A los 8 años Tzvika Feldfogel ya vivía en Israel, pero  nació en Uruguay. De ahí procede su español rioplatense con el que cuenta su historia: tenía 21 años, estudiaba ingeniería y jugaba al ajedrez. En el club local, junto a algunos de sus compañeros, se dieron cuenta del posible potencial del ajedrez en el aula. Reconocieron que, a través de su práctica, se podían aprender estrategias que trascendían el tablero.

Avanzaron a ciegas y se toparon con la primera pared. A pocos alumnos les entusiasmaba jugar al ajedrez. El primer fracaso los llevó a repensar el modelo. "El concepto inicial fue enseñar ajedrez en un contexto intraescolar para mejorar destrezas cognitivas, pero no funcionó. Cambiamos y empezamos a utilizar juegos más simples en los cuales las reglas se aprenden muy rápido pero son suficientemente profundas como para tener un proceso de aprendizaje", le dijo Feldfogel, cofundador de Mindlab, a Infobae, de visita en Buenos Aires para el IV Congreso de Educación y Desarrollo Económico.

Corría 1994 y por entonces nadie pensaba en el juego como herramienta didáctica. El puntapié lo dieron en dos escuelas israelíes que se mostraron conformes con los resultados. Ese pequeño éxito los llevó a tener presencia en 20 escuelas y el crecimiento, a partir de ahí fue exponencial. 100, 200, 400 colegios. Hoy en Israel ya un tercio de las escuelas lo utilizan como parte del currículum, pero además están en 30 países. En total, calculan 4 millones de estudiantes que trabajan con la metodología. En Argentina hay un solo caso: un colegio de Zona Norte comenzó a implementarlo este año.

Tzvika Feldfogel, cofundador de Mindlab (Foto: Santiago Saferstein)
Tzvika Feldfogel, cofundador de Mindlab (Foto: Santiago Saferstein)

La metodología, cuenta, consta de tres etapas. La primera es jugar. La segunda es trabajar habilidades socioemocionales y cognitivas, incorporar herramientas que ayuden a resolver un problema, a tomar una decisión, a comunicar efectivamente, a reforzar la perseverancia. Por último, trasladarlo a la vida cotidiana.

A lo largo de los años llevaron adelante distintos estudios para certificar la eficacia. En rasgos generales, demostraron que los docentes tienen menos problemas de disciplina en el aula e involucran más al alumno.

Donald Green, un investigador de Yale, reconoció que existía una "transferencia cercana". Es decir, que los chicos que desarrollaban estrategias para resolver un juego podían llevarlo a la práctica en uno nuevo, parecido pero apenas más complejo. Luego también certificó que esas estrategias tenían peso en la vida cotidiana, que los ayudaba a solucionar problemas. Otro estudio masivo en Brasil vio mejoras en las notas en materias como matemática, ciencias o lengua.

Una clase mediada por el juego
Una clase mediada por el juego

"Al principio era una idea. Experimentamos. A las escuelas les gustó la idea, a los niños les gustaron las clases. No había nada escrito. A partir del '97 nos dimos cuenta de lo que estábamos haciendo. Antes tengo que reconocer que improvisábamos", confesó Feldfogel.

-En los 24 años desde el lanzamiento, ¿cambió la concepción del juego en la educación?

-Nuestra concepción cambió mucho menos de lo que cambió el mercado. En el '94 nadie hablaba de game based learning y los pocos que hablaban no tenían idea de cómo hacerlo. De hecho, todavía no hay tantas herramientas que expliquen cómo llevarlo de la teoría a la práctica. Ese es nuestro fuerte. Tuvimos la suerte de ser ignorantes y generar algo nuevo sin tener la mochila de ideas previas.

-¿Qué genera el juego en los chicos?

-Es una fuerza estimuladora para que se involucren, para generar interacción social, aprendizaje intuitivo, una charla no de arriba a abajo entre docentes y estudiantes sino al nivel de ojos. También funciona como un simulador porque el juego es un microcosmos de la vida si se lo utiliza de una manera bien estructurada y pensada. Nos ayuda a aclarar procesos abstractos, difíciles y teóricos con una herramienta concreta.

-Puntualmente, ¿qué habilidades se trabajan con la metodología?

-Hay tres ramas. La parte cognitiva, la parte emocional y la parte social. Muy rápidamente nos dimos cuenta de que la necesidad en nuestro mercado, las escuelas, era de hacer foco en la parte socioemocional. Ese tendencia ha crecido. Ahora no tiene demasiada importancia memorizar hechos. Cuál es la capital de… Para eso recurrimos al Doctor Google. Hay una base mínima que todos tienen que saber. Lo que una precisa para tener éxito en la vida es resolver problemas, que no se enseña en la escuela. Se supone que alguien lo va a aprender en la vida rompiéndose la cabeza contra la pared.

-¿El juego es el método más eficaz para trabajar esas habilidades?

-No quiero decir el más, pero es uno de los más eficaces. Desde épocas antiguas se sabe que cuando uno está involucrado, tiene interés auténtico, aprende mucho más efectivamente. Aquí hay motivación interna y hay una estructura que permite aprender estrategias y transferirlas a otras áreas. Sin esa transferencia no logramos mucho fuera de la escuela.

-¿La enseñanza tradicional atenta contra eso?

-Eso no funciona. Nunca funcionó. Era la manera de pasar un conocimiento axiomático de una generación a otra. Quizás sirvió a las propósitos de esas épocas, pero ahora el objetivo es diferente. Es ayudar a los niños y a docentes a crecer internamente y manejarse mejor en el mundo. Eso no se puede cumplir con un profesor que habla a 30 alumnos pasivos. Hace 100 años o menos era obligatorio aprender latín. Por qué, para qué… Nunca se supo. Todavía se enseñan muchas cosas que si uno se detiene a pensar, no existe una buena respuesta.

-Con su metodología, ¿el docente deja de ser docente?

-El docente es la parte más importante. Hay muchos estudios que lo demuestran. Ni la calidad de la tecnología, ni la cantidad de alumnos por clase ni cualquier otro factor es tan importante como la calidad del docente. Una parte esencial del proceso es darles herramientas para ser facilitadores, más mediadores y menos el profesor tradicional, enciclopedista, que habla de arriba hacia abajo.

-¿Cómo se refleja eso en los hechos?

-El maestro debe plantear preguntas al estilo Sócrates, pero no proveer respuestas. Las respuestas tendrían que emerger del conocimiento de los alumnos. Si hay un facilitador que sabe plantear las preguntas correctas en el momento indicado, se genera un brainstorming grupal que involucra de verdad al alumno.

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