Los pequeños y medianos productores de Usulután, en el oriente de El Salvador, enfrentan una situación crítica tras acumularse once días consecutivos sin lluvia durante la actual temporada agrícola. La prolongada sequía ha puesto en riesgo la germinación y el desarrollo de los cultivos establecidos en abril, lo que podría derivar en la pérdida total de la siembra en esa región, según advirtió Luis Treminio, presidente de la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO), en declaraciones a Telecorporación Salvadoreña.
De acuerdo con el representante de CAMPO, el retraso y la irregularidad de las lluvias en Usulután han afectado especialmente a quienes optaron por sembrar maíz y frijol antes de la segunda quincena de junio. “Si la semilla logra germinar y pasan más de doce días sin precipitaciones, la planta corre alto riesgo de perderse”, afirmó Treminio. Actualmente ya existen reportes de parcelas donde la germinación inicial se ha estancado y las plantas muestran signos de estrés hídrico irreversible.
La situación de Usulután refleja un problema más amplio en el sector agrícola nacional. La recomendación técnica de Asociación CAMPO, que se desprende de las sugerencias del Ministerio de Medio Ambiente, es postergar la siembra al menos hasta la segunda semana de junio, cuando el invierno suele estar más consolidado y el suelo presenta mejores condiciones de humedad. Sin embargo, la ansiedad por anticiparse a una eventual sequía llevó a que algunos productores adelantaran el ciclo de siembra, exponiéndose a períodos secos y altas temperaturas.
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El fenómeno climático de El Niño ha intensificado la incertidumbre para los agricultores. Informes internacionales, como el presentado por el meteorólogo estadounidense Jeff Berardelli y recogido por Telecorporación Salvadoreña, pronostican que 2026 podría registrar una de las anomalías de temperatura superficial del mar más altas en la región del Pacífico en los últimos 150 años, con incrementos de hasta tres grados Celsius (5,4°F) respecto al promedio. Según estos análisis, el fenómeno del Niño provocará un año con lluvias irregulares, olas de calor más intensas y riesgo de sequía prolongada en Centroamérica.
El Ministerio de Medio Ambiente de El Salvador y la agencia estadounidense NOAA coinciden en que el invierno se establecerá plenamente hacia la primera semana de junio, después de un mes de mayo especialmente cálido. Las previsiones meteorológicas señalan que las lluvias serán más escasas y dispersas, lo que obliga a los productores a ajustar sus calendarios agrícolas. En palabras de Treminio, “este año podría considerarse de alerta máxima para la agricultura nacional”, anticipando pérdidas similares a las de 2016, cuando una sequía prolongada redujo a la mitad la producción de granos básicos.
La falta de lluvias no es el único factor que compromete la producción. El aumento sostenido en el precio de los insumos agrícolas, que desde 2021 casi duplicó los costos para los productores, ha reducido la capacidad de siembra y la disponibilidad de semillas y fertilizantes. Telecorporación Salvadoreña detalló que el precio de los insumos agrícolas pasó de 485 dólares en 2021 a 822 dólares en 2022.
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El impacto de la sequía y del fenómeno de El Niño en la producción nacional de granos básicos se refleja en las proyecciones para el ciclo 2026-2027. Según datos de CAMPO, la producción nacional de maíz, frijol, sorgo y arroz alcanzará veinte millones de quintales, frente a los veinticinco millones necesarios para abastecer la demanda interna. El déficit más agudo se proyecta en el maíz, con una brecha de cuatro millones setecientos setenta mil quintales, seguido por el frijol y el sorgo, productos en los que también se anticipan faltantes importantes.
La respuesta inmediata para cubrir este déficit será, según Treminio, el aumento de las importaciones. En 2025 las compras externas de cereales subieron un 29%, mientras que las importaciones de hortalizas y verduras crecieron un 14.9%, de acuerdo con cifras oficiales del Banco Central de Reserva (BCR). El Salvador depende principalmente de Nicaragua para el abastecimiento de frijol, y de Estados Unidos y México para el maíz, aunque la oferta internacional puede variar en función de la producción y las restricciones de los países exportadores.
La advertencia de los productores de Usulután ilustra la vulnerabilidad del agro salvadoreño ante los cambios climáticos y la urgencia de políticas que fortalezcan la resiliencia del sector. “Es peligroso convertirse en un país meramente importador de alimentos”, subrayó Treminio, quien instó a esperar el inicio pleno de las lluvias antes de sembrar y a priorizar semillas adaptadas a la sequía para mitigar los efectos de un año considerado crítico por el sector agrícola.
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