Don Segundo Sombra cumple 100 años y, en La separación, Martín Kohan retoma a su autor, Ricardo Güiraldes, le da protagonismo a San Antonio de Areco, enlazándose así con la tradición de la literatura argentina que alguna vez vio al campo como “desierto”, para convertirlo luego en sede de la literatura gauchesca.

Don Segundo Sombra
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¿Cómo sucede esto, si la novela La separación transcurre en esta época, y el protagonista es un abogado que viaja desde Retiro, en un micro, hasta Córdoba, para visitar a su hermano, recién separado de su mujer? Antes de responder esta pregunta recordemos que, así como Borges recuperó al compadrito cuando ya estaba en extinción, Güiraldes, a través de su novela Don Segundo Sombra, elabora una elegía campera cuando el gaucho había dejado lugar al peón rural, dando cierre o corolario a la literatura gauchesca.
En el libro hay dos protagonistas principales, Fabio Cáceres, un díscolo adolescente, que vive en San Antonio de Areco, y que se inicia en las tareas gauchescas de la mano de Don Segundo Sombra, personaje inspirado en el peón rural Segundo Ramírez, que vivía en el pueblo, y que era oriundo de Santa Fe. Ricardo Güiraldes le dedicó su novela con las palabras: “A usted, Don Segundo…” y agregó, en la dedicatoria, “…a mis amigos domadores y reseros (…) a los paisanos de mis pagos. A los que no conozco y están en el alma de este libro. Al gaucho que llevo en mí, sacramente, como la custodia lleva la hostia”.
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La novela comienza en San Antonio de Areco, ciudad que está dedicando actividades a la efemérides organizadas por el Municipio, la Universidad Nacional de San Antonio de Areco, y por varias instituciones y asociaciones comunitarias.
En cuanto a la novela de Martin Kohan, un primer paralelismo es que también se trata de una novela de viaje, en la primera parte “La ida” (sí, como en el Martín Fierro, hay una ida y una vuelta), cada capítulo está dedicado a una parada del micro que lleva al protagonista desde Retiro a Córdoba. Por otra parte, el territorio se percibe de una manera especial ya que, desde un principio, se trasluce la voz del crítico literario que domina la literatura argentina del siglo XIX, una literatura que homologó la pampa al desierto cuando leemos: “Al campo lo percibimos, e incluso, llegado el caso, lo apreciamos, ante todo por lo que le falta (lo que tiene: el mucho cielo, el mucho espacio, el aire bueno, la infinitud, todo está hecho con lo que le falta).”
Claro que el viaje en micro, con sus paradas obligatorias, sus rutas bien marcadas, dista del viaje del resero, del domador, del gaucho a caballo, celebrados por Güiraldes. En efecto, cuando Fernando, el protagonista de la novela de Kohan, llega a San Antonio de Areco, poco sabe del lugar: “¿No es un pueblo de gauchos, Areco?”, pregunta alguien. Él mira por la ventanilla: “Gauchos a la vista no había. Pero sí un caballo, a lo lejos, tal vez mascando.”
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Se ha dicho que La separación es “una novela de viaje: porque todo desamor inevitablemente lo es. El viaje hacia una nueva criatura, la que nace de las cenizas de la relación” (Babelia, El País, Andrés Barba). También es una novela sobre la lectura. Sí, porque “la chica de Areco” que se sienta al lado de Fernando es lectora, un tipo de lectora que Kohan conoce bien, alguien que lee “muy concentrada, casi inmóvil” y que, “cada tanto con la resolución de las decisiones sin alternativa, acometía lápiz en mano los bordes del texto leído, los marcaba algo anotaba. Se había ausentado del todo; del micro, de la noche entera, del viaje mismo”.
Cuando habla con “la chica de Areco”, en unas de las paradas, Fernando se entera de detalles del pueblo: “Mencionó además, puede que con un matiz de ironía, que el pueblo ha devenido algo así como una sede de la tradición gauchesca (…) Y que todo eso tiene que ver con Ricardo Güiraldes, el autor de Don Segundo Sombra, y con Don Segundo Sombra mismo, que se llamaba Segundo Ramírez, y que en el cementerio de Areco está enterrado Güiraldes, y que no lejos de su tumba está enterrado don Segundo”.
Algo queda picando en el aire. Cuando Fernando llega a Traslasierra se ocupa de su hermano, de su separación; en todo momento, piensa en su propia pareja, que ha quedado en Buenos Aires. Pero también, en un café, encuentra un libro que lo conecta con “la chica de Areco”, es Genio y figura de Ricardo Güiraldes, de Ivonne Bordelois. Desfilan entonces por la novela episodios clave de la vida de Ricardo Güiraldes, de su mujer, Adelina del Carril; se menciona a Victoria Ocampo, que los fotografía en su casa de San Isidro.
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En unas páginas de la novela se relata parte de la vida de Güiraldes, y hay un detenerse con morosidad en el final, en la muerte que, podría aventurarse, así como el desamor, así como el viaje, es otra de las separaciones posibles: “El 5 de octubre reciben la noticia: le han concedido a Güiraldes el Premio Nacional de Literatura. Se lo han dado por Don Segundo Sombra. Le quedan tres días de vida”. Güiraldes está en París, lo acompaña Adelina, también “dos paisanos de Areco, criados en la estancia La Porteña”. Percibiendo su próximo final, Güiraldes le pide a uno de ellos un whisky: “Necesito entrar sereno al infinito”, explica. También pide que lo afeiten: “Quiero estar dispuesto para la circunstancia”. Qué decir, Martín Kohan, lo mismo que muchos especialistas en Güiraldes, destaca su entereza final.
La separación no es solo la novela del desamor, del viaje que separa, o de la búsqueda de sí mismo que sucede en el transcurso; es la novela del encuentro con la posibilidad de un nuevo comienzo. Y un nuevo comienzo es solo posible separándose de lo anterior. El protagonista de Kohan lo entreve, cuando emprende “La vuelta”, y allí está Areco, parada obligatoria en ese viaje de regreso.
Don Segundo Sombra termina con una de las frases más célebres de la Literatura Argentina: “di vuelta a mi caballo y, lentamente, me fui para las casas. Me fui, como quien se desangra”. Fabio Cáceres se separa de su mentor, Don Segundo Sombra. En La separación, Fernando también se distancia, y lo hace, como Cáceres, porque hay un nuevo comienzo.
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