
Los buenos modales en varios aspectos de la vida cotidiana, fundamentalmente en el ámbito laboral, constituyen las bases del éxito en nuestras relaciones interpersonales. Al respecto, la Real Academia Española (RAE) define “modal” como las acciones externas de cada persona con que se hace notar y se singulariza entre las demás, dando a conocer su buena o mala educación. Un informe de la revista estadounidense US News & World Report revela un preocupante deterioro de los buenos modales en la última década, contribuyendo a un aumento de la violencia y agresividad. Este estudio subraya la importancia de acciones simples, como saludar, agradecer y pedir disculpas, en la construcción de una sociedad más armónica.
La educación desde el hogar juega un papel crucial en el desarrollo de individuos respetuosos y cordiales, según destaca Hilda Levy, psicóloga y autora del libro Quiero que me quieran. Los buenos modales no solo facilitan las relaciones sociales sino que son esenciales en el entorno laboral. Bernardo Stamateas en su libro ¡Puedo superarme! resalta cómo un trato amable puede abrir oportunidades profesionales inesperadas, aprovechando las conexiones entre las personas.
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Teniendo en cuenta este panorama y la irrupción de la tecnología en varios aspectos de la vida, especialmente el auge de la inteligencia artificial (IA), es pertinente preguntarse si es conveniente o no, dar las gracias, pedir el favor, y en términos generales, ser cordiales y educados con los lenguajes de IA generativa como ChatGPT, Gemini, Copilot o similares.

Yo robot
En 1996, Byron Reeves y Clifford Nass, investigadores de la interacción humano-computadora, introdujeron el concepto de “educación de los medios”. Esta idea propone que, a menudo de modo inconsciente, las personas interactuamos con la tecnología como si estas tuvieran cualidades humanas. A través de su colaboración, realizaron experimentos que sacaron a la luz cómo las percepciones humanas hacia las máquinas pueden ser influenciadas por el comportamiento aparentemente humano de estos sistemas tecnológicos.
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En uno de sus experimentos, se le pidió a los participantes que utilizaran una computadora y posteriormente, se les solicitó que evaluaran su desempeño. De manera interesante, se observó que las calificaciones eran más favorables cuando se realizaban en la misma computadora utilizada para el trabajo. Este fenómeno sugiere una tendencia a evitar críticas negativas en presencia del equipo evaluado, similar a como se comportaría una persona. Además, se descubrió que los usuarios valoraban mejor a un ordenador que los había “elogiado” por su desempeño en una tarea, a pesar de ser conscientes de que los cumplidos eran generados automáticamente. Estos resultados destacan cómo la simulación de cualidades humanas, como la cortesía, por parte de sistemas tecnológicos, puede alterar la percepción del rendimiento de estos.
La investigación de Reeves y Nass ha sentado las bases para estudios posteriores sobre la antropomorfización de las máquinas; es decir, la atribución de características humanas a objetos o sistemas no humanos. Estos hallazgos han abierto debates sobre si es beneficioso o no humanizar la tecnología que utilizamos a diario. La relación entre seres humanos y máquinas continúa siendo un área de investigación en constante evolución, marcando la importancia de comprender mejor nuestras interacciones con las tecnologías.
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Enrique Dans, docente en IE Business School, señaló en El País, la poca utilidad de ser cortés con las máquinas, dado que estas carecen de percepciones y emociones. Este posicionamiento surge ante la inexistencia de beneficio del civismo hacia sistemas que no pueden apreciar la gentileza o gratitud humanas. Dans enfatiza que, aunque no se oponga a la cortesía hacia los dispositivos tecnológicos, es fundamental reconocer que la inteligencia artificial, al no ser consciente, no tiene capacidad para valorar dichas conductas.
Humano demasiado humano
En relación a la antropomorfización de los lenguajes usados en la IA, Dans indica que intentar comunicarse adecuadamente con una máquina es una acción inadecuada, ya que los sistemas informáticos priorizan la claridad, la definición de objetivos y la imposición de limitaciones. Las expresiones humanas de cortesía, como “por favor” y “gracias”, podrían representar una carga innecesaria para los sistemas, consumiendo recursos de procesamiento sin ofrecer un verdadero valor. Este enfoque sugiere una reevaluación de cómo las personas deben interactuar con la tecnología, enfocándose más en la eficiencia y la precisión que en la transferencia de normas sociales humanas a la tecnología.
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En un reciente intercambio en un foro de Reddit, numerosos usuarios discutieron sobre la pertinencia de expresar gratitud hacia la inteligencia artificial, un tema que generó diversas opiniones. La pregunta central del debate fue si era adecuado o no decir “gracias” a la IA después de recibir asistencia o alguna respuesta por su parte. Aunque puede parecer un gesto trivial para algunos, lo cierto es que este hábito revela matices interesantes sobre la interacción con la tecnología.

La mayor parte de los participantes en la conversación reconocieron que, efectivamente, suelen agradecer a las herramientas de IA que utilizan cotidianamente. Sin embargo, al profundizar en las razones detrás de este comportamiento, se percibe que el acto de agradecer no se fundamenta necesariamente en el reconocimiento al recibir un servicio o ayuda proporcionada por la IA, sino que muchos usuarios lo hacen impulsados por el deseo de mantener vivas las buenas prácticas y los modales que tradicionalmente se aplican en las interacciones humanas, aun cuando el receptor de la cortesía sea una entidad no consciente.
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Esta perspectiva resalta cómo los usuarios buscan humanizar de alguna forma su relación con las máquinas, aplicando normas sociales de cortesía que son habituales en el trato entre personas. Este fenómeno podría interpretarse como un indicativo de la creciente integración de la inteligencia artificial en la vida cotidiana, al punto de que las personas sienten la necesidad de interactuar con estas tecnologías siguiendo los principios básicos de respeto y cordialidad que rigen sus relaciones interpersonales.
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