Pensar en educación es pensar también en la construcción de sociedades más justas, pacíficas y sostenibles; esa es la propuesta de la Asamblea General de las Naciones Unidas que estableció el día internacional de la educación como un espacio de celebración y de reflexión que lleve a la acción.
“En la actualidad, 250 millones de niños y jóvenes están sin escolarizar y 763 millones de adultos son analfabetos. Su derecho a la educación está siendo violado y es inaceptable. Es hora de transformar la educación”, destaca la UNESCO.
La pandemia de COVID-19 muestra todavía sus secuelas en los informes internacionales que marcan ciertos retrocesos con respecto a niveles de comprensión lectora, matemáticas y brechas de género entre algunos de los temas claves que hacen a la educación parte inseparable de ser humano y libre.
Un poco de historia
En 1948, la Declaración Universal de Derechos Humanos estableció en su artículo 26 que “toda persona tiene derecho a la educación” generando también la obligación para las Naciones de tomar las medidas necesarias para la alfabetización en igualdad de oportunidades.
Otro hito clave fue la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos en Jomtien, Tailandia, en 1990; donde 155 países se comprometieron a universalizar la educación primaria. Y diez años después, en el 2000, en el Foro Mundial sobre la Educación en Dakar se crearon nuevas metas para el 2015 en diálogo con la importancia de ver a la educación como derecho y no como privilegio.
La aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y específicamente el OSD 4 que busca “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos” es una agenda que marcó un antes y un después en entender a la educación en vínculo con el desarrollo sostenible de las naciones y el bienestar de las personas.
La proclamación del Día Internacional de la Educación- a partir de la resolución 73/25 de la ONU- llegó como una forma de consolidar, en 2018, el camino iniciado en 1948.
El poder de transformar
Hablar sobre el aprendizaje, los conocimientos, la pedagogía y sus impactos siempre genera pasiones. A lo largo de la historia diversos pensadores, filósofos e incluso personalidades han mencionado la importancia de la misma y el impacto en sus vidas.
Por ejemplo, Aristóteles se llevaría muy bien con la hoy muy difundida posición sobre el aprendizaje continuo a lo largo de la vida, ya que para él “la educación es el mejor aprovisionamiento para la vejez”. El pedagogo Paulo Freire revolucionó el pensamiento educativo al poner el foco en las personas que educan y quienes aprenden: “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”
Por su parte, el activista y ex presidente de Sudáfrica. Nelson Mandela afirmó que “la educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”; volviendo a poner el foco en el carácter transformador que el conocimiento ejerce en el ser humano. Incluso Malala Yousafzai, premio Nobel de la Paz, insistió con esa idea “Un niño, un maestro, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo”.
Los jóvenes en el centro
“Los jóvenes menores de 30 años constituyen más de la mitad de la población mundial. Son una fuerza motriz para el desarrollo sostenible, la innovación y la transformación social, pero siguen viéndose afectados de manera desproporcionada por la pobreza, la desigualdad y el acceso limitado a una educación de calidad y a oportunidades de trabajo dignas”, plantean desde la UNESCO.
No es menor la sinergia con la empleabilidad y la economía que se busca establecer con la educación en esta ocasión para así evidenciar su poder transformador en un presente de gran transformación tecnológica y necesidad de habilidades y competencias evolucionadas por el impacto de la IA.
Justamente fue en 2025 que el día internacional de la educación se centró en la revolución de la inteligencia artificial en el aprendizaje, pero en 2026 se vuelve a poner el acento en las personas y específicamente en los jóvenes que enfrentan el desafío de convertirse en socios activos del cambio.
El reloj que corre
Si bien el camino recorrido ha sido positivo para muchas naciones, la UNESCO advierte que al ritmo actual, no se alcanzarán los ODS 4 para 2030 ya que no solo se trata de buenas intenciones y filantropía. Invertir en educación es invertir en sociedades del futuro más justas, sostenibles y equitativas.
A este desafío económico se suma la formación y escasez docente, la inclusión de estudiantes con capacidades diferentes, el ausentismo, la infraestructura escolar, la educación de desplazados e inmigrantes o en zonas de conflicto o desastres naturales; entre otros temas urgentes que necesitan de acciones concretas.
El expresidente de la Comisión Europea, el político francés Jacques Delors, dejó en la historia de la UNESCO una frase que caló profundo: la educación como “tesoro” integral de la humanidad a partir de cuatro pilares claves: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser.