Son semanas intensas, a veces hacerse un rato para leer parece una utopía. Sin embargo, cuando eso ocurre se festeja: el reencuentro con uno mismo y, a la vez, con ideas y experiencias que pueden ser remotas. Un placer que siempre es lento y deja huella.

Te he prometido una tesis sobre Leo Dan
eBook
Gratis
Esta vez hablaremos de La separación, la última novela de Martín Kohan; de Sobrenatural, un hermoso libro de ilustraciones y textos para leer con los chicos y de Te he prometido una tesis sobre Leo Dan, un ensayo breve de Pablo Alabarces que Infobae Ediciones publicó como un ebook gratuito y que va mucho más allá de la figura del autor de “Libre, solterito y sin nadie” (Como yo no estoy ni comprometido ni casado ni nada...)
Allá vamos.
1) “La separación”, de Martín Kohan
Hay algo incómodo en que la última novela de Martín Kohan esté dedicada “A Alexandra”. Alexandra, se sabe, es la psiconalista Alexandra Kohan, su mujer. Y el libro, bueno, arranca cuando un hombre se sube a un micro y ella queda abajo saludando.
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No se ha subido tranquilo. Él mira la mano levantada de su esposa y se pregunta: "¿Qué tenía que entender en ese gesto? ¿Que me detenía, para que me quedara, o que me despedía, para que me fuera?“. La ve triste, algo pasa: “Yo la miraba desde el micro sin saber (y sin saber si ella sabía) qué de todo la ponía triste: si el hecho previsto de que me iba o si el deseo inesperado de que me fuera”. Quizás ella no lamenta la partida, piensa. Quizás espera esos días sin él. Ella lo mira irse, él la mira mirarlo. Así se despiden.
Más incómoda se hace la dedicatoria, todavía, cuando se sabe adónde va el viajero. Va a Traslasierra a pasar unos días con su hermano que se acaba de separar. Va por eso: porque se separó y no se quería separar, porque sigue enamorado, porque no entiende. ¿El narrador va hacia su futuro? Cruzará, cuando cruce la sierra, desde el lugar de los casados al de los abandonados?
Toda la primera parte de la novela, que está dividida en tres, es narrada en primera persona. Y cuando el micro sale de la terminal de Retiro empieza quizás lo más original y lo más entrañable de este libro: un recorrido lento por ese viaje, con los detalles que puede ver un pasajero: “Lo que ocurre a los costados de la Panamericana no transmite sensación de suburbio; es distinto, en este sentido, a lo que pasa en el acceso oeste, a lo que pasa en el acceso sudeste”.
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Este pasajero, encima, no se tomó el rápido, el que va de punto a punto como si fuera un avión, casi desconociendo su naturaleza de ómnibus, sino todo lo contrario. Va, vamos, en el lento. Parando en todas. Hay camino,hay pueblos, hay otros. Hay oscuridad, luces, humedad en el pasto al lado de la ruta. Los que amamos andar por los caminos disfrutamos viajes así y, también, una narración así." Un tinglado, un bar desierto, viejos charcos, varios perros“, ve en una parada. Esas cosas de viajar.
La primera parte está dividida con los hombres de las paradas -El Talar, Areco, así- y contada en primera persona. La segunda empezará cuando llegue, se llama “Diario de La Paz”, está narrada en segunda persona y separada en día: desde el martes hasta el lunes siguiente.
Van a pasar cosas en esos días. En el marco del dolor hondísimo del hermano, un dolor que no hay cómo no ver como un espejo temido, un espejo en potencial: no ocurrió la separación del protagonista pero la teme. (Encima, el libro se llama así y está dedicado a la mujer del autor).
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No es gratis, sin embargo, una semana tras la sierra, del otro lado. El protagonista va a escuchar, va a andar solo por ahí, va a hablar. “Esto nos va a venir bien”, le había escrito su mujer a poco de arrancar. Hacia la mitad del libro, uno diría que tiene razón.
