El rubro textil es unos de los sectores más castigados de la economía por la pandemia de coronavirus. Con locales comerciales sin actividad desde que inició el aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO), el 20 de marzo último, con excepción de algunas provincias que comienzan a flexibilizar la cuarentena, y con las fábricas prácticamente frenadas, el sector padece una grave consecuencia que es el corte de la cadena de pagos.
Es el caso de la empresa familiar Button Company, que con 25 años en el mercado y luego de haber superado crisis como la de 2001, atraviesa dificultades financieras vinculadas al corte en la cadena de pagos que involucra cheques rechazados por unos nueve millones de pesos.
Gabriel Lubelski, dueño del emprendimiento familiar que cuenta con una planta en la Ciudad de Buenos Aires y un local comercial en el barrio de Once, grabó un video de cientos de cheques que no pudo acreditar. Pilas y pilas. Se hizo viral muy rápido.
“Esto es lo que nos pasa, toda la cadena de pagos totalmente rota”, dice mientras recuenta los cheques rechazados sobre uno de los escritorios de la administración de su empresa.
En diálogo con Infobae, el empresario señaló que Button Company, dedicada a la fabricación y la importación de accesorios para la moda y proveedora de muchas marcas de ropa en todo el país, comenzó en 1993 como continuidad de un proyecto familiar y cuenta en la actualidad con 80 empleados.
Con una facturación anual promedio de 100 millones de pesos, Lubelski señaló que para este año espera una caída de alrededor de un 30% -siempre y cuando se reactive la actividad en el corto plazo- como consecuencia de la crisis que trajo aparejada la pandemia de coronavirus.
En ese contexto, remarcó que la empresa pudo mantener la funcionalidad a partir de haber reconvertido su producción hacia la fabricación de barbijos y camisolines para abastecer al sistema de salud.
Para eso pudo contar con la ayuda que otorgó el Gobierno a través del programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP) para el pago de salarios. “Reinvertimos la ayuda que recibimos en productos para preservarse del Covid. Armamos una línea nueva con fabricación de barbijos y camisolines para el sector de salud”, detalló, al tiempo que añadió que “la parte textil está completamente frenada”.
Lubelski destacó que el ATP es una buena herramienta y que la ayuda es real y concreta. Sin embargo, consideró que el problema es que “no financiaron a los pequeños comerciantes” y que, por ende, éstos no pueden hacer frente a los cheques que emitieron.
En ese sentido, sostuvo que tiene nueve millones de pesos en cheques que están frenados. "Los fabricantes de ropa tienen las prendas pero nadie las puede vender. Se rompió la cadena de pago de la industria”, destacó.
Para el empresario textil, el Gobierno debe financiar a los pequeños comerciantes para que ellos puedan cubrir sus valores. “Faltó la ayuda para estos comerciantes. Si no se consigue financiamiento en el sector es imposible que se pueda destrabar esto”, aseguró.
En tanto, dijo que la apuesta que hace desde su empresa es la de sostener los puestos de trabajo. Por eso decidió hacer una reconversión hacia los productos destinados al sector sanitario: “Son quince las personas que vienen a trabajar, otras quince que trabajan de forma remota y el resto no está viniendo".

Button Company forma parte de la Confederación General Empresaria de la República Argentina (CGERA), entidad que en las últimas horas solicitó una convocatoria urgente a una mesa tripartita junto al Gobierno y los bancos para regenerar la sostenibilidad de la cadena de pagos.
Asimismo, propuso que las entidades bancarias financien los cheques emitidos rechazados de sus clientes a través de créditos a tasas negativas, en el marco del necesario aislamiento social, preventivo y obligatorio, que impide que miles de comercios e industrias puedan abrir sus puertas.
En ese sentido, las autoridades de CGERA junto con las de la Cámara de Insumos Textiles (Cafaicym) destacaron que “los bancos saben que los cheques no fueron cubiertos durante la cuarentena porque el empresario no produjo o no vendió, no porque haya hecho malas inversiones o haya fugado dinero de su emprendimiento”.
“Las Pymes negociamos y vendimos valores posdatados a los bancos durante febrero y marzo con vencimientos en fechas que coincidían con la cuarentena. Sabemos que 50 % de ellos en montos han sido rechazados por el banco emisor dejando en descubierto tanto al firmante como al poseedor de dicho valor”, explicó días atrás Marcelo Fernández, presidente de CGERA.
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