Impulsada por la curiosidad y la necesidad de salir de zonas conocidas, Stacy Martin construyó un recorrido artístico que va del rigor físico de la danza a la investigación en biografías y ciencia como fuentes de inspiración. Fiel a ese espíritu inquieto, la actriz —una de las figuras más destacadas del cine independiente— asumió uno de los retos más singulares de su carrera con El testimonio de Ann Lee, un musical experimental dirigido por Mona Fastvold.
En la película, Martin da vida a la líder espiritual madre Jane Wardley y vuelve a dejar clara su negativa a quedar atrapada en un solo registro. “Me gusta la idea de transgredir expectativas”, aseguró en una entrevista con The Guardian, donde explicó su atracción por personajes complejos, incómodos y alejados de los moldes tradicionales.
La espiritualidad y lo inexplicable, motores creativos
Nacida en Francia y criada entre Londres y Los Ángeles, la actriz sostuvo que, aunque no se consideraba religiosa, experimentó fenómenos inexplicables que la llevaron a reflexionar sobre la relación entre el cuerpo y la espiritualidad.
“Hay una cantidad de cosas que no puedo explicar”, compartió Martin, quien relató que una bombilla en su casa parpadeaba misteriosamente hasta que, tras consultar a su vidente habitual, decidió comunicarse con el supuesto espíritu.
“Nunca volvió a parpadear”, relató. Martin evitó llamar “fantasma” a esa experiencia, pero admitió que existen cosas “que la mente no entiende, aunque el cuerpo las sepa”.
El desafío de interpretar a madre Jane Wardley
Sobre su interpretación como madre Jane Wardley, Martin explicó a The Guardian que la información disponible sobre la figura histórica era limitada y que destacaba únicamente su consejo a Ann Lee sobre la abstinencia matrimonial.
La película, protagonizada por Amanda Seyfried en el rol de Ann Lee, exploró la espiritualidad de los Shakers a través de la música y el movimiento, y enfatizó la intensidad física de la fe colectiva.
“Para el movimiento ser tan visceral, y sobre la catarsis y la adoración... me sorprendió que decidiera no tener relaciones con su esposo”, reflexionó Martin.
En tanto, consideró que la práctica de la abstinencia en esa época podía entenderse como una estrategia de autonomía femenina: “Probablemente era la única manera en que las mujeres podían conseguir estatus”. Según la doctrina Shaker, suprimir el deseo sexual ayudaba a evitar jerarquías de género.
Un equipo recurrente, un entorno de confianza
La dinámica de rodaje favoreció el trabajo colaborativo con una compañía estable, liderada por Fastvold y Brady Corbet, coguionista del filme. Martin valoró la relación con el equipo recurrente: “Trabajar con el mismo grupo, en un espacio donde te exigen porque te conocen tan bien, me impulsa a crecer”.
Entre los colaboradores habituales estuvieron el músico Daniel Blumberg, encargado de la banda sonora, la coreógrafa Celia Rowlson-Hall y el actor Christopher Abbott, todos presentes en los proyectos de Fastvold y Corbet.
El lenguaje del cuerpo: danza y catarsis
Las coreografías diseñadas por Rowlson-Hall aportaron a Martin una experiencia nueva en la expresión corporal. “La violencia delicada de la coreografía me fascinó”, comentó.
Los ensayos intensivos de dos semanas le evocaron el ambiente de un campamento de verano. “No es que yo haya ido alguna vez a uno, pero fue una convivencia muy especial”, bromeó Martin.
Vínculos personales y artísticos
La relación profesional con Fastvold y Corbet tuvo impacto personal en Martin: “Viví con ellos, ellos vivieron conmigo; vi crecer a su hija. Mona es un referente para mí, entiende que a veces no hay solución, solo necesitamos desahogarnos. Eso es una amiga increíble de tener”.
Asimismo, desde su perspectiva, la película también exploró los propios vínculos de Fastvold con la maternidad, ya que “crea un espacio para que las personas prosperen y para que los artistas se unan y trasciendan lo que la sociedad les dicta”.
De “Nymphomaniac” a los Oscar: coherencia y riesgo
Desde su irrupción en 2013 con Nymphomaniac de Lars von Trier, Martin orientó su trayectoria hacia proyectos de autor y equipos con realizadores de visión personal. “Apostar por cineastas y proyectos liderados por directores siempre fue crucial para mí”, indicó en declaraciones recogidas por The Guardian.
La experiencia de participar en los Oscar junto al equipo de El Brutalista —película galardonada con tres estatuillas— reforzó esa convicción: “Te ponen alcohol debajo del asiento, creo que era tequila… Es útil para animar a la gente porque aquello dura bastante. Pensé: probablemente no volveré, así que debía aprovecharlo al máximo”.
El ritual del cine y los nuevos desafíos
El amor de Martin por el cine trascendió lo profesional y se reflejó en sus rutinas diarias. Era asidua a pequeñas salas como Close-Up en el este de Londres y coleccionaba DVDs. Tuvo especial afecto por la desaparecida tienda The Film Shop, donde encontraba recomendaciones y compró buena parte del catálogo cuando cerró. “El ritual de descubrir películas me encantaba”, recordó con nostalgia para The Guardian.
En los períodos de pausa entre proyectos, Martin se sumergía en biografías de cineastas y en la física cuántica. “Algunos de mis amigos adoran el tema y yo intento entender de qué hablan”, comentó, siempre receptiva a nuevos desafíos intelectuales.
Proyectos futuros y nuevos horizontes
Evitó repetirse en los personajes que aceptó. Recientemente rodó una adaptación de Sense and Sensibility, donde encarnó a Fanny Dashwood, la antagonista de Jane Austen, y se preparó para interpretar a Isabella Blow en The Queen of Fashion, donde vistió piezas originales de Alexander McQueen y Marc Jacobs.
Aunque valoró sus oportunidades en el cine independiente, no descartó actuar en una franquicia de alto presupuesto. Además, confesó con humor su deseo de participar en una película de dinosaurios: “Intento manifestar estar en la próxima Jurassic Park”.
A sus 35 años, Martin avanzó con decisión, convencida de que la creatividad y los nuevos retos siguen llegando a quien se atreve a soñarlos.