Nada en la forma de hablar delata sus 20 años de edad. Ni el tono decidido, ni la manera de hilvanar la conversación hasta la siguiente idea, ni el modo de citar cifras y números. Y, sobre todo, tampoco los delata su historial en el desarrollo de tecnologías: luego de consagrarse campeón mundial de robótica, terminó el colegio y desarrolló la app llamada Háblalo, para personas con discapacidad auditiva, que al día de hoy cuenta con 66.000 usuarios en todo el mundo. "Al terminar la secundaria, quise orientar lo que había aprendido para generar algo que pudiera ayudar a mis amigos sordos, nada más; no era un emprendimiento y mucho menos una empresa", cuenta Mateo Salvatto en el cowork de Palermo, espacio donde, junto a gigantes como Spotify y Airbnb, está instalada la oficina de Háblalo bajo la firma de Asteroid.

Actualmente, Salvatto estudia Analista de Sistemas en la ORT. Foto: Fernando Calzada
Actualmente, Salvatto estudia Analista de Sistemas en la ORT. Foto: Fernando Calzada

Háblalo vio la luz en el año 2017, Mateo tenía 18 años. Desde entonces, el proyecto no paró de crecer. Las razones: es fácil de usar, es gratis y no requiere conexión a internet. El usuario descarga la aplicación –por ahora solo disponible en Android– y puede escribir texto para que el programa lea en voz alta, o bien hablar en voz alta para que el programa transcriba. Se puede llamar a la policía, a los bomberos, o apretar un botón para que la app explique su funcionamiento a alguien no familiarizado.

Al terminar la secundaria, quise orientar lo que había aprendido para generar algo que pudiera ayudar a mis amigos sordos, nada más; no era un emprendimiento y mucho menos una empresa.

Hoy, en 2019, Háblalo está formada por un equipo de ocho personas y tiene múltiples modalidades de uso. Además de la versión gratuita para usuarios particulares, hay versiones para entidades, para educación, para eventos y para empleo. Si una empresa u organización desea facilitar la comunicación con personas sordas o con problemas auditivos, ya sea con empleados o clientes, Háblalo ofrece un servicio pago que se ajusta a sus necesidades. De esa manera, se financian los gastos operativos.

Por ahora, Háblalo está disponible solo en Android. Foto: Fernando Calzada.
Por ahora, Háblalo está disponible solo en Android. Foto: Fernando Calzada.

-¿Cómo nació Háblalo?
-Háblalo nace porque mi mamá es profesora de sordos e intérprete de lenguaje de señas desde hace más de 30 años, por lo cual te podés imaginar que me crié con personas sordas alrededor y, de alguna manera, cuando terminé la secundaria –yo soy técnico electrónico–, quise orientar las herramientas que había adquirido para generar algo que pudiera ayudar a mis amigos sordos gratis y sin internet. Nada más. No era un emprendimiento, y mucho menos una empresa, y empezó así, de a poquito, en enero de 2017. Actualmente, somos una compañía de ocho personas.

Me crié con personas sordas alrededor y, de alguna manera, cuando terminé la secundaria –yo soy técnico electrónico–, quise orientar las herramientas que había adquirido para generar algo que pudiera ayudar a mis amigos sordos gratis y sin internet.

-¿Veías que las personas con problemas auditivos no encontraban soluciones tecnológicas?
-Hay algunos intentos, buenos proyectos a nivel mundial, pero hacía falta algo que fuese 100 por ciento gratuito y estuviera bien armado. Yo lo atribuyo a que la sordera es un problema muy invisible; la mayoría de la gente no la reconoce como una discapacidad. Podés tener una persona al lado y, si nadie te dice que es sorda, no te enterás. Eso, de alguna manera, se traslada a la tecnología: hay un montón de proyectos para distintas discapacidades, pero para la sordera hay muy poquito. Nosotros estamos trabajando mucho para convertir la app en un servicio que permita a las organizaciones comunicarse con personas con discapacidad de forma más fácil. Hoy te pasa que un sordo no puede ir a la comisaría a hacer una denuncia, ni registrarse en la recepción de un espacio de coworking, ni ir a comprar algo a un local de comida rápida, lo cual te demuestra que a la sociedad le falta pensar en esas soluciones. Y no es un público chico, porque en Argentina hay 700.000 sordos, sin contar otras discapacidades. Entonces, tenés un millón o un millón y medio de personas a las que no les estás proveyendo servicios; es como si no existieran, tanto en el sector privado como en el sector público.

-¿Cómo se articula Háblalo con ambos sectores, el público y el privado?
-Nosotros mantenemos gratis la aplicación para las personas, pero les cobramos a las empresas por permitirles comunicarse con estas comunidades. Desde hacer eventos adaptados en los que los sordos puedan participar con su aplicación, hasta que una recepción pueda usar la app para atender a una persona con problemas auditivos. Tenemos varios modelos ya establecidos: Háblalo para las Entidades, Háblalo para Educación, que es para instalar un micrófono en el aula y darle a una institución educativa la posibilidad de hacer una clase adaptada a personas con esta discapacidad para que se lleven un documento de texto editable con lo que dijo el profesor y lo que preguntaron los alumnos, linkeado a qué clase era, qué materia, qué aula, todo. Esos son dos de los servicios. El tercero es Háblalo para el Empleo, con el que capacitamos a toda la organización en general, porque hay organizaciones que ya tienen sordos trabajando dentro pero no los incluyen muy bien. Entonces, se trata de capacitar al resto de los empleados para que aprendan a usar la app y puedan comunicarse con el compañero sordo, y, por otro lado, de capacitar al empleado con problemas auditivos para que pueda usar Háblalo en el entorno de trabajo. Y, si alguien necesita un servicio en particular hecho a medida, también lo hacemos, pero nuestros cuatro servicios establecidos son los que mencioné.

