Cómo la India de Modi busca transformarse en una potencia militar autosuficiente

El país más poblado del mundo lleva adelante la “Década de la Transformación” (2023-2032), un plan para dejar de depender de armas extranjeras y convertirse en exportador global de defensa. DEF viajó a la India y accedió a altas autoridades militares y empresas clave del sector

(Enviado especial a India). India tiene un problema estratégico que reconoce en voz alta: es el segundo mayor importador de armas del mundo. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), concentró el 8,3 % de las importaciones globales de armamento entre 2021 y 2025. Para un país que limita con siete naciones –entre ellas, dos potencias nucleares rivales como China y Pakistán–, esa dependencia es una vulnerabilidad que el gobierno de Narendra Modi decidió atacar de raíz.

La respuesta se llama Atmanirbhar Bharat (“India autosuficiente”), un programa lanzado en mayo de 2020 que tiene en la defensa uno de sus pilares centrales. En el terreno militar, la iniciativa se tradujo en lo que el Ejército indio denomina la “Década de la Transformación” (2023-2032), un plan en tres etapas: construcción de cimientos y reformas estructurales (2023-2026), fortalecimiento de capacidades y redes avanzadas (2027-2029), y dominio de espectro completo con operaciones habilitadas por inteligencia artificial (2030-2032). El acrónimo que guía el proceso es JAI: Jointness (conjuntez), Atmanirbharta (autosuficiencia) e Innovation (innovación).

En una reunión con periodistas extranjeros a la que accedió DEF, el entonces vicejefe del Estado Mayor del Ejército (jefe del Comando Este del Ejército de India desde el 1º de abril), el teniente general Pushpendra Pal Singh, lo definió como una “etapa de modernización, indianización e integración”. El objetivo no es solo reemplazar equipamiento importado, sino construir un ecosistema industrial y tecnológico propio. “Tener una manufactura propia da la seguridad de confiar en uno mismo”, resumió, por su parte, un alto oficial de la Armada en otra reunión con periodistas.

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Helicópteros HAL Chetak de la Fuerza Aérea, la versión india del clásico Alouette III francés, fabricados bajo licencia por Hindustan Aeronautics Limited. (Foto: Archivo DEF)

La Operación Sindoor, lanzada en mayo de 2025 contra infraestructura terrorista en Pakistán tras el atentado de Pahalgam, fue presentada por el propio Ejército como un “testimonio de sinergia y cohesión operacional”. Para las Fuerzas Armadas indias, esa operación de 88 horas contra más de 200 objetivos validó en combate real los avances en integración conjunta que impulsa la Década de la Transformación.

El motor del cambio: Estado, sector privado y <i>startups</i>

La “indianización”, concepto que repiten los funcionarios casi como un mantra, no es un lema: tiene herramientas concretas de política pública. Desde 2020, el Ministerio de Defensa publicó cinco Listas de Indigenización Positiva (PIL), que prohíben de forma escalonada la importación de más de 5000 ítems de defensa, desde sensores hasta sistemas de armas complejos.

La plataforma digital Srijan, creada ese mismo año, ofrece a empresas privadas, pymes y startups más de 36.000 ítems para indigenizar. ¿El resultado? Más de 12.300 productos ya fueron reemplazados por versiones nacionales, y el 92 % de los contratos de defensa del último año fiscal se adjudicaron a la industria doméstica.

Ingenieros de Astrome, empresa privada de alta tecnología dedicada a las comunicaciones espaciales, muestran con orgullo un panel del GIGASAT que utiliza la Armada india en sus naves. (Foto: Archivo DEF)

El músculo estatal del proceso lo encarnan empresas como Bharat Electronics Limited (BEL), el gigante de la electrónica de defensa fundado en 1954. DEF visitó sus instalaciones en Bangalore, donde ejecutivos de la compañía aseguraron estar “concentrados en la indianización de la producción”. Los números lo reflejan: el 77 % de su facturación proviene de tecnología indígena, el 80 % de sus radares son de desarrollo propio y destina casi el 10 % de sus ingresos anuales a investigación y desarrollo, con cerca de 2700 ingenieros dedicados. BEL provee toda la electrónica del portaaviones INS Vikrant –el primero construido en India– y es proveedor de firmas como Elbit, Lockheed Martin y Rafael. Su mayor desafío, admitieron, sigue siendo la cadena de suministros de semiconductores y materiales crudos a nivel nacional.

