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Qué va a pasar con Martín Guzmán, el principal herido luego de la negociación en el Congreso del acuerdo con el FMI

El ministro de Economía está en EEUU, en la mayor cumbre global de energía. Allí reconoció que la invasión rusa complicará la baja de los subsidios acordada. Mientras tanto, los diputados debatirán un proyecto que dejó de lado la “doctrina Guzmán”

Guzmán, el lunes en el Congreso

El chiste fue tan obvio como inevitable, mientras ayer se discutía a nivel político, entre idas y vueltas y mucha rosca, el articulado del proyecto de ley del acuerdo entre el Gobierno y el FMI. Con el ministro Martín Guzmán en medio de un viaje de último momento y fuera de agenda a la cumbre más importante de energía del mundo, en el corazón petrolero de Estados Unidos, la frase “Houston, tenemos un problema”, famoso diálogo de la película Apolo 13, se mencionó en chats y charlas presenciales al más alto nivel político. “Martín tiene un problema y se fue a Houston”, parafraseó ayer un hombre de negocios que habla con el ministro.

Mientras Guzmán hablaba en la ciudad texana en un panel sobre “Acceso a la energía, transformación energética: estrategias latinoamericanas”, y se reunía con ejecutivos de petroleras en busca de dólares que podrían llegar vía Vaca Muerta, en Buenos Aires se desarmaba su plan.

“Ahora algunos dicen ‘yo quiero el financiamiento, pero no me hagas votar las políticas’. No existe. A ver si se entiende. El financiamiento está asociado a un acuerdo de políticas económicas y financieras. Es una sola cosa”, dijo el ministro el viernes pasado, en una entrevista radial, minutos después de que se hiciera público que se había llegado al demorado acuerdo. Estaba convencido, y esa era la línea que salía de Hacienda: vamos por todo y con el “ok” del Congreso.

Esa suerte de “doctrina Guzmán” tuvo varias aristas. Desde cubrirse la espalda y conseguir que su plan –con sus metas y cifras– tuviera una aprobación legislativa completa, incluida la oposición de Juntos por el Cambio y La Cámpora, hasta reservarse alguna página en los libros de historia económica y quedar como el ministro que impuso la costumbre de que toda deuda tiene que tener, sí o sí, el aval de diputados y senadores. Para muchos, un capricho academicista; una buena intención sin sustento en medio de la volátil y urgente política argentina. Hubiese sido un buen marco para el acuerdo, sin dudas, pero para nada era una exigencia del Fondo –que nunca pide aprobaciones legislativas para sus programas– y tampoco una medalla que la oposición estaba dispuesta a entregar. Mucho menos cuando los propios papers de acuerdo que iban como anexo al proyecto tenían duras críticas a Mauricio Macri. Una batalla personal que quedó descartada cuando se complicó la discusión legislativa, antes incluso de que despegara su avión el martes por la noche.

Una imagen de ayer de la comisión en Diputados (Franco Fafasuli)

“Así como lo planteó Martín era invotable para la política; para ellos y para muchos de nosotros, más allá de histrionismo de los legisladores. Fue muy útil esta negociación a cielo abierto”, reconocen fuentes oficiales.

Ayer, desde Houston, intentaron bajarle el tono a la decisión del Presidente de dejar de lado la “doctrina Guzmán”. “No hay contradicción entre lo queríamos y lo que pasó. Estamos alineados con lo que se hizo”, argumentaron en su entorno. Aseguran que Hacienda cerró el acuerdo y que ahora el Congreso debe hacer su parte, con los cambios que sean necesarios para que la vital y urgente renegociación se rubrique. “Guzmán tiene línea abierta con el Presidente y con Sergio Massa”, aclaran.

¿Y ahora? “Sigue”, dicen desde el Gobierno. En su entorno coinciden y descartan de plano las versiones de pasillo, sobre todo las más terminantes. “El Presidente lo banca... hasta ahora lo banca, aunque alguna vez se enojó fuerte con Martín. Él es irreductible, no tiene intenciones de rajar”, aseguran. No sólo eso, juran que está en los planes de un eventual “Alberto 2023″. Ahora resta saber el tono de los discursos parlamentarios. ¿Habrá palabras fuertes de Máximo Kirchner en el que lo ataque por su estrategia negociadora? Los K más duros lo tratan, como mínimo, de “empleado del FMI”.

El ministro y la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva (REUTERS/Remo Casilli)

“Sigue, sigue”, aseguran en Hacienda. “Consiguió lo que necesita el país, ¿cómo no va a seguir?”, refuerzan la idea. Otras versiones afirman que su viaje a Estados Unidos fue una forma de mantenerlo lejos –de cuidarlo, arriesgan los más benevolentes– mientras la “realpolitik” cerraba los cambios en el Congreso.

Días atrás, en estas líneas, se resumieron las dos grandes derrotas de Guzmán, objetivos que el ministro definió como centrales meses atrás cuando comenzaba la última parte a negociación con el Fondo. Entonces postuló que sus prioridades eran conseguir que se quitaran los sobrecargos –la tasa extra que paga el país por el volumen de su crédito y que llega a unos USD 1.000 millones anuales– y poner en el acuerdo una cláusula que dijera expresamente que el país podría cambiar de programa si el FMI diseñara otro con mejores condiciones que el firmado. Ninguna de las dos se dio: el board del organismo nunca accedió a tratar el tema de los sobrecargos como tema de fondo y el acuerdo a nivel de staff no incluyó la adenda “salto” con la que se había entusiasmado Guzmán. Es más, casi como una mueca del destino, en la carta que el ministro (y el presidente del BCRA Miguel Pesce) le enviaron a Georgieva como “carátula” del convenio, se le pide casi “por favor” al organismo que tenga a bien tener en cuenta ese pedido especial en el futuro. Si le queda bien, si se puede, si se acuerdan. Esto último no está escrito, pero casi. Ahora Guzmán tendrá que sumar un tercer revés a su lista. “Tiene sus ideas, pero aprendió y se alinea. Sabe que es un fusible”, dicen cerca suyo.

Sigue, coinciden propios y extraños. Con qué poder de fuego y con qué nivel de simpatías hacia el interior de la coalición gobernante es algo que se comenzará a ver en unas horas. Mientras tanto, ya tiene una nueva y dura batalla: el contexto global de suba de precios de la energía ya echó por tierra buena parte del acuerdo con el FMI, según él mismo reconoció.

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