Se llama Listenburgo y tiene sesenta millones de habitantes. La capital es Lurenberg, la moneda es el lis y tiene uno de los lagos más hermosos del continente europeo. Las elecciones de este año consagraron a Gaspard Hoelscher como presidente. Yannik Detmold ocupa el cargo de primer ministro. Listenburgo está en el extremo oriental de Europa; limita al sur con España y Portugal. Las grandes corporaciones siguen con interés los consumos de los listenburgueses. La semana pasada, la cuenta oficial del Comité Olímpico Internacional en Twitter le dio la bienvenida a Listenburgo como el país número 207 que participará en los Juegos de París 2024.
Ah, y una cosa importante: Listenburgo no existe.
El país nació como el chiste de un tuitero francés —su cuenta es @gaspardooo— que publicó un mapa de Europa al que le había crecido un chichón en el Océano Atlántico. “Estoy seguro de que los americanos ni siquiera conocen el nombre de este país”, decía resaltando la mala fama que tienen los estadounidenses respecto de los conocimientos de geografía. Si Listenburgo fuera un país pequeño como Liechtenstein, el Principado de Mónaco o el Vaticano, la broma tal vez hubiera pasado desapercibida; es el tamaño descomunal lo que provocó el efecto: el país tiene casi la superficie de España. Al momento de escribir esta columna, el tuit que inventó Listenburgo lleva dos mil respuestas, más de diez mil retuits, casi 120mil likes.
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Cientos de videos en Twitter, Instagram y TikTok muestran flash quizes donde alguien hace preguntas sobre países, ciudades y capitales a adolescentes y adultos que confunden Madrid con Londres, París con Roma, y que no pueden identificar en qué continentes se encuentran Japón, Irak, Nueva Zelanda. Hasta hubo una famosa película de terror, Todavía sé lo que hicieron el verano pasado, que comenzaba con un concurso por radio en el que los participantes debían acertar cuál era la capital de Brasil para ganarse unas vacaciones en las Bahamas: las protagonistas respondían Río de Janeiro.
Además del Comité Olímpico Internacional, se han subido a la ola listenburguesa varias compañías aéreas, algunos bancos, medios de comunicación, cadenas de indumentaria, empresas de servicios de streaming. Más allá de la broma —y dejando de lado del origen del chiste viral para no reforzar ningún estereotipo—, la creación de este país ficticio no sólo da cuenta de cómo se construye conversación en las redes sociales, sino que podría ser también una oportunidad educativa.
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Listenburgo tiene historia, bandera, gobierno, tiene un idioma oficial —el francés—, una moneda, tiene geografía política y económica, embajadas, tiene un lema —”Libertad, Honor, Resplandor”— y hasta un himno y un pasaporte. El país se divide en cinco regiones, el clima es similar al de España y hay usuarios que definieron cómo es la geología, la topología y, a partir de eso, se han trazado rutas, trenes y otras vías de comunicación.
La clase de Geografía tiene en Listenburgo un gran laboratorio para indagar cuáles son las características esenciales que constituyen una nación. Y más aún: ¿por qué no llevar el juego un paso más allá y hacer un proyecto interdisciplinario en el que cada estudiante tuviera que inventar su propio país?
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