
Como era de esperarse el sector de la aviación ha sido fuertemente impactado por la pandemia. El número mensual de vuelos se ha derrumbado en todo el mundo a partir de marzo 2020 y ha quedado muy por debajo de los niveles pre pandemia hasta mayo 2021. Luego, las vacunas han impulsado una recuperación del sector.
Sin embargo, hoy el número de pasajeros transportados en Argentina sigue siendo muy por debajo de los niveles pre pandemia. Algunos países europeos han podido acercarse a los niveles pre crisis hasta llegar a un 66% de número de pasajeros transportados en comparación a dos años atrás. Por otro lado, Argentina sigue transportando menos de la mitad de los pasajeros. Merece además subrayar que antes de la pandemia el número de viajes aéreos per cápita de Argentina era menos de la mitad de Chile, menos de un cuarto de Italia, menos de un quinto de EEUU y menos de un séptimo de España y Australia.
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Como si no fuera bastante, las recientes medidas adoptadas por el Gobierno argentino alejan aún más (probablemente a tiempo indefinido) la recuperación del sector y las posibilidades de viajar en avión en Argentina. Aparece claro que hoy el problema de la aviación argentina no es la pandemia sino las leyes que regulan el sector.
En Europa antes de la pandemia ninguna aerolínea nacional tenía una participación directa del gobierno. Durante los primeros meses de la pandemia algunos gobiernos han entrado en el capital de las aerolíneas, pero se han comprometido en vender las acciones en poco tiempo. Por otro lado, Aerolíneas Argentinas es una compañía controlada 100% por el estado desde la estatización de 2008.
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Solamente durante la pandemia y de forma excepcional y temporal, Europa ha permitido bajo condiciones estrictas que las ayudas de estado salvasen a las aerolíneas nacionales. En Argentina el gobierno otorga desde hace años subsidios a su compañía de bandera sin pedir reembolso de los préstamos y los intereses. Desde la estatización en 2008, Aerolíneas Argentinas ha recibido donaciones del Gobierno por más de 7 mil millones de dólares ha tenido en promedio un déficit anual de 560 millones de dólares.
Es una situación distinta de Europa donde, históricamente el transporte aéreo se había desarrollado bajo el control de las autoridades nacionales a través de aerolíneas monopolísticas y aeropuertos de propiedad pública. Pero, a partir de los años ‘80, un conjunto de medidas ha convertido gradualmente los mercados nacionales protegidos en un mercado único y competitivo.
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Hasta ese momento era bastante común ver recapitalizaciones públicas de las aerolíneas, pero a mitad de los años ‘90 se empezó a aplicar la legislación sobre ayudas estatales aplica al sector del transporte aéreo. Se empezaron a garantizar los mismos derechos y las mismas oportunidades para acceder a los aeropuertos y servicios aeroportuarios. Vectores privados podían acceder al mercado a condiciones no discriminatorias y de libre mercado. Las liberalizaciones han incentivado la competencia entre aerolíneas y hoy la principal aerolínea de Europa es la low cost Ryanair. La compañía irlandesa fundada en 1984 se mantuvo en 2021 por séptimo año consecutivo como la aerolínea que transporta más pasajeros en Europa.
En Europa se piensa que cuantas más aerolíneas hay, más oferta de vuelos, menores precios y mayores beneficios para los ciudadanos. En Argentina se favorece la aerolínea de bandera y se empuja afuera del mercado a aerolíneas como Latam. Cuantas menos aerolíneas hay, menos ofertas de vuelos, más cuota de mercado para Aerolíneas Argentinas, mayores precios y menores beneficios para los consumidores.
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El modelo europeo no ha cambiado ni durante la pandemia. Es cierto que durante la pandemia los países europeos han rescatado a las compañías nacionales. Pero merece subrayar que la recapitalización de las compañías ha tenido carácter excepcional y temporáneo. Además, estuvo vinculada en seguir estrictas reglas para el rescate al fin de evitar distorsiones en el mercado.
Estas ayudas no iban más allá de restaurar la posición de capital antes del brote de coronavirus. Los Gobiernos han recibido una remuneración adecuada por la inversión y han impuesto mecanismos para incentivar a las aerolíneas a recomprar la participación accionaria del Estado. Se ha puesto una limitación salarial para los sueldos de los dirigentes y está prohibido pagar bonos hasta que la compañía no rescate al menos el 75% de la recapitalización. Además, con el fin de no perjudicar la competencia, las compañías han renunciado a algunos slots en los aeropuertos nacionales más importantes y congestionados. Esta medida ha permitido la entrada o expansión de actividades de otras aerolíneas y beneficia los consumidores y la competencia.
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En el mismo periodo, en Argentina el Gobierno ha implementó tarifas mínimas para vuelos de cabotaje. Se trata de una medida totalmente prohibida en Europa ya que desfavorece la low cost y afecta negativamente a los consumidores. La ausencia de precios mínimos es un principio fundamental de la UE. Según el reglamento europeo, las compañías aéreas fijan libremente las tarifas y fletes de los servicios aéreos.
La única similitud entre la aviación europea y argentina es que la crisis pandémica ha golpeado duramente al sector y, después de casi dos años, el número de vuelos y pasajeros transportados sigue siendo por debajo de los niveles pre-pandémicos. Pero la reacción de los gobiernos ha sido distinta.
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El sector europeo no se ha alejado de los principios fundamentales de libre competencia y libertad de precios. Las ayudas que se han proporcionado a las aerolíneas nacionales han sido temporales, excepcionales y a salvaguarda de la libre competencia. Por otro lado, el Gobierno argentino ha decido de seguir beneficiando a su compañía y dañar cuanto más a la competencia.
En unos meses la crisis pandémica será solo un recuerdo para la aviación europea. De este paso y con estas políticas, la aviación argentina se tardará más en recuperarse. Luego, aunque vuelva a los niveles pre-pandémicos, la aviación argentina seguirá siendo muy reducida en comparación a otros países y aún más considerando que Argentina es el octavo país más grande del mundo. Se trata de evidencias que deberían convencer el Gobierno en cambiar su política de transporte aéreo cuanto antes. Los principales beneficiarios serían los argentinos.
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