Cuánto cuesta la nafta en la Argentina en comparación con América Latina y cómo impactan los impuestos

El precio del combustible posicionó al país en la mitad de la tabla regional y lejos de los valores más altos de América Latina

(Imagen Ilustrativa Infobae)

Medido en dólares, el precio de la nafta en la Argentina se ubica por debajo del promedio mundial y en una posición intermedia dentro de la región. Según datos del sitio especializado GlobalPetrolPrices.com para los primeros días de 2026, el precio promedio de la nafta en todo el mundo es de USD 1,28 por litro.

Con un costo de USD 1,159 por litro, la Argentina se ubica en el puesto número seis de la lista que encabeza Venezuela, con un costo de USD 0,035 por litro de combustible y que cierra Uruguay, con el valor más alto de la región (USD 1,998).

Entonces, en orden decreciente, el top tres de la lista se conforma por Uruguay, seguido de México y Chile, con un precio promedio de USD 1,427 y USD 1,362 por litro de nafta, respectivamente.

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Le siguen Costa Rica, con un valor de USD 1,287 por litro y Perú, con un costo de USD 1,202. El sexto lugar lo ocupa la Argentina, seguido de Brasil, (USD 1,148), Colombia (USD 1,125) y Bolivia (USD 1,006).

Completan el ranking con un precio inferior al USD 1 por litro, Paraguay (USD 0,880), Ecuador (USD 0,721) y Venezuela (0,035).

Variación de precios por país

El relevamiento tiene en cuenta los valores minoristas promedio nacionales en surtidor, e incluye todos los impuestos y tasas vigentes en cada país.

Por esta razón, las brechas entre países responden, en gran medida, a las políticas impositivas y de subsidios que cada Estado aplica sobre los combustibles. Si bien todos los mercados acceden al crudo a valores similares, la carga fiscal y los esquemas de compensación definen el precio final que pagan los consumidores.

Además, explica el relevamiento, las economías más desarrolladas tienden a registrar precios más elevados, mientras que los países productores y exportadores de petróleo suelen mostrar valores sensiblemente más bajos.

Una de las excepciones más visibles es Estados Unidos, que pese a ser una economía avanzada mantiene precios relativamente reducidos en el surtidor, con un costo promedio de USD 0,832 por litro. Esto coloca al país en el puesto número 32 -iniciando desde el valor más bajo- en la lista mundial.

En ese mismo ranking, la Argentina se ubicó en la posición número 73 sobre un total de 170 países.

Los precios internos de la nafta dependen de la carga impositiva que dispone cada mercado (Imagen ilustrativa Infobae)

Impuestos en la Argentina

La posición de la Argentina refleja un esquema intermedio. Sin subsidios tan profundos como los de Venezuela o Ecuador, pero con una carga impositiva y regulatoria menor que la de países como Uruguay, Chile o México, el resultado es un precio en dólares que queda por debajo del promedio mundial, aunque lejos de los valores más bajos de la región.

En la Argentina, el precio final de la nafta incluye una combinación de gravámenes nacionales, provinciales y municipales que impactan de manera significativa en lo que paga el consumidor en el surtidor.

Entre los principales tributos, figuran el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y el Impuesto al Dióxido de Carbono (IDC), establecidos por la legislación tributaria nacional y actualizados periódicamente.

Además, el combustible está sujeto al Impuesto al Valor Agregado (IVA) al 21%, y a cargas provinciales como Ingresos Brutos (IIBB) y tasas municipales como la Tasa de Inspección de Seguridad e Higiene (TISH), que se acumulan a la presión tributaria total sobre el litro de nafta. Distintos análisis estiman que entre un 38% y un 45% del precio final en surtidor corresponde a impuestos y tasas de distinta naturaleza.

En términos históricos, el esquema impositivo sobre los combustibles en Argentina tuvo periodos de congelamiento y actualización pendiente, lo que llevó a que entre 2021 y 2023 parte de los ajustes por inflación no se trasladarán automáticamente al surtidor.

En 2025, el Gobierno impulsó nuevas actualizaciones del ICL y del impuesto al dióxido de carbono, reflejando la intención de normalizar la indexación tributaria y reducir desequilibrios fiscales acumulados, aunque parte de esos cambios todavía se vienen aplicando de forma gradual.

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