
Desde Capital Federal, Quilmes queda aproximadamente a unos 21 kilómetros en auto. Esa misma distancia tendrán que correr el teniente primero Gonzalo Dávila y el sargento ayudante Diego Elizondo, del Ejército Argentino, cuando este domingo les toque participar del Mundial Militar de Media Maratón en Lucerna, Suiza.
Ambos efectivos pertenecen al arma de Infantería y, desde que ingresaron a la Fuerza, saben que en tiempos de conflicto, deberán movilizarse de un punto al otro con sus pies. Por eso, debieron participar de largas marchas a campo traviesa, con mochilas cuyo peso excede los 20 kilos y soportando las inclemencias climáticas. Este domingo, Dávila y Elizondo correrán por ellos mismos, por el país y por el Ejército. Para cumplir con la misión, dependen de sus piernas, su entrenamiento y de su fortaleza mental. Tienen un arma secreta: son soldados fuertes y capacitados para resistir.
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“Es la primera vez que viajo para representar a mi país”
Gonzalo Dávila, tucumano, y Diego Elizondo, sanjuanino, llevan varios meses preparándose para lograr las marcas requeridas por el campeonato Mundial Militar de Media Maratón. Allí, tendrán que competir con integrantes de las Fuerzas Armadas de todo el mundo.
Diego Elizondo tiene experiencia en el ambiente deportivo y está destinado en el departamento de Educación Física del Estado Mayor General del Ejército. En cambio, el teniente primero Gonzalo Dávila comenzó a entrenar con miras a participar de una competencia de estas características tan solo unos años atrás, en el 2017. “Surgió la media maratón a disputarse en Suiza, Diego me contactó y me preguntó si estaba en condiciones de competir. Vio mis marcas y consideró que era necesario representar al Ejército, como forma de fomentar el deporte”, cuenta Gonzalo, en diálogo con DEF.
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En palabras de Elizondo, en este mundial participan militares de diferentes países del mundo. Los hay de otras disciplinas, solo que este está enfocado en la media maratón y lo organizan las Fuerzas Armadas de Suiza. “Para anotarse hay que contar con marcas, así que nosotros compartimos las que obtuvimos en el último año y recién ahí nos pudimos inscribir”, señala. En Lucerna, ellos serán los únicos argentinos que correrán.
“Buscaremos representar a las FF.AA. de la mejor manera”, confesó Diego. “Es la primera vez que se hace este mundial. Y, en mi caso particular, es la primera vez que voy a otro país a representar a mi país, a mi bandera y al Ejército”, añade Gonzalo.
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Militares y deportistas en Argentina
Ambos profesionales, además de correr, cumplen misiones en el marco del Ejército Argentino. “Paralelamente, en mis tiempos libres, entreno. Hay días de calidad, que los hago los miércoles en el CeNARD (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). Trato de no pedir tantos permisos, sino de acomodar una pasión, lo militar, con otra, el atletismo”, dice Dávila.
Elizondo tiene experiencia en el deporte y en las competencias de este estilo. “Después de muchos años de estar en un equipo de pentatlón militar, me dediqué al atletismo. Se me pudo dar porque, además, tenía las condiciones para competir en distintas instancias”.
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Las Fuerzas Armadas argentinas cuentan con personal adiestrado, en términos deportivos. De hecho, en el ámbito castrense existen licenciados y profesores de Educación Física con grado militar. Sin embargo, a diferencia del nuestro, en otros países –incluso en los de la gran mayoría de la región– los militares promueven la participación en este tipo de competencias. Por ejemplo, tienen unidades o escuelas cuyas compañías están enfocadas en una determinada disciplina. Además, muchos de los deportistas se han unido a las instituciones porque estas decidieron entregarles un grado militar. De esa manera, esas Fuerzas cuentan con efectivos dedicados exclusivamente a entrenar, listos para participar de competencias como Juegos Panamericanos, Mundiales o Juegos Olímpicos militares, y estar representados. Aquí, salvo algunas pocas excepciones, primero ingresan a las FF.AA. y luego se enfocan en la disciplina que quieren practicar.

De las marchas de Infantería a correr en Suiza
“Las expectativas son altas. Personalmente tuve en cuenta el calendario de carreras en Buenos Aires y me preparé para todas. Quizá, la marca que quería para los 21 kilómetros –1.15 horas– fue la más fuerte. Probablemente, alguien más preparado logre hacer otros tiempos, pero son estilos de vida distintos al mío”, confiesa Dávila. Elizondo se expresa en esa misma línea, pone el foco en que tanto él como Gonzalo son militares de carrera. Ingresaron al Ejército tras haber cursado en el Colegio Militar de la Nación y en la Escuela de Suboficiales del “Sargento Cabral”.
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En Lucerna, una vez que el juez de partida de la señal, los argentinos deberán correr junto a militares extremadamente preparados. Por ejemplo, cuentan, los de Kenia tienen un excelente nivel. Para prepararse, reciben el apoyo del Ejército apenas ingresan. “De todas maneras, en el Ejército Argentino tenemos efectivos con condiciones”, comenta Diego.
¿Por qué corren?: Expectativas y motivaciones
Una vez que lleguen a Suiza, los deportistas de las Fuerzas Armadas se tomarán unos días para aclimatarse y continuar con los últimos entrenamientos de cara al día de la carrera.
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¿Expectativas?, “Vamos por amor a la Institución. Ojalá quede demostrado el esfuerzo, porque se vienen los Juegos Olímpicos militares”, responde Elizondo. En ese sentido, Dávila explica que los Olímpicos son la máxima instancia para un atleta. Para llegar a clasificar, probablemente necesiten mayor dedicación, sin embargo, no dejarán de intentarlo.
Al escuchar a su compañero, Elizondo menciona que la Fuerza cuenta con excelentes entrenadores y profesores de educación física que están en capacidad de concretar, por ejemplo, una escuadra de atletismo.
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“La cabeza también corre”: ¿Por qué la mente puede jugarles en contra?
“El militar tiene disciplina. Uno puede tener una motivación, pero esta puede durar días, semanas o un mes. Además, la mentalidad del corredor se trabaja mucho en el Ejército, más en la Infantería, porque marchás, cargás una mochila, combatís, vas a tiro y volvés a marchar. A mí eso me sirvió, por ejemplo, en la carrera de 21 km: lograr llevar un ritmo sostenido, conseguir la marca, sin dejarse tentar porque la cabeza juega en contra”, insiste Gonzalo. En ese sentido, ambos coinciden en que el deportista debe atravesar momentos bisagra y a veces el cansancio los lleva a bajar la guardia y a abandonar el entrenamiento. Ellos, como militares, saben que la clave radica en la disciplina y tener constancia para lograr el objetivo.
“La formación militar te hace tener ese temple para aguantar en los momentos más difíciles del entrenamiento y ahí es cuando uno saca una pequeña ventaja del resto”, confiesa Elizondo.
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Ambos cuentan que todo influye en el entrenamiento y en una carrera, ya sea un problema de tránsito o algún conflicto con un amigo. Además, reconocen, “la cabeza también corre, y lo hace, incluso, más rápido que las piernas”. Por eso, para el atleta, es fundamental la asistencia psicológica. “En el CeNARD ellos te dicen que es fundamental poder visualizarse alcanzando un logro. Cuando uno se ve, muchas veces se concreta. Eso sucede en la vida, no solo en el deporte. Y si no se da, hay que continuar trabajando porque el fracaso es el inicio para lograr el éxito”, añade Elizondo.
Un pacto con amigos, un futuro incierto y una carrera que lo llevó a la meta
Diego Elizondo tiene 40 años y es papá de un hijo de 14. Ingresó al Ejército con tan solo 15 años: era parte de un grupo de amigos y, uno de ellos, comenzó a prepararse físicamente para entrar a la Fuerza. Los tentó y se pusieron de acuerdo para ingresar juntos.
“En lo personal logré muchísimas cosas. Competí en varias maratones a nivel mundial y estuve cerca de clasificar para los Juegos Olímpicos. A nivel militar, hice pentatlón y participé en distintas competencias. Estoy orgulloso y considero que todo esto es gracias al Ejército”, cuenta, y agrega: “Imagínate que yo entré a los 15 años. Desde el primer momento me ordenaron ir al equipo de pentatlón. Por eso digo que hay profesionales y buenos entrenadores, ellos fueron los que me guiaron. El que descubrió mi talento es el Ejército. Insisto en que tenemos todo para entrenarnos, porque cuando me rompí los meniscos me tuvieron que operar en el Hospital Militar Central y quedé excelente. Sin la Fuerza yo no hubiese podido lograr nada. Por ejemplo, ahora me encuentro destinado en San Juan para poder entrenar en altura”. Durante el diálogo, el sargento ayudante explica que debió trasladarse porque los deportistas de alto rendimiento requieren del entrenamiento en altura para poder acumular glóbulos rojos.
Luego de Suiza, Diego espera poder clasificar para los Olímpicos, por eso insiste en su entrenamiento. Mientras tanto, continúa con su trabajo y, paralelamente, encara otros proyectos: está estudiando para convertirse en profesor de economía y creó, junto a otros atletas, una asociación sin fines de lucro para apoyar a los deportistas que, si bien tienen condiciones, no cuentan con los medios para poder entrenar y perfeccionarse.

“Cumplí tres sueños: ser paracaidista, participar de una misión de paz y poder representar a mi país en un mundial”
El teniente primero Gonzalo Dávila tiene 35 años. Ingresó a la Fuerza a los 22 años y desde entonces estuvo destinado a lo largo y ancho del país. “Mi papá es militar, creo que eso fue lo que me llevó a tomar la decisión de ingresar. El Colegio Militar me gustó muchísimo y es una de las pocas experiencias de mi vida que repetiría. Allí se conocen hermanos, soldados, que son los hombres y mujeres del Ejército”, cuenta, y añade: “Logré todo lo que me propuse militarmente. Ya cumplí tres sueños: ser paracaidista, participar de una misión de paz y representar a mi país y a la Fuerza en una competencia”.
“Soy un agradecido. En cuanto al atletismo, logré marcas que jamás hubiese pensado, porque comencé a correr en el año 2017. Al entrenar en el CeNARD pegué el salto a otra categoría”, relata, al tiempo que enfatiza que el entrenamiento militar fue clave a la hora de dedicarse al atletismo, porque en el ámbito castrense los preparan para la incertidumbre del combate.
Este viernes Gonzalo y Diego ingresarán a la Unidad militar que los alojará en Lucerna. El sábado participarán de una parada militar, con el uniforme del Ejército, y finalmente el domingo cumplirán un objetivo personal inolvidable compitiendo en representación de las Fuerzas Armadas y la República Argentina.
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