Agregar Infobae enGoogle

Qué aprendizajes del “milagro de Mississippi” pueden implementarse en la educación de Latinoamérica

En poco más de una década, el Estado más pobre de EE.UU. logró pasar de tener las peores escuelas a liderar en resultados académicos. Las claves de una transformación que desafía las recetas tradicionales

Una escuela con las banderas de Estados Unidos y del Estado de Mississippi. (Crédito: Google Earth)

El New York Times publicó este sábado un interesante artículo sobre la transformación educativa de Mississippi, un estado que en 2013 ocupaba el puesto 49 entre 50 en las pruebas nacionales y que hoy sus resultados de lectura en cuarto grado están entre los mejores del país.

Todo lo logró siendo uno de los estados más pobres del país y con bajo gasto educativo por alumno. De hecho, si se ajusta por factores demográficos y pobreza, Mississippi es el número uno en lectura y matemáticas. ¿Cómo lo hicieron? La respuesta desafía muchas de las recetas tradicionales sobre reforma educativa.

Primero habría que señalar qué no hizo: Mississippi no redujo el tamaño de las clases ni aumentó drásticamente el presupuesto por estudiante, dos de las medidas más mencionadas en los debates sobre educación. Tampoco se enfocó en temas como financiamiento escolar, justicia social o salud mental.

PUBLICIDAD

Mississippi está en el top-10 de los Estados conmejor desempeño en lectura y matemáticas (REUTERS )

Una transformación académica

El cambio partió de un impulso estrictamente académico que toma:

1. Una mirada integral en la enseñanza de la lectura. Mississippi adoptó lo que se conoce como “la ciencia de la lectura”, un método que se apoya en investigaciones sobre cómo funciona el cerebro al aprender a leer. Este método enseña sistemáticamente la relación entre letras y sonidos (fonética). Así, los estudiantes de primer y segundo grado aplauden, pisotean y marcan con las manos las sílabas de palabras complejas. Los más chicos clasifican letras en latas de “sopa de alfabeto”.

2. Responsabilidad institucional. El estado asigna a cada escuela una calificación de A a F, con la diferencia de que Mississippi no sólo mide si un estudiante alcanzó el nivel “competente” o no, sino que también premia el progreso. Si un niño empezó el año leyendo muy por debajo de su nivel y termina acortando la brecha, la escuela recibe crédito por esa mejora. Si el progreso, además, corresponde a un estudiante del 25% más rezagado, la escuela recibe el doble de crédito. Esto es clave porque, en lugares donde la principal motivación de los estudiantes es el almuerzo, esperar que en un año todos alcancen el nivel de lectura establecido para su edad en un año es irreal. Pero, si consiguen mejorar, el sistema reconoce el esfuerzo, y eso hace que las instituciones no los abandonen: justamente con ellos pueden ganar más puntos.

PUBLICIDAD

3. El Estado interviene. Tradicionalmente, cada distrito decide qué y cómo enseñar. Mississippi decidió quebrar la norma. El Departamento de Educación estatal, entonces, envía entrenadores especializados en alfabetización y matemáticas a las escuelas de bajo rendimiento para formar a los maestros. Los capacitadores planifican las clases junto a los docentes, dan clases con ellos y les dan devoluciones sobre cómo mejorar.

4. Tiempo de lectura. En algunos distritos, la escuela dedica hasta dos horas por día exclusivamente a la lectura, más 30 minutos extra de “tiempo de recuperación” para quienes van más lentos. Es una acción innegociable: el espacio está garantizado. Además, todos los maestros siguen el mismo currículo y el mismo ritmo, lo que significa que si un estudiante cambia de aula o de maestro, no pierde continuidad. Hay un cronograma firme y cada dos semanas, evaluaciones para ver quién va bien y quién necesita más ayuda.

5. Repetir tercer grado si no se aprueba lectura. Esta es la política más polémica. Los niños que llegan al final de tercer grado y no aprueban las pruebas estatales de lectura deben repetir el año. Hay algunas excepciones, pero entre 6 y 9% de los estudiantes de tercer grado recursan cada año. El Estado argumenta que la amenaza de repetir hace que las escuelas identifiquen temprano a los niños con problemas: los evalúan desde que entran a la primaria, avisan a los padres, y los que llegan a tercer grado con dificultades reciben apoyo extra después de clases. El día del examen, los padres llenan los pasillos con pompones para alentarlos.

El Estado de Luisiana ha comenzado a desarrollar acciones similiares a las de Mississippi con resultados prometedores (REUTERS/Kathleen Flynn)

Los límites del milagro

Los avances de Mississippi se concentran en los primeros años de primaria. En octavo grado, el Estado sigue en el puesto 41 en lectura y 35 en matemáticas según pruebas nacionales sin ajustar. El año pasado, los puntajes bajaron por primera vez fuera de la pandemia. Sin embargo, otros Estados como Louisiana y Alabama han implementado estrategias similares a las de Mississippi y empiezan a ver resultados prometedores.

El debate sobre el “milagro de Mississippi” está abierto. Lo que está claro es que este Estado pobre logró algo que a la mayoría se le escapa: mejorar sistemáticamente el aprendizaje de los niños más vulnerables.

Más Noticias

Estudiantes de todo Estados Unidos redactaron un marco seguro para el uso de la IA en las escuelas

Reclaman reglas para protejan la autoría, la privacidad y el derecho a una revisión humana. El desafío ya no consiste solamente en adoptar herramientas, sino en construir criterios institucionales que permitan decidir cuándo utilizarlas y cuándo prescindir de ellas

Fondos para universidades: la Justicia dejó firme el fallo que ordena aplicar la Ley de Financiamiento

El fuero Contencioso Administrativo desestimó la suspensión de la eje­cu­ción de la medida cau­te­lar a favor del Gobierno

Aprobaron un nuevo manual para trámites de validez nacional de títulos y certificados educativos

La nueva resolución reemplaza la norma vigente desde 2022 y establece un esquema actualizado para el reconocimiento nacional de títulos y certificados educativos no universitarios. El objetivo es reducir diferencias entre jurisdicciones, ordenar los procedimientos y dar mayor previsibilidad al sistema

Qué es el capital paciente y por qué ayuda a construir capital educativo

Comprender la ventana de opotundidad que se abre en un ciclo de aprendizaje permite repensar las alianzas entre empresas y educación

La evaluación tradicional da un portazo: el nuevo mapa para examinar el aprendizaje en la era de la IA

Más de cien investigadores, tecnólogos, responsables de política educativa y líderes de instituciones K-12 y universitarias se reunieron en la Universidad de Stanford, en California, Estados Unidos pusieron en jaque la forma de evaluar actual