En un mundo que necesita imperiosamente encarar la transición energética, nuestro país está en condiciones de contribuir a la descarbonización de la economía. “Argentina cuenta con recursos naturales extraordinarios: algunos de los mejores factores de capacidad eólica del mundo en la Patagonia; radiación solar de clase internacional en el NOA, reservas estratégicas de litio y un enorme potencial para el desarrollo de hidrógeno verde, biomasa y biogás”, señaló, en diálogo con DEF, Martín Pagliaro, ingeniero especializado en el sector y director de la empresa Mercados Renovables SRL.
Sin embargo, matizó, “en un contexto de volatilidad macroeconómica, restricciones cambiarias y alto riesgo país, las pymes argentinas enfrentan enormes barreras para acceder al mercado de capitales”. En ese sentido, recordó que la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) ha venido advirtiendo sobre la escasez de proyectos correctamente estructurados desde el punto de vista financiero y contractual.
“Existe una enorme diferencia entre tener un proyecto técnicamente viable y contar con un proyecto investment ready”, añadió, en referencia a las iniciativas con la madurez operativa, financiera y legal necesaria para recibir financiamiento externo. “Se requiere un ecosistema de contratos sólidos, trazabilidad regulatoria, garantías, mitigación de riesgos, análisis ESG (factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo), off takers (compradores de energía) confiables y modelos financieros auditables”, completó.
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Las oportunidades y los desafíos de las renovables
“De cara al futuro, las energías renovables representan una oportunidad de transformación productiva”, destacó Pagliaro, al tiempo que remarcó que “las tecnologías han reducido drásticamente sus costos, atraen inversión, generan empleo y abren nuevos mercados”. Al respecto, es destacable que, según datos de IRENA, en 2025 el 90 % de los nuevos proyectos de energías renovables en el mundo fueron más económicos que sus alternativas con combustibles fósiles. A modo de ejemplo, según la misma agencia, desde 2010 el coste nivelado de la energía (LCOE, sigla en inglés) de los paneles fotovoltaicos se redujo en un 89% y el de los aerogeneradores terrestres, en un 71%.
Martín Pagliaro señaló que el mundo está abierto a este tipo de inversiones y que existen iniciativas internacionales, como la Plataforma de Financiación para la Aceleración de la Transición Energética (ETAF) y la Plataforma de Inversión Climática (CIP), esta última desarrollada en conjunto con otras instituciones como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo Verde para el Clima. “Europa está buscando proyectos. El capital existe. Lo que falta, muchas veces, es la capacidad para traducir oportunidades en estructuras compatibles con los estándares internacionales de inversión”, observó el experto.
El panorama en Argentina: un potencial aún no explotado totalmente
En nuestro país, desde el programa estatal RenovAR hasta los contratos entre privados dentro del Mercado a Término de Energía Eléctrica de Fuentes Renovables (MATER), se han dado pasos importantes para la incorporación de las renovables a nuestra matriz energética. Actualmente, según datos de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA), la potencia instalada de este tipo de tecnologías asciende a 7850 megavatios y representa el 17 % del total.
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“Si vemos las proyecciones de la demanda de electricidad argentina para el año 2030, la capacidad disponible deberá aumentar en aproximadamente 16.000 megavatios”, explicó Pagliaro, quien es actualmente director de la firma Mercados Renovables SRL, una firma especializada en el desarrollo y la estructuración de proyectos energéticos sustentables. “Esa capacidad puede obtenerse mediante diversas combinaciones de fuentes de energía renovable. Actualmente, existen más de 3000 megavatios que podrían generarse con proyectos listos para su desarrollo en el corto plazo”, detalló.
La pregunta que planteó este especialista es si “nuestro país está dispuesto a crear el marco de incentivos y atractivos suficientes como para que el mercado escale al ritmo que se requiere”. En su opinión, “la arquitectura jurídica y regulatoria debería enfocarse no solo en fomentar la generación renovable intermitente (solar, eólica), sino también en impulsar la producción y el aprovechamiento de la biomasa con fines energéticos”. Al respecto, lamentó que no existan avances en la promulgación de normas reglamentarias para el biogás o el biometano, a los que definió como “primos hermanos de los biocombustibles líquidos”.
Concretamente, expresó que “las señales de los legisladores deberían ir en el sentido de facilitar la inyección de biometano a la red de gasoductos, lo que es técnicamente posible de acuerdo con la normativa vigente”. Sugirió, a modo de ejemplo y tal como sucede con los biocombustibles, el establecimiento de un “corte obligatorio de biometano para mezclar la biomolécula con el gas fósil proveniente de los gasoductos”. Es lo que sucede en Alemania, que inyecta hasta el 10 % de biogás en sus ductos, o en países nórdicos, como Suecia y Finlandia, que apuestan tanto a la inyección en los gasoductos como a la transformación en biogás licuado, intercambiable con el GNL.
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La “democratización” del acceso al financiamiento, la mayor cuenta pendiente
En Argentina, inciden factores macroeconómicos y la ausencia de crédito a largo plazo para gran parte del sector de las pequeñas y medianas empresas, especialmente en proyectos intensivos en capital como los de generación a partir de fuentes renovables y bioenergía. “Esta tipología de proyectos, que suelen tener una tasa de retorno que oscila entre el 10 y el 15 % en el mejor de los casos, plantea soluciones financieras estructuradas en un horizonte tal que debe adecuarse a las exigencias de una inversión importante, con flujos de fondos moderados en el tiempo”, precisó Pagliaro. “Hoy muchas empresas tienen la capacidad técnica y activos estratégicos, pero no poseen estructura financiera; y sin ella, no existe financiamiento posible”, lamentó.
Las dificultades que enfrenta nuestro país también impactan en el mercado de capitales local, donde, en los últimos años, han crecido los instrumentos vinculados a las finanzas sostenibles y los bonos verdes, pero el acceso a ellos sigue siendo limitado para las empresas medianas. “Otros modelos que prácticamente no existen en Argentina, salvo para contados casos como el agro y solo para la adquisición de maquinaria, son el leasing financiero u operativo, muy en boga en Europa”, ejemplificó. Esta alternativa permite a las empresas acceder a tecnologías alimentadas por energía renovable sin tener que hacer una gran inversión inicial, y utilizarlas durante un periodo de tiempo determinado a cambio de pagos periódicos.
“La mayor parte del financiamiento sofisticado sigue concentrado en grandes jugadores. El gran desafío es democratizar el acceso a estructuras financieras profesionales para pymes y desarrolladores regionales”, concluyó.
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