Pero la indianización no se agota en los grandes actores estatales. En 2016, cuando “en India no había cultura de armas entre los civiles ni un sector privado dedicado a eso” –según relataron a DEF directivos de la firma–, nació SSS Defence, hoy la única empresa privada del país con diseños propios en armas livianas, tras invertir más de 50 millones de dólares en I+D. Sus productos son utilizados por fuerzas especiales del Ejército, los Marine Commandos de la Armada y la National Security Guard. La compañía tiene, además, una alianza con la brasileña CBC, segundo productor mundial de munición.

Un tercer estrato lo representan las startups deep tech impulsadas por programas como iDEX (Innovations for Defence Excellence). Astrome Technologies, fundada en 2015 en Bangalore, con apenas un centenar de empleados y dos patentes internacionales, ya firmó un contrato con el Ejército para radios tácticos LAN y fue seleccionada por la agencia espacial para desarrollar un bus satelital completamente indio. NewSpace Research and Technologies, otra empresa que visitó DEF, apuesta por drones de integración multidominio basados en materiales comerciales: un nuevo paradigma que busca combinar bajo costo con alta tecnología.

La paradoja del importador-exportador

Las cifras de exportación muestran un salto notable. El 2 de abril de 2026, el Ministerio de Defensa anunció que las exportaciones alcanzaron un récord de alrededor de 4500 millones de dólares en el ejercicio 2025-26, un crecimiento del 62,66 % respecto al año anterior. En la actualidad, India exporta equipamiento militar a más de 80 países, y la meta oficial del gobierno es superar los 6000 millones de dólares en exportaciones de defensa para 2029.

Sin embargo, no puede obviarse la tensión entre la ambición y la realidad. India sigue siendo el segundo importador global de armas. Las brechas tecnológicas en motores de aviación, sensores avanzados y semiconductores son reconocidas incluso por los propios actores del ecosistema. En BEL, admitieron que los microcomponentes más específicos todavía se compran en el mercado global. La Fuerza Aérea opera un mix de aeronaves de la era soviética, estadounidenses, francesas e indias –un retrato vivo de la dependencia heredada–, aunque trabaja en un programa propio de avión de quinta generación.

Miembros del Ejército posan junto a la variedad de drones que utilizan en operaciones. (Foto: Archivo DEF)

El factor China agrega urgencia. Altos mandos militares confirmaron a DEF que, durante la Operación Sindoor, se detectó flujo de material chino hacia Pakistán. “Tienen una relación fuerte; es un hecho. También coinciden sobre nuestra frontera”, señaló un oficial de alto rango del Ejército. La Fuerza Aérea, por su parte, matizó la amenaza: “Los chinos invierten grandes cantidades, pero hay que ver el paquete entero –que incluye pilotos y mantenimiento– para evaluar seriamente su capacidad de combate”.

El horizonte de la indianización apunta a 2047, cuando India cumplirá cien años de independencia, y aspira a ser lo que el gobierno llama una Viksit Bharat (“India desarrollada”). La Armada ya fijó esa fecha como plazo para diseñar y construir todos sus buques. El Ejército designó 2026 como el “Año de la Red y la Centralidad del Dato” e invierte en tecnología cuántica, inteligencia artificial y operaciones multidominio.

El camino es largo, pero la dirección está marcada: una de las mayores fuerzas militares del planeta está decidida a dejar de ser cliente del mundo para convertirse en su proveedor.

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