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El desafío de la educación ambiental en el aula

La educación para la sustentabilidad pone a los alumnos en el centro del aprendizaje y, con metodologías que promueven el aprendizaje activo, tiene un valioso potencial para mejorar la calidad y la gestión de una institución educativa

(EFE/FRANCK ROBICHON)

Lograr un desarrollo sustentable es uno de los grandes desafíos que enfrenta la humanidad; un desafío que no es simple, ya que involucra múltiples dimensiones. En 1987 la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (CMMAD) de las Naciones Unidas, presidida por la Dra. Gro Harlem Brundtland, presentaba el informe “Nuestro Futuro Común”, conocido como “Informe Brundtland”, en el que se difundía y acuñaba la definición más conocida del concepto: “El desarrollo sustentable es el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

El gran desafío, entonces, consiste en compatibilizar las necesidades y aspiraciones de las sociedades humanas, con el mantenimiento de la integridad de los sistemas naturales, tarea compleja pero no imposible. Jason Beech, doctor en Educación de la Universidad de San Andrés, asegura que la educación podría ser una estrategia clave en la formación de personas con capacidades para mirar el mundo de forma diferente y, de este modo, diseñar soluciones que aborden el desafío de la sustentabilidad en su complejidad.

Cuando pensamos en educar para la sustentabilidad en los espacios educativos formales, nos encontramos con una gramática escolar en la que el conocimiento se encuentra compartimentalizado en disciplinas a cargo de docentes que generalmente no tienen ni el tiempo ni el espacio para planificar de manera conjunta, situación que da como resultado prácticas pedagógicas interesantes pero poco genuinas o transformadoras de la vida de nuestros estudiantes que generalmente alcanzan un resultado superficial y de poco impacto. La gramática escolar no es propicia para desarrollar las habilidades que se necesitan en estos proyectos. En este escenario, las propuestas de Educación para la Sustentabilidad suelen presentarse como un conjunto de acciones esporádicas generalmente vinculadas a las Ciencias Naturales, pero que no se conectan entre espacios curriculares.

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Ahí está el desafío de las instituciones educativas. ¿Cómo promover la Educación para la Sustentabilidad dentro de la gramática de la escuela, para que los estudiantes vivan experiencias significativas, se apropien del conocimiento y sientan que sus elecciones y sus acciones cuentan y pueden hacer la diferencia?

Imagen de archivo. EFE/EPA/FRIEDEMANN VOGEL

Un trabajo en red

Para responder a esta pregunta y comenzar a pensar en desarrollar proyectos vinculados con la Educación para la Sustentabilidad, como toda práctica educativa, el diagnóstico es fundamental para dimensionar las posibilidades de aceptación de las nuevas propuestas por parte del equipo de conducción y de otros docentes de la institución, ya que es importante contar con su participación. Recordemos que abordar estas temáticas, como dije al inicio, involucran múltiples dimensiones y, por lo tanto, múltiples miradas desde diferentes disciplinas. El primer paso es identificar a los docentes que tuvieran la motivación de sumarse a estas prácticas pedagógicas orientadas a la sustentabilidad.

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Una vez organizados es necesario pensar en las propuestas. Estas deben llevar a los estudiantes a conocer, a hacer, a ser y a vivir con otros en el mundo. Necesitamos empoderar a los estudiantes y, para lograrlo, es fundamental que sean protagonistas en la construcción de sus saberes y nosotros ser sus guías en esa tarea.

En este punto, un aspecto importante a tener en cuenta es la base conceptual acerca del dominio de los contenidos centrales de la Educación para la Sustentabilidad de los docentes. Es una realidad, que en el nivel inicial y primario se espera que los docentes puedan enseñar todos los temas del currículum de diferentes áreas, por ende es difícil que solo con la formación inicial puedan trabajarlos en toda su extensión. Los docentes deben sentirse cómodos con los contenidos a enseñar, pudiendo entender qué es lo importante y qué no, y manejar una gran cantidad de ejemplos. Esto significa que deben capacitarse en estas temáticas, solo así van a contar con una plataforma suficientemente robusta para abordar con soltura y comodidad cada tema y proponer actividades que vayan más allá de la enunciación de contenidos.

No hay una manera de generar una enseñanza desafiante sin entender bien dónde estamos parados con el contenido que tenemos que abordar, y contar con las mejores estrategias didácticas para hacerlo.

Carla Sabbatini y Laura Marinucci

Educar para la sustentabilidad

De esta manera, con los actores interesados identificados, con una propuesta clara y los involucrados capacitados, el camino hacia la educación en la sustentabilidad se va orientando. Es el momento de explorar modos concretos de reorganizar la tarea de enseñar.

Para hacerlo es necesario acercar a los estudiantes a los conflictos ambientales sin una mirada apocalíptica y desesperanzadora que los paralice, la idea es empoderar a los estudiantes para transformar positivamente su entorno, partiendo de la premisa de que merecen ser educados desde el valor por la vida, en el sentido de la biofilia, es necesario conocer para amar y amar para proteger y cuidar. En la actualidad la educación ambiental para la sustentabilidad es ineludible y la escuela es el lugar privilegiado para abrazarla y llevarla adelante con ojos esperanzados.

Una de las estrategias pedagógicas más potente para llevar al aula la educación ambiental es el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP). Se trata de una metodología que rompe con la fragmentación curricular del conocimiento en compartimentos estancos e inconexos. A partir de una pregunta guía se proponen un conjunto de actividades que permiten la integración disciplinaria de saberes en torno a problemas reales, de esta manera los estudiantes se involucran en actividades de aprendizaje vivencial, poniendo en juego sus intereses y desplegando sus múltiples habilidades. Mediante estos proyectos de trabajo colaborativo, se promueve el desarrollo de competencias interpersonales como la solidaridad, la empatía, la capacidad de escucha activa, habilidades necesarias para construir sociedades sustentables.

Este tipo de proyectos motivadores, interesantes, interdisciplinarios, conectados con la realidad, tienen como consecuencia transformar los hábitos de los estudiantes y de su entorno más cercano, que nacen de profundas convicciones. Otra consecuencia, pero en este caso en las instituciones, es la mejora en la calidad educativa, ya que promueve prácticas pedagógicas donde el alumno es protagonista, trabaja el pensamiento sistémico, la visión de complejidad y el aprendizaje cooperativo. De esta manera además de aprender contenidos, se trabajan habilidades propias de ciudadanos globales.

Carla Sabbatini en su libro Educar para la sustentabilidad expresa que, cuando se incorporan los modos de trabajo que ofrece la educación para la sustentabilidad en las instituciones, se produce una mejora en la gestión pedagógica y en la calidad educativa ya que se revisan e innovan prácticas pedagógicas que le dan otra dinámica a la gramática escolar, los proyectos se pueden articular entre áreas, ciclos y niveles, se propicia el aprendizaje significativo, auténtico y transformador, se promueve la educación en valores, el aprendizaje servicio y el liderazgo de los equipos directivos se fortalece.

La Educación para la Sustentabilidad tiene el potencial de transformarnos a nosotros y al mundo.

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