La sordera es un problema muy invisible; la mayoría de gente no la reconoce como una discapacidad. Podés tener una persona al lado y, si nadie te dice que es sorda, no te enterás. De alguna manera, eso se traslada a la tecnología.

-¿Con qué desafíos te encontraste en el camino?
-Con un montón. El más complejo, definitivamente, es que es gratis, y eso implica que no podés pagar nada. Fue muy difícil establecer un equipo porque, al principio, no tenía un peso y no podía pagarle a nadie. No tenemos inversores, es todo nuestro, lo cual está bueno porque somos libres de laburar como queremos, pero, por otra parte, es difícil porque tenemos que poner la plata nosotros. Obviamente, hubo otras complejidades, como establecer un negocio a los 18 años.

-¿Recordás alguna anécdota en la que la juventud fuese un problema?
-Sí, ir a una reunión con algún director corporativo de una compañía y que me mire como: "Pibe, volvé a la primaria". Me han sucedido cosas así; la gente me miraba como diciendo "Sí, está bien, hacé lo que quieras"; yo me lo tomaba en serio y la gente, como una broma. Pero, por suerte, me crucé con muchas personas muy piolas que supieron entender la app, tanto en el sector público como en el privado, y que de a poco van entendiéndola más. Cuesta, más que nada porque en Argentina hacer algo cuesta siempre, por suerte entienden que no queremos vender esto para hacernos ricos: yo ni siquiera cobro un sueldo de acá, ni me importa, porque tengo mi trabajo.

La app está disponible en más de cincuenta países. Foto: Fernando Calzada.
La app está disponible en más de cincuenta países. Foto: Fernando Calzada.

-¿Cuándo fue la primera vez que te diste cuenta de que estaba funcionando?
-Cuando fui a Tucumán y encontré a Andy, una chica con parálisis cerebral, que era asistente de cátedra con Háblalo. Primero, podía rendir todos los exámenes en la facultad con la aplicación, y encima trabajaba de asistente, con parálisis cerebral, usando la aplicación. Ahí fue cuando dije: "Ok, acá estamos haciendo muchas cosas bien, vamos a seguir por este camino". Antes de eso, hubo mensajes de gente de España, de Colombia, que decían: "Mi hijo tiene parálisis cerebral y hoy puede comunicarse bien". Esas fueron las primeras señales también. A nivel corporativo, estamos a punto de cerrar un acuerdo con una compañía grande, que todavía no puedo contar, una empresa bastante grande que va a poner Háblalo en sus locales. Sería la primera gran apuesta del sector privado. Pero ya tuvimos una del sector público, que fue la del Gobierno de la provincia de Buenos Aires, que apostó a instalar Háblalo en todas las dependencias públicas de la provincia para asistir a personas con dificultades auditivas que tengan que hacer trámites.

-Hablando un poco más de vos, tenés un pasado exitoso en la robótica, ¿no?
-Participé de la Liga Nacional de Robótica durante cinco años y fui campeón nacional del Torneo Argentino de Robótica. Gracias a eso, me eligieron junto a un amigo para ir al Mundial a representar al país; era muy difícil y teníamos muy pocas chances de ganar algo, pero ganamos. Fue la primera vez que Argentina ganó el Mundial, en Israel. Yo, en ese momento, ni sospechaba que Háblalo iba a existir, siempre lo pienso como el momento en el que me di cuenta de que podía hacer algo fuera de lo común. Hasta entonces, mi mente estaba en ir a la facu, terminarla, conseguir un buen laburo. Con ese viaje, al ganarles a 40 rusos, 13 yanquis, ucranianos e israelíes, Matías y yo dijimos: "Si logramos hacer esto, seguramente tenemos la capacidad, al menos técnica, para encarar algo más". Ni bien terminé el secundario, dije: "Quiero hacer un proyecto". Y lo hice. Nunca pensé que iba a montar una empresa, mucho menos que iba a monetizar; por suerte, hoy está empezando a monetizar. Actualmente, tengo un equipo sin el cual no existiría, pero antes estuve casi dos años solo.

Argentina es un país muy pionero en temas sociales. Hay muchos países que, en temas de diversidad e inclusión, miran hacia Argentina.

-¿Cómo ves el panorama nacional para realizar este tipo de iniciativas?
-Argentina es un país complejo en todo sentido. Es difícil hacer un emprendimiento por razones que cualquiera que lea esto va a saber, pero yo creo que está bueno encarar un proyecto así en Argentina, porque es un país muy pionero en temas sociales. Hay muchos países que, en temas de diversidad e inclusión, miran hacia Argentina. Si yo lo hubiera encarado en Estados Unidos, habría sido tal vez más complejo establecer esta solución de lo que fue acá. De diez reuniones corporativas, en tres me fue bien, en las restantes siete no hubo mucha atención, pero tres o cuatro me dijeron: "Esto me interesa, me gusta, quiero que la gente con discapacidad pueda venir y sentirse cómoda". Hay un compromiso social que, en otros lugares, no es tan común, al menos en el sector corporativo. Por supuesto, es muy complejo hacer un emprendimiento, no es que yo tenga la clave de nada, pero hay una frase que dice: "Si la empresa funciona en Argentina, funciona en cualquier parte del mundo". Por eso seguimos apostando a Argentina.