La vuelta -Kohan es metódico- está escrita en tercera persona y arranca con una reflexión: “El viaje augura un tiempo plano, liso, estable, incluso, por qué no, monocorde: el tiempo en el que nada habrá de pasar”. Sin embargo, podría pensarse que esta afirmación está en contradicción con esa tercera persona elegida: este es el tiempo que cuenta desde afuera, si en primera persona se temía, en tercera se debería actuar.
Así subimos: esperando a ver qué pasa. Los mil mínimos “qué pasa” de otro viaje lento pero donde alguna modesta peripecia habrá. La esposa ha anunciado que estará ahí, con su manito alzada, en el andén. Veremos.
2) “Sobrenatural”, de Cecilia Blanco y Chanti
Vale la pena conseguirse un chico como excusa para leer Sobrenatural, una delicia de la narradora Cecilia Blanco y el dibujante Chanti. Vale la pena pero si no lo consigue, le aseguro: hay cosas que un adulto disfrutará incluso más solo.
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El libro se hizo, dicen los autores, al revés. Chanti -el autor de ese exitazo que fue Mayor y menor- le madaba un dibujo a Blanco y, a partir de eso, ella creaba la historia. O, mejor, las historias. Son muchos dibujos, muchos relatos brevísimos.
Hay un dios de los patos, en una especie de lagunita que está arriba de una nube. Hay un árbol que se tuerce sobre sí mismo y queda -tiene cara- mirando al hombre que descansa en él. Hay un pastor de nubes, con su perro y su cayado hacia el cielo. Una cachorra de rinoceronte que apoya su cuerno en la luna porque, ay, perdió algo irreemplazable.
Tuve ganas de llorar con este librito y tuve ganas de más, pasé las páginas suavemente, como lo merece, y las pasé rápido, porque quería esa emoción otra vez.
Me tomo el atrevimiento de copiar un dibujo y transcribir su texto. Disfruten.
—¿Me ayudas con el volcán, que no enciende? —dice la madre.
—Sí —contesta el hijo.
—Y cuando termines, ¿podrías enderezar ese arroyo, que está mojando todo?
—Está bien...
—¡Ah, y no te olvides de triturar piedras para tu clase de mañana!
—¡Uf! Sí, sí.
—Y a la noche, ¿podrías ayudarme a cambiar la luna, que hace mucho que está llena?
—Bueno, haré todo lo que me pides —dice el hijo—, pero, después, ¿puedo ir a jugar?
3) “Te he prometido una tesis sobre Leo Dan”, de Pablo Alabarces
Te he prometido una tesis sobre Leo Dan, de Pablo Alabarces, parte de una pregunta lanzada casi como provocación en una clase universitaria: ¿por qué nadie escribió un trabajo académico sobre el cantante santiagueño? La muerte de Leo Dan —ocurrida el 1° de enero de 2025 en Miami— le da a este ensayo su punto de arranque mientras señala el silencio de la academia frente a uno de los más populares cantantes latinoamericanos.
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El libro traza un mapa que incluye a Leonardo Favio, Palito Ortega, Juan Gabriel y Karol G, entre otros. Alabarces -sociólogo, investigador del CONICET y autor de Pospopulares- sostiene que la llamada “música para planchar” no es un dato menor de la cultura latinoamericana sino una huella de la educación sentimental de millones de personas que las ciencias sociales prefirieron ignorar. El propio Favio lo había dicho en 1997, al recordar un consejo que le dio Dan: “Leo me dijo que yo me había olvidado de cómo habla la gente y lo que siente el pueblo”.
El ensayo despliega su argumento más agudo cuando propone el concepto de plebeyización cultural: ese proceso por el cual las clases medias y altas se apropian de bienes populares. El autor lee la operación como un movimiento más bien conservador. “La cultura parece reconocer la democracia simbólica en el mismo y exacto momento en que ratifica la peor desigualdad material”, escribe Alabarces. La edición -publicada por Infobae Ediciones en formato digital y de descarga gratuita- es breve y de escritura ágil, sin renunciar al aparato teórico que sostiene cada afirmación.
El libro cierra con una apuesta política: “No hay cultura democrática —no hay horizonte igualitario— sin el deseo de la sociedad sin clases”.