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La tierra, la lengua y la identidad: Sebastiano Mauri vuelve a la Argentina de su madre para participar del Filba

El autor de “La nueva tierra” y “Disfruta del problema” estará en el festival literario para presentar su obra y dictar un taller de escritura sobre cómo convertir experiencias personales en ficción

Sebastiano Mauri vuelve a la Argentina de su madre con una novela sobre la selva y el desarraigo

Buenos Aires no es para Sebastiano Mauri una ciudad de paso. Hijo de madre argentina, dice que viene al país “de toda la vida” y ubica parte de su historia familiar entre la capital y el campo entrerriano. En junio de 2025 regresó para presentar en la librería Eterna Cadencia la edición local de La nueva tierra, publicada por Adriana Hidalgo. El escritor, artista visual y director italiano llegará ahora a FILBA con una obra que hace de la identidad, los viajes y las herencias familiares su materia narrativa.

La circunstancia tiene una tensión que Mauri reconoce. Argentina pertenece a su historia íntima, pero no es la lengua en la que escribe. Aprendió castellano a los 12 años y ha explicado que el italiano sigue siendo su casa literaria. Esa distancia no lo deja afuera del país de su madre: le permite mirar desde un borde, con una pertenencia afectiva que no se traduce de manera automática en idioma.

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En su vida hay varias ciudades, varios oficios y una pregunta que vuelve bajo distintas formas. Nació en Milán en 1972, estudió cine en Nueva York, trabajó como artista visual, dirigió una película y publicó novelas y ensayos. Pero el currículo, en este caso, apenas ordena una experiencia más compleja: la de alguien que pasó de una cultura a otra y que convirtió esa inestabilidad en asunto de sus libros.

"La Nueva Tierra", escrita por Sebastiano Mauri y publicada por Adriana Hidalgo Editora (Imagen Ilustrativa Infobae)

La familia materna de Mauri es argentina y la paterna, italiana. En una entrevista concedida a Página/12 a propósito de La nueva tierra, describió su mapa familiar como un triángulo entre Milán, Buenos Aires, Nueva York y el campo de Entre Ríos. No se trata de un dato menor para leer su obra. El sentimiento de no encajar, la dificultad de fijar un origen único y la necesidad de inventar una pertenencia aparecen en sus personajes y en su propio recorrido.

La Argentina también forma parte de su historia por otra vía. Su padre, Achille Mauri, fue escritor, guionista, productor cinematográfico y presidente del grupo editorial Messaggerie Italiane. Entre las películas que produjo figura Garage Olimpo, de Marco Bechis, una ficción central del cine sobre la última dictadura argentina. El dato no convierte a Sebastiano Mauri en heredero estético de esa película, pero suma otro hilo argentino a una biografía que reúne arte, literatura y cine.

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La publicación de La nueva tierra en castellano tuvo, por eso, un sentido que excedió la llegada a un nuevo mercado editorial. Mauri señaló a Infobae que la edición argentina de la novela era una evolución natural por tratarse del país de su madre y de toda esa rama familiar. La editorial Adriana Hidalgo ya había publicado en Buenos Aires su primera novela, Disfruta el problema, aparecida originalmente en Italia en 2012.

El deseo y la familia atraviesan los libros de Mauri

En 2014, Mauri viajó al corazón de la Amazonia para visitar a una prima que se encontraba allí filmando Icaros: A Vision. La experiencia incluyó ceremonias tradicionales con ayahuasca, una decocción psicoactiva empleada desde hace siglos en distintos contextos indígenas de la cuenca amazónica. Aquel viaje se convirtió, años después, en el núcleo de La nueva tierra.

La novela sigue a Leone Amoedo, un hombre que llega a la selva por una invitación familiar y se enfrenta a una experiencia que pone en crisis su percepción de sí mismo. El libro no presenta el viaje como una excursión espiritual libre de contradicciones. El protagonista entra en un territorio que desconoce, con sus prejuicios y sus miedos, y debe aceptar que algunas transformaciones no responden a la voluntad ni se acomodan a un relato ordenado.

Mauri ha dicho que el hilo conductor de su producción es la identidad. Esa afirmación permite leer La nueva tierra más allá de la curiosidad que pueda despertar la ayahuasca. El centro del relato es un hombre cuya vida cotidiana pierde estabilidad. La selva, las ceremonias y el contacto con un mundo ajeno funcionan como condiciones de esa fractura, no como una promesa de salvación.

Portada de "Disfruta el problema"

En la Argentina, donde la Amazonia suele aparecer de manera abstracta en las conversaciones sobre ambiente, pueblos indígenas o extractivismo, la novela puede abrir una discusión sobre los límites de la mirada urbana. También exige cuidado: la experiencia amazónica de un visitante europeo no equivale a los saberes ni a las prácticas de las comunidades que habitan esos territorios. La ficción de Mauri parte de ese desajuste y del desconcierto de quien llega desde afuera.

Antes de La nueva tierra, Mauri publicó Disfruta el problema, una novela centrada en el reconocimiento de la propia homosexualidad y sus efectos en los vínculos familiares y sociales. En 2015 editó Il giorno più felice della mia vita, un ensayo sobre el matrimonio igualitario y la persistencia de resistencias en Italia.

En esas obras, el deseo no aparece aislado de las estructuras que lo condicionan. La familia, la religión, las expectativas sociales y los mandatos de masculinidad forman parte del escenario en el que se construye una identidad. Mauri contó que supo desde muy chico que era gay y vinculó esa experiencia con una sensación persistente de no pertenecer por completo a ninguna parte.

“La nueva tierra” nació de un viaje que alteró sus certezas

Su obra no se limita, sin embargo, a una escritura de afirmación identitaria. Los libros insisten en los cambios de perspectiva, en los momentos en que una vida conocida deja de alcanzar y en la dificultad de contar aquello que todavía no tiene nombre. Esa búsqueda se relaciona con su recorrido artístico: Mauri produjo pinturas, fotografías, esculturas, dibujos, videos e instalaciones antes de publicar sus libros.

En el cine dirigió Favola, adaptación de la obra teatral homónima escrita y protagonizada por Filippo Timi. La película, una comedia negra ambientada en una versión artificial de la vida doméstica estadounidense de los años cincuenta, obtuvo el Premio Flaiano Opera Prima. Allí también aparece una pregunta por los modelos sociales que definen qué cuerpos, familias y deseos son considerados aceptables.

La visita de Mauri coincide con la 18.ª edición del Festival Internacional de Literatura FILBA, que se realizará en Buenos Aires del 30 de septiembre al 4 de octubre. El eje de este año, “Hábitat”, propone pensar los modos de habitar una ciudad, un territorio, una lengua y una comunidad. En la obra de Mauri, esas preguntas no son un tema agregado: atraviesan tanto su biografía como sus personajes.

FILBA lo recibirá con un taller sobre cómo narrar la propia vida

Además de participar de la programación internacional, dictará el taller “Arquitectura personal”, dedicado a trabajar con materiales autobiográficos y a convertirlos en narrativa. La propuesta evita una equivalencia simple entre vida y literatura. Un recuerdo, una experiencia familiar o un viaje no constituyen por sí solos un texto: requieren selección, distancia, ritmo, escenas y una voz capaz de volverlos legibles para otros.

Ahí puede estar uno de los puntos de contacto más fuertes con los lectores argentinos. La tradición local cuenta con diarios, memorias, relatos de familia, autoficciones y novelas de aprendizaje. Mauri llega con una experiencia que toca esos géneros desde una lengua distinta y con una historia dividida entre Italia y Argentina.

El taller será también una oportunidad para escuchar cómo un escritor que siente al país como parte de su vida, pero que escribe en italiano, piensa la relación entre origen y lenguaje. Esa separación, lejos de ser un obstáculo, parece sostener el movimiento de su obra: volver a una tierra conocida, reconocerla como propia y, al mismo tiempo, contarla desde una distancia que nunca termina de desaparecer.

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