Alguna vez se dijo que una buena “crema antiage” es en realidad aprender un nuevo idioma; en términos de mantener al cerebro joven y activo. Pero no solo se trata de una cuestión de mayor longevidad sino de entender que un cerebro bilingüe ejecuta coreografías neuronales que potencian el aprendizaje; más allá del idioma en el que se encuentre trabajando en ese momento.
La flexibilidad cognitiva es la capacidad mental de alternar entre diferentes conceptos o adaptar el pensamiento; el famoso “switch” (cambio) entre idiomas. De acuerdo a un reciente estudio de Education World Wide (EduWW): “El bilingüismo en entornos virtuales actúa como un multiplicador del crecimiento cognitivo, permitiendo a los alumnos desarrollar una infraestructura cerebral más resiliente y eficiente.”
Un gimnasio neuronal y mayor control
Cuando un niño, adolescente o adulto hace “malabares” y logra cambiar entre idiomas somete a su cerebro a una tensión cognitiva elevada que resulta beneficiosa.
El uso activo de al menos dos lenguas estimula la reorganización funcional del cerebro. Esto se observa tras haber detectado un aumento significativo en la densidad de la materia gris en áreas clave del procesamiento lingüístico y el control ejecutivo.
“La plasticidad cerebral se potencia mediante la activación constante de redes neuronales, mejorando la coordinación y eficiencia cognitiva. Las investigaciones revelan una mayor conectividad en áreas del procesamiento lingüístico” (Universidad ISEP, 2025).
Por otro lado, se destaca que aquellos que pueden inhibir un idioma mientras trabajan con otro logran mayor concentración; algo clave en un mundo sobrecargado de estímulos que muchas veces complejiza el proceso de aprendizaje tanto online como presencial. De acuerdo al informe de EduWW, los estudiantes bilingües poseen un “filtro de enfoque” superior que aquellos que son monolingües.
El “centro de mando” se potencia
Las áreas encargadas de la planificación, la memoria de trabajo y la resolución de problemas del cerebro son las más beneficiadas en el caso de las personas bilingües. Un estudio de la Universidad de California (UCLA), en Estados Unidos, difundido en enero de 2025 señala que el “multilingüismo no solo mejora las capacidades cognitivas generales, sino que refuerza el control de los pensamientos y acciones diarias tanto en niños neurotípicos como en niños con autismo.”
En un mundo donde las pantallas son parte de lo cotidiano; un cerebro capaz de cambiar rápidamente de tareas y de adaptarse a nuevas reglas (metalingüística) es un potente “decodificador”.
De acuerdo a EduWW, los estudiantes bilingües no solo aprenden el contenido, sino que además comprenden las estructuras subyacentes del aprendizaje, lo que les permite activar mecanismos de procesamiento de información compleja de manera más veloz y eficiente.
Aprendizaje a lo largo de la vida
El mundo actual requiere la adquisición de saberes en continuo, pero ¿cuándo es el mejor momento para comenzar con un nuevo idioma? La respuesta siempre será “nunca es tarde”; aunque estudios citados por el centro internacional BCBL (Basque Center on Cognition, Brain and Language) destaca que ya “Desde los 4 meses de edad, los bebés criados en entornos bilingües muestran respuestas cerebrales únicas.”
Por su parte, EduWW refuerza que los “bilingües tempranos”, aquellos que logran comprender dos idiomas antes de los cinco años, experimentan mayores ganancias de aprendizaje a lo largo del tiempo; aunque los programas de inmersión en la etapa K-12 siguen siendo los mejores catalizadores del desarrollo.
Aprender un idioma en la adultez también tiene un impacto positivo en la plasticidad cerebral además de lo que implica acceder a todo el conocimiento que se adquiere a nivel cultural junto a un idioma.
El cerebro bilingüe es el que se observa hoy como mejor preparado para un mundo que exige velocidad y “switcheo” entre contenidos y formas de aprender; capacidades que la inteligencia artificial no puede diluir en la experiencia de ser humano a la hora de comprender el mundo.