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Lucía Fainboim: “La escuela tiene que proponer otros usos digitales que no sean chatarra”

La especialista en crianza y bienestar digital reflexionó sobre el rol de los adultos en la educación a lo largo de los niveles y cómo se trata de aprender a escuchar antes de juzgar en los usos de la tecnología

“Probablemente estés viendo esta entrevista en tu teléfono, quizá en el subte o en la fila del súper. La tecnología es una ventana al mundo que se nos abre y nos fascina, pero a veces hay que comprender bien qué nos muestra o cómo lo miramos”, reflexionó Patricio Zunini para dar inicio a la charla con Lucía Fainboim quien se sumó a las conversaciones propuestas por la solución integral educativa Ticmas en su podcast.

Fainboim es licenciada en Ciencias de la Comunicación y consultora especialista en Ciudadanía y Crianza digital; y una referente clave en el estudio del impacto de la tecnología en la infancia, la adolescencia y las familias.

Pantallas en la educación

“Nuestro vínculo en la educación y en la crianza con las pantallas es una historia muy reciente. Creo que tuvimos una primera etapa de decir sí a todo, donde más tecnología en cualquier ámbito de nuestra vida parecía mejor”, reflexionó Fainboim y agregó: “ me parece que estamos entrando en un momento interesante, donde no todo uso digital genera una experiencia per se más significativa”.

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“Tampoco podemos eliminar los usos digitales, porque hay experiencias muy interesantes. Creo que entramos en un momento de empezar a discernir cuándo sí, cuándo no, de qué manera, y ahí requiere un rol adulto activo, que es lo que más nos cuesta”, destacó.

Y señaló: “¿Quién va a tomar esas decisiones? ¿Quién va a decidir qué tecnología potenciamos y qué tecnología reducimos o evitamos? ¿Qué usos estimulamos? ¿Qué usos queremos correr un poquito? Y ahí hay una invitación muy concreta que incomoda al mundo adulto a ocupar ese rol adulto también en decisiones digitales.”

Escuela, familia y comunidad

“Obviamente que hay distintas responsabilidades y contextos, pero creo que en cualquier espacio que esté un chico o una chica, hay un montón de decisiones que tomar, incluidas las decisiones digitales”, resaltó Fainboim. Y destacó: “El gran desafío es poder incluir lo digital en nuestro trayecto de vida y especialmente en el trayecto de vida de los chicos, y eso requiere que el mundo adulto, familias, docentes, tomadores de decisiones, se pongan la 10.”

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“La primera estrategia tiene que ver con tomar dimensión de que hoy como venimos, estamos mal; y ahí sí me parece un punto de partida. Eso no quiere decir que sea dramático, porque también no quiero caer en la desesperación, podemos cambiar un montón de cosas que están pasando”, planteó la especialista.

Y explicó: “lo que veo en las escuelas todos los días es preocupante y tiene que ver con el corrimiento adulto. Hay chicos, hoy vemos que la edad promedio de primer celular está bajando y en tercer grado y en sala de 5, en muchos colegios los chicos tienen un celular, y no por el celular en sí, que no creo que lo tengan que tener, sino que lo que más me preocupa es que no hay un criterio desde una perspectiva de cuidados”.

“La serie Adolescencia nos shockeó mucho y nos dejó una enseñanza que, como todo, nos dura dos minutos. Esa frase final de la madre que dice yo pensé que estaba seguro porque estaba en su cuarto y creo que eso nos debería haber dejado un poco más de huella, de entender que hoy la vida digital de los chicos es importante y que tenemos que como primer paso para pensar cómo intervenir y entenderla”, subrayó.

Además señaló: “esto implica escuchar, charlar, observar qué hacen, leer un poco de noticias de qué está pasando. No podemos fingir que esto no existe o que es irreal porque realmente impacta. Entonces creo que lo primero es acercarnos a qué plataformas usan, cómo las usan, qué les importa, qué les impacta.”

Brecha generacional y hacerse cargo

Fainboim destacó que la brecha generacional y esa encriptación entre el mundo adulto y los adolescentes “hoy se intensifica con la tecnología y me parece que al punto que también hay que llegar es que esto nos resulta cómodo a los adultos. El adulto está cómodo con el no tengo idea. La verdad es que cuando uno ve el mundo adulto estamos todo el día con el celular, no estamos mirando el horizonte leyendo Shakespeare.”

“Me parece que quizás un primer paso es establecer conversaciones sobre todo con escucha de qué les pasa a los chicos en lo digital. Que no quiere decir contame la configuración, sino qué te pasa. Cuando tenés un problema a partir de qué plataforma hablas con tus amigos, en cuál sentís que te pueden llegar a dejar de lado, en cuál te sentís más vulnerable, cuál disfrutas más. Los chicos adolescentes se quejan mucho de que el mundo adulto menosprecia sus prácticas digitales”, planteó.

Y aseguró: “No es fácil escuchar a un adolescente. No cualquiera está dispuesto y capacitado. Es un ejercicio que hay que hacer y que hay que practicarlo, donde hay veces que hay que comernos las opiniones, la pregunta rápida de ¿pero por qué? ¿pero cómo? ¿por qué te importa? No voy a opinar automáticamente, quiero entender. Cuando el adolescente pesca, que hay un adulto con ganas de entender desde la empatía, habla.”

Entender al adolescente y sus usos digitales implica escuchar y empatizar asegura Lucía Fainboim

Prevenir no es igual a apagar un incendio

Ante la pregunta sobre los motivos por los que una escuela la convoca, Fainboim destacó que “hay escuelas más apagadoras de incendios. Hay muchos temas convivenciales en primaria, en grupos de whatsapp, grupos masivos donde los chicos se maltratan, se hostigan, se hacen memes, stickers, excluyen mensajes anónimos. Eso está pasando mucho en primaria.”

Y señaló: “En secundaria, lamentablemente, también hay muchos casos de violencia de género digital. No tenemos a los equipos formados para trabajar esta temática y ahí intervenimos. Después hay colegios que cada vez más empiezan a querer hacer planes anuales para hacer una estrategia de uso reflexivo de tecnología”.

“Hoy tenemos escuelas que en sala de cinco los chicos tienen celular y escuelas que en segundo año de secundaria no tienen celular. Es muy diverso lo que está pasando, entonces ahí está el desafío que a mí más me interesa: las escuelas que se juegan por una estrategia más profunda que tenga que ver con instalar el tema en la agenda escolar, en la currícula y trabajar con toda la comunidad educativa”, reflexionó.

El rol de los docentes

“La verdad que para mí es re lindo trabajar con docentes porque en general siempre tienen ganas de aprender, de pensar cómo incorporar en sus prácticas aúlicas lo que vemos. A veces aparecen tensiones, de pronto con inspectoría, con equipos directivos, que en muchos casos aparece el miedo a una denuncia, aparece el miedo a que quizás si tomo una medida esto asienta un precedente y yo después me tengo que hacer cargo de este precedente”, planteó.

“Algo que trabajamos con las escuelas y que me parece importante es que no improvisen. Lo peor que le podría pasar a una escuela es que le explote un caso, por ejemplo de deepfake, de edición de imágenes con inteligencia artificial. ¿Qué queremos? Que la escuela no tenga que googlear en el momento qué es un deepfake”, resaltó y aseguró que la clave es no caer solo en una mirada punitivista sino también de acompañamiento, de mensajes a dar.

Y explicó: “Obviamente siempre es doloroso cuando explota un caso, pero encima si lo abordamos mal, con torpeza, porque no estuvimos preparados, podemos empeorar mucho más tanto a quien está sufriendo, incluso aumentar el daño.”

“Lo que nos pasa a las familias también le pasa a la escuela, esta coherencia entre cómo crío en el mundo físico y cómo crío en el digital y esta coherencia de cómo educo, cómo genero marcos, acuerdos y normas escolares de convivencia y cómo incluyo lo digital. Creo que nos vamos acercando, porque las escuelas hoy sí se van dando cuenta que el tema les pertenece”, resaltó Fainboim.

Celulares en las aulas ¿sí o no?

Ninguna prohibición soluciona un tema profundo, pero volviendo a esta idea de que veníamos muy mal y que estamos muy mal con este tema, creo que hasta que lleguemos a un consenso un poco más profundo, algo hay que hacer, porque realmente los chicos están teniendo un problema de concentración enorme y eso afecta no sólo el presente, sino el futuro. Son preocupaciones que por ahí uno en inicial ya las ve distintas.”, insistió Fainboim.

Y señaló: “Cada vez me encuentro mayoritariamente con familias a nivel inicial que están con este tema muy en claro, muy en agenda, a veces desde el embarazo. Cómo vamos a trabajar el tema pantallas, cuáles son nuestras decisiones. Entonces después queda una generación en el medio, que son los chicos de hoy entre 7 y 16 años, que están muy atravesados por las pantallas y que creo que hasta que podamos decidir un poquito mejor cuál es el plano ideal, reducir el celular en la escuela, nos ayuda a mejorar sus prácticas de aprendizaje.”

“No somos Noruega y una escuela que no tiene dispositivos digitales, si vos eliminas el celular obviamente que le quitas la posibilidad de alfabetizarse digitalmente. Entonces creo que hay que ver caso por caso, pero yo lo que estoy viendo es realmente que las escuelas están aliviadas cuando se regula el celular y también la práctica docente. Hay docentes que me decían me la pasaba el 83% de la clase teniendo que decir guarden el celular; es desgastante también.”, planteó.

Gamificación, aprendizaje y resistencia

“Lo que nos estamos notando es como eso impacta en la subjetividad de la época y especialmente la subjetividad de los chicos que se la pasan entonces buscando recompensas en las experiencias que viven y eso empieza a ser una competencia desigual con experiencias cotidianas que no están llenas de recompensas”, planteó Fainboim.

Y explicó: “Porque los vamos acostumbrando a que todo sirva para algo casi como en el acuario cuando le tiran los pececitos a los peces grandes para que salten. Hace esto que te doy un premio y cuando no hay premio ¿lo hago?. Hay estrategias que son válidas, pero yo creo que el tema es la cantidad, el acostumbramiento y también entender que los chicos aprenden por experiencias, sobre todo en nivel primario.”

“Hay todavía una falta muy fuerte de poner el cuerpo, de que entendamos que el aprendizaje significativo en general está vinculado con una experiencia, con un otro, con algo que yo hice, no sólo estar esperando el premio para obtener un mejor rendimiento”, planteó.

“Hoy la escuela es de los pocos espacios de resistencia a todo esto. Para aprender algo hay un proceso. Yo con los chicos de quinto grado les traigo mucho esta idea de inicio, nudo y desenlace”, reflexionó.

Otro punto que Fainboim destacó es que “muchas familias se quejan de que la escuela le pide puntos de vista a los chicos y a muchos chicos les cuesta tener un punto de vista. Y hay docentes que entienden esto de lo que está faltando quizás afuera de la escuela”.

La curiosidad en lo digital

Retomando la curiosidad destacada por Melina Furman en sus investigaciones y libros, Fainboim planteó que la escuela es un lugar donde la llama está presente. “Hay docentes que se ponen también la tarea de decir esto que te está interesando vamos a fondo porque la tecnología es muy diversa y hay tecnología que nos sirve para profundizar y para amar el conocimiento y hay tecnología que sólo nos permite un vuelo muy superficial”, destacó.

Y subrayó: “Creo que hoy el punto que nos inquieta y que va en contra profundamente de la curiosidad, así como de la concentración y otras cosas, es el escroleo. Vos imaginate un cerebro que querés que sea curioso, que le interese y que le motive a aprender mucho de algo y ve un reel sobre un terremoto, pasa un reel cómo guardar las remeras en el placar, pasa otro reel el fin del trabajo por la inteligencia artificial, otro reel cómo inflar las gomas del auto. Bueno, eso es lo anticurioso, es la antítesis del pensamiento profundo”.

“Porque no te permite ir a fondo con alguna idea porque ya te distrajiste con otra cosa, no terminaste ni de cerrar lo que estabas pensando. Entonces creo que no es tecnología sí o tecnología no; sino qué tecnología y para qué”, explicó.

Y destacó “La escuela tiene que proponer otros usos digitales que no sean chatarra, que sean usos que nos cansen, que nos generen a veces incomodidad, frustración, pero que ameriten ir a lo profundo, explorar mi propio conocimiento, comparar. Hay un montón de cosas espectaculares para hacer. Quizás lo que hoy juega más en contra contra la curiosidad es el picoteo de chatarra en el escroleo”.

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