en el escenario del evento deportivo más visto del año.
El intérprete firmó como testigo en el certificado de matrimonio, lo que otorgó legitimidad al acto.
La atmósfera festiva creció con la aparición de Lady Gaga, quien sorprendió al público interpretando “Die With a Smile” junto a una banda en vivo.
Los recién casados, junto a un pastel de bodas de varios niveles, disfrutaron sus primeros momentos de unión legal bajo la atención de las cámaras.
Bad Bunny, vestido de blanco, bailó con Gaga y animó a los novios a un “baile inolvidable” al ritmo de su tema homónimo.
Durante la recepción improvisada, el reguetonero compartió el escenario con los recién casados, bailó con una niña pequeña y despertó a un niño dormido sobre las sillas, un gesto que conmovió a los espectadores latinoamericanos.
Visiblemente emocionado, exclamó: “¡Baile! ¡Baile! ¡Baile!”, alentando a los novios mientras los rodeaban bailarines y músicos, y el público los ovacionaba.
La presencia de celebridades continuó con Pedro Pascal, Cardi B, Jessica Alba y Karol G como invitados sorpresa, participando en la coreografía general.
Ricky Martin interpretó algunas líneas de “Lo que le pasó a Hawái”, reforzando la presencia de figuras de la música latina en el escenario.
El repertorio de Bad Bunny incluyó canciones como “Tití me preguntó”, “Yo Perreo Sola”, “Voy a llevarte pa’ PR” y “NuevaYol”, junto a fragmentos de temas emblemáticos de la música urbana como “Pa que retozen” de Tego Calderón, “Dale don dale” de Don Omar y “Gasolina” de Daddy Yankee.
Esta selección, acompañada por la banda de salsa puertorriqueña Los Sobrinos, convirtió el espectáculo en un homenaje a la diversidad cultural de Puerto Rico.
Uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando Bad Bunny entregó uno de sus premios Grammy a un niño que, según la historia del show, representaba una versión infantil de sí mismo.
Al darle el galardón, dijo en español: “Para siempre en ti”, destacando el valor de la herencia y la inspiración para las nuevas generaciones.
La puesta en escena del famoso artista, cuyo nombre real es Benito Antonio Martínez Ocasio, incluyó un mensaje social y cultural.
Mientras el cantante exhibía banderas de distintos países, una pantalla mostró la frase “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.
El cierre fue directo cuando Bad Bunny tomó un balón de fútbol americano con la inscripción “Juntos somos América” y lo lanzó al aire, insistiendo en la idea de unidad y diversidad en medio de la celebración.
En la rueda de prensa previa, había anticipado que su espectáculo sería “una fiesta enorme” en la que el público solo debía preocuparse por bailar y disfrutar, sin importar el idioma.