“Muchos autores intentan describir directamente con palabras la totalidad de la existencia humana, pero eso es extremadamente difícil y puede convertirse con facilidad en un callejón sin salida”, dice el escritor japonés Haruki Murakami. “Yo prefiero transformarla primero en una historia. Creo que, de ese modo, es posible comprender un poco mejor qué significa existir como ser humano”.
Haruki Murakami publicó el viernes The Tale of Kaho (literalmente, “La historia de Kaho”), su primera novela en alrededor de tres años. La obra de 352 páginas llegó como una pieza surrealista poblada por seres de otro mundo, donde se mezclaron lo real y lo irreal.
El lanzamiento sumó un dato de producción literaria que reordenó su bibliografía: por primera vez, Murakami escribió una novela de largo aliento con una mujer como única protagonista. Kaho, una autora de libros ilustrados, maduró al enfrentar el vínculo con su madre, en un relato que llevó al centro una relación familiar que el escritor dijo no haber abordado con comodidad antes.
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El propio autor enmarcó el proyecto desde la voz del personaje. “Kaho, autora de libros ilustrados, es una joven común y corriente. Pero empiezan a suceder cosas realmente extrañas a su alrededor”, comentó Murakami en un mensaje publicado en la web de la editorial Shinchosha.
La editorial también anticipó el recorrido internacional del título: el trabajo llegará traducido en español en la primavera de 2027.
La novela de Murakami con una protagonista única
The Tale of Kaho siguió a Kaho, una autora de 26 años, en un trayecto donde lo cotidiano se contaminó de criaturas y hechos de otra lógica. En el mundo de la novela aparecieron, entre otros, un oso hormiguero de la jungla, un jaguar y una termita, elementos que Murakami explicó como motores de avance del relato.
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En un pasaje clave de su construcción, Kaho mató a un jaguar que poseyó al dueño de una casa de cuchillos y a una reina termita que tomó el cuerpo de su madre. Murakami planteó en una entrevista con Kyodo News que ese tránsito funcionó como un cruce entre planos más que como un crimen: “Hay muertes en esta novela, pero no hay ‘asesinato’. Kaho apuñala a su madre con un cuchillo, pero, en un plano más profundo, lo que intenta matar es algo que lleva dentro de sí. A través de ese acto, madura como persona. El acto de matar también tiene un significado simbólico: el del renacimiento”.
La decisión de escribir desde el punto de vista de una mujer apareció como un movimiento orgánico dentro del proceso, pero con exigencias concretas en la ejecución. “Mientras escribía, la relación entre madre e hija se volvió el centro de la historia y retratarla de manera vívida y auténtica resultó lo más difícil”, dijo el autor al medio japonés. En ese mismo tramo, agregó que no escribió mucho sobre vínculos familiares y que nunca se sintió particularmente cómodo en este tema, aunque esta vez se propuso encararlo “como correspondía”.
El método: de un cuento de 2024 a una novela de 352 páginas
La génesis del libro no partió de un plan cerrado. Según relató Murakami a Kyodo News, la historia nació como un cuento corto escrito para un evento de lectura en 2024. La primera escena se apoya en un impacto verbal: un hombre extraño le dice a Kaho que es la primera vez que sale con “una mujer tan fea” como ella. Esa secuencia, explicó, se expandió hasta convertirse en un texto de 40 páginas y luego dio lugar a una continuación, nacida de la pregunta recurrente de los lectores sobre qué venía después.
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Murakami describió el armado del texto como una serie de segmentos conectados con soltura: terminaba una parte, dejaba pasar un tiempo, imaginaba la siguiente y la sumaba, con algunos ajustes al final. Dijo que le resultó llamativo encontrar pocas contradicciones internas y que la trama no se desvió hacia direcciones extrañas pese a ese modo de ensamblaje.
La novela también representó el proceso creativo de su protagonista como autora de libros ilustrados. En esa capa, Murakami explicó que la historia de Kaho y la historia que ella escribía “se comunicaron” y se estimularon mutuamente. “Fue muy divertido escribirla”, afirmó, y sostuvo que el relato avanzó con tal velocidad que casi no hubo momentos de duda prolongada.
Lo que es y lo que no es una buena historia
Murakami volvió a definir un objetivo técnico que sostuvo su prosa: escribir lo irreal con un estilo realista. En la entrevista explicó que, para representar lo irreal de manera completa, “hay que apretar los tornillos del estilo realista” hasta volver la escritura “sólida y precisa”. Su regla, dijo, fue trabajar con una historia compleja sin recurrir a una prosa recargada, porque ese tipo de escritura ralentizó el flujo narrativo.
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Dentro del propio argumento, Kaho decidió seguir escribiendo guiada por un gato llamado Scarlett Johansson, un personaje creado dentro de una de sus historias. Murakami trasladó ese mecanismo a su práctica: “No podés escribir si no confiás en tu guía”, dijo, y describió dos etapas: encontrarla y luego seguirla con toda la fuerza, con concentración y resistencia.
¿Qué es una buena historia? Murakami no tiene miedo en responder: “Creo que una buena historia es aquella que atrapa por completo al lector. A través de esa experiencia, las personas cambian, aunque sea un poco. Eso es lo importante. Por buena que una historia parezca, si no tiene esa fuerza que impulsa al lector, no creo que pueda considerarse verdaderamente una buena historia".
La internación, la recuperación y el giro hacia un cierre
Murakami contó que se enfermó y fue hospitalizado mientras escribía la novela. Evitó detallar el cuadro clínico, pero afirmó que fue la primera vez que estuvo internado, que perdió 17 kilos, que casi no podía caminar y que hasta se le apagó el deseo de escribir. Dijo que llegó a preguntarse si podría volver a hacer algo valioso y si escribiría otra vez.
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Tras el alta, relató que recuperó el peso y con eso volvió el impulso: se encontró con ganas de escribir y dijo que esa sensación lo hizo “increíblemente feliz”. En esa misma línea, explicó un cambio de preferencia en el tipo de final: en el pasado le interesaron historias que terminaban en una absurdidad sin resolver, pero en esta ocasión quiso darle una conclusión y dejar al lector con la sensación de que el siguiente paso estaba por delante.
Escribir, dijo Murakami, no es fácil: “Hay que bajar al sótano, encontrar allí algo y luego traerlo de vuelta a la superficie. Es peligroso, y también es algo que se puede fingir. Pero, si uno no desciende hasta esa oscuridad más profunda, no puede crear una historia auténtica".
En el mensaje difundido por Shinchosha, el autor resumió su decisión de trabajar desde la identificación con la protagonista: “Escribí esta novela poniéndome en su lugar”, dijo, sobre Kaho